Carta a un gamusino LGTB adolescente

Querido gamusino de 2003,

Sé cómo te sientes, así que vamos directos con las buenas noticias. El instituto es una mierda, sí, pero no es la vida real. A la mayoría de gente que hay ahí no les vas a volver a ver.

El instituto no es representativo de nada. En cuanto salgas de ahí vas a empezar a conocer un montón de gente nueva. Te atreverás a decir lo que eres en voz alta y ¿sabes? no pasará nada. Al principio sentirás la necesidad de decírselo a todo el mundo. Después, simplemente será algo natural. Y quizás sea porque tienes suerte, pero nadie se va a tomar mal que seas gay. En serio. Ni en la familia, ni en los amigos nuevos, ni en los amigos anteriores, ni en el trabajo. Hay mucha homofobia por ahí, pero vas a tener suerte y no te va a afectar a ti en primera persona.

El país también va a cambiar. No te lo creerás, pero en muy poco tiempo va a dar un cambio tremendo. Sé que ahora te sonará a ciencia ficción, pero en apenas dos años el matrimonio igualitario va a ser legalizado: todo el mundo podrá casarse con la persona a la que ama. Te vas a sentir orgulloso de ser español. Ah, y el PP va a estar en contra. Pero no te preocupes: en unos años habrán hecho semejante ridículo oponiéndose a ello que tratarán de taparlo como sea. Será divertido de ver, te lo aseguro.

En 2016 no está todo solucionado, por supuesto. Pero la sociedad ha cambiado mucho. Los personajes homosexuales aparecen en la televisión. Apoyar la igualdad de derechos está de moda y muchas empresas lo hacen, no sé si convencidas de verdad, pero al menos dan un mensaje positivo. La alcaldesa de Madrid (te explicaría quién es pero es que ni te va a sonar, aunque luego te enamorarás de ella. Recuerda, te escribo desde 2016, no cuentes la de 2014) participa en el Orgullo. Y hasta los chavales hoy en día se atreven a salir del armario en el instituto. Te va a dar un poco de envidia que ellos no tengan que mentir(se) durante años sobre lo que son.

No te voy a engañar: no todo es positivo. El daño que te están haciendo ahora te va a condicionar en muchos aspectos de tu vida, en cómo te relacionas con los demás, en la facilidad para confiar o para abrirte. Y no vas a olvidar los nombres y apellidos de quienes se ríen de ti y te insultan. Y tendrás ganas de vengarte, de hacerles algo malo. De perseguirles y devolverles todo el daño que te han hecho. Pero te lo pensarás mejor y concluirás que bastante tienen ellos con sentirse avergonzados de haber sido homófobos en una sociedad que empieza a considerarlo algo tan malo como el racismo.

No me entretengo. Te vas a enamorar (no va a servir de nada que te lo diga, pero trata de evitar a los heteros). Te van a romper el corazón. Te lo vas a pegar con superglú y te volverás a enamorar de nuevo. Estarás en pareja a veces, y otras veces estarás soltero y descubrirás que se está estupendamente también. Descubrirás lo interesantes que son los extranjeros, y lo pasarás bien y lo pasarás mal a ratos. Pero todo esto lo vivirás en un país mucho más tolerante que en el que vives ahora. Todo va a ser muy rápido: prepárate y disfruta. Yo estoy en ello.

Un abrazo muy fuerte desde 2016.

Fernando

PD: Aquella chica que te llamó maricón con desprecio saldrá del armario el verano después de segundo de bachillerato.

Post inspirado en este de Buzzfeed

Qué difícil es hablar en pasado de alguien que está tan presente.

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Hoy se cumple un mes de la muerte de mi padre. Aunque nunca fue muy religioso, a muchas personas que le querían les hacía felices dedicarle una misa, empezando por el propio cura que la ha oficiado, el padre Manolo. Uno de sus mejores amigos, alguien con quien le gustaba tanto hablar como discutir cariñosamente. De hecho, Manolo fue su última visita. Mi padre, ya sedado, esperó a morirse a la tarde del 5 de abril, a la hora en que había quedado con Manolo para tomar un café en casa.

Un tema que me ha hecho pensar siempre es el de la última vez que ves a alguien. Y desde que supimos que mi padre moriría, aún más. Me preguntaba cómo sería el último día con él, cómo serían nuestras últimas palabras. Qué nos diríamos.

¿Cómo puedes despedirte de alguien para siempre? No cabe en palabras todo lo que le hubiera dicho. Cabezón como siempre, mi padre decidió llevar la contraria a los médicos. Nos dieron tres a seis meses, y él se fue en dos semanas. Y me alegro. Me alegro de que se fuese como quiso. De que lo hiciese en casa, tranquilo, sedado, sin dolor, que era lo que él más temía.

La última vez que hablé con mi padre ninguno sabíamos que sería la última. Fue una despedida en la puerta de casa, yo me iba al metro y él salió a decirme adiós. Nuestra última conversación no fue memorable, ni llena de solemnidad, ni de palabras elegidas para grabarlas en la memoria. La última vez que vi a mi padre consciente se despidió recordándome que le tenía que llevar una llave inglesa que necesitaba para desmontar unas estanterías metálicas en la buhardilla, algo que quería hacer antes de morir. La llave de la foto que acompaña a esta entrada.

Mi padre se fue sin despedirse, como tampoco me lo presentaron al nacer. Porque alguien tan importante para una persona no necesita palabras para decir adiós. Mi despedida de mi padre son todos los buenos momentos que hemos pasado juntos estos 29 años.

El cáncer pudo con mi padre, pero tenemos la oportunidad de evitar que pueda con más gente. Nunca fui consciente de la gran labor de la Asociación Española contra el Cáncer, ya que eran mi madre o mis hermanas las que le acompañaban a quimioterapia. El día que nos dieron la peor noticia de nuestra vida, que ya no podían hacer nada por él, aprecié un lema que me dejó marcado: “Si crees que estás solo es que no nos conoces”. Los voluntarios de la AECC están en las salas de espera, repartiendo caldo caliente, café, tilas o infusiones a familiares y enfermos, o poniendo a su disposición recursos informativos o psicólogos.

Hoy ha sido la cuestación anual de la AECC, pero todos los días podemos poner un granito de arena para apoyar la investigación que ayude a detener el cáncer. Y creo que ese es uno de los mayores logros que podemos conseguir en nuestra vida. 50 céntimos, 5 euros o 50. Todo ayuda. Podéis donar aquí.

El peligro de los patrocinios

Yo creo en el branded content. Es decir, en que las marcas generen contenido de calidad que sea interesante para los consumidores y que les ayude a expresar cómo son. Creo que pasar de la publicidad pura y dura de impacto a una basada en crear marcas que amemos, que nos aporten algo, es fundamental ante la ceguera publicitaria que todos seguimos.

No voy a hacer un discurso contra la presencia de marcas en nuestras vidas porque ni me parece mal ni llegaría a tiempo. Estamos en un mundo en el que las marcas se relacionan con nosotros, nos proponen cómo formar parte de nuestra vida y nosotros las aceptamos o no.

Me da miedo llegar a una situación en que en la televisión haya programas sobre ópera porque al banco Santander se le haya ocurrido querer vincularse a ese tema de conversación, o que la presencia de un magazine sobre ciencia dependa del presupuesto de una entidad para patrocinarlo.

Tampoco me gusta pensar en que las mejoras en el transporte público dependan de que una marca comercial quiera patrocinar el nombre de una estación o una línea. Ni que las exposiciones en las calles de mi ciudad dependan de los intereses de promoción de alguna empresa para que cedan sus objetos. O que las actividades navideñas tengan que encajar con las estrategias de branding de las empresas que quieran patrocinar árboles de Navidad o pistas de patinaje sobre hielo.

Me encanta el branding, me encantan las marcas y que nos aporten algo. Y si nuestros intereses y los de las marcas coinciden y gracias a ello podemos disfrutar de programas de TV o radio, o de iniciativas chulas, estupendo. Pero tengo miedo de que nos hayamos acostumbrado a esta situación. Que las iniciativas culturales pasen a depender de fundaciones privadas. Que los servicios públicos dependan de los patrocinios para subsistir. Que la televisión pública, ahora sin publicidad, siga teniendo miedo de criticar a las grandes empresas porque de ellas dependen sus programas estrella. De que no haya apuesta por nuevos talentos si no encajan dentro de la estrategia de comunicación de una multinacional.

Puede que sea un poco Black Mirror, pero me da miedo. Y espero que estemos a tiempo de evitarlo.

Cosas que me alegro de haber comprado

Internet está llena de quejas. Muchos usan (usamos) las redes sociales para quejarnos de todo lo que no funciona, de las empresas que nos tratan mal, de lo que no debimos haber comprado.

Por eso me gustaría acabar el año con una lista de cosas que he comprado y que han resultado ser un acierto. Por si, a modo de guía, le sirve a alguien más.

Abono Transportes Anual: sí, es un hostión económico, tienes que pagar casi 600 euros de golpe. Pero el abono anual compensa si usas transporte público para ir a trabajar. Te olvidas de las recargas, de hacer colas… y te ahorras 2 meses al año (más de 100 euros).

Nexus 5: Me compré este móvil de segunda mano (me estoy acostumbrando a comprar cosas de segunda mano: están bien, evitas que algo acabe en la basura y consigues un buen precio). El Nexus 5 es genial, no tiene personalizaciones chungas de fabricantes u operadores. Es fino, es potente, es veloz y se actualiza de los primeros cuando sale alguna nueva versión de Android. Muy contento con él.

Kindle: Yo era un poco escéptico con los libros electrónicos. No es que sea de esos que hablan del “olor de los libros” (me los imagino haciendo todo tipo de perversiones con el Pequeño Larousse), pero sí que me gusta tocarlos. Pues el Kindle me ha convencido. Es una pasada poder irte de viaje y llevar toda una biblioteca en algo del tamaño de un libro de bolsillo. Además, me ha animado a leer muchísimo más en inglés, porque si no entiendes una palabra, puedes ver su definición (en inglés también). Y un complemento imprescindible: las extensiones de “Enviar a Kindle” para móvil y Chrome. Así, cuando me encuentro con un post interesante, me lo mando al Kindle. Y cuando lo cojo en el metro o algo así, está lleno de cosas interesantes por leer. El que yo tengo es el modelo Paperwhite, con pantalla táctil (simplifica mucho el manejo) y retroiluminado, pero tranquilos, sigue siendo fácil de leer sin que duelan los ojos (nada que ver con una pantalla de ordenador).

Friends en BluRay: No vi en su día la serie en Canal+ ni en Cuatro, salvo algunos episodios sueltos. Hace unos meses vi una oferta en Amazon de la serie completa en Blu Ray y decidí aprovecharla. Fue una buena idea: los capítulos están remasterizados (se rodaron en HD panorámico, aunque se emitiesen en SD y 4:3). Una serie genial. Llegar a casa y ponerme un capítulo cualquiera a veces era lo mejor del día.

Pocket Casts: Una pequeña y potente app para Android. Merece la pena pagar por ella: gestiona los podcast muy bien, los descarga automáticamente en wifi… y siempre te aseguras de tener cosas interesantes que escuchar. Ya haré un listado de podcasts que recomiendo, pero es un buen sistema para educar el oído al inglés.

Clases de inglés: Tenía complejo de hablar mal inglés y por fin me decidí a quitármelo. Un amigo filólogo y profesor CELTA se ofreció a darme clases y es una de las mejores decisiones que he podido tomar. Soltarme hablando inglés, poder entender todo lo que leía en internet, leer novelas en inglés y cosas así me ha hecho subir mucho la autoestima.

Muebles de Ikea: Que si son peores, que si todo el mundo los tiene iguales… a mí Ikea me ofrece muebles bastante buenos (al menos, no peores que los de otros sitios donde cuestan el doble), de diseño chulo, fáciles de combinar y a un precio que me puedo permitir. Ah, y a mí lo de montarlos me mola. Seré un bicho raro.

Saco de pienso de 10 kilos: Hace ya un par de años que vivo con mi gato, y la veterinaria (que era su dueña anterior) me insistió mucho en que le diese una comida especial de veterinario. Dice que el dinero que inviertas en buena alimentación lo acabas ahorrando de tratamientos, y seguramente sea verdad, pero se me hacía mucho dinero. Por suerte, encontré con que esta comida se vende en sacos de 10 kilos por internet, y se conserva bastante bien si la cierras herméticamente. De este modo, gasto dos sacos al año.

ADSL Pepephone: No necesito mucha velocidad, ni línea fija, así que un ADSL “pelado” como el que ofrece Pepephone me venía genial. Son 23 euros al mes, sin cuota ni nada más, la mitad de lo que pagaba por ejemplo en Ono. Y oye, al final al cabo de un año es un ahorro. La calidad no es que sea destacable, pero creo que tiene más que ver con la red telefónica de mi zona que con otra cosa.

Netflix: Nunca había pagado por televisión y no pensé que fuese a hacerlo, pero la verdad es que Netflix es una pasada. Es un repositorio virtual de películas y series, tú decides cuál quieres ver y cuántos capítulos (lo de acabar uno y que en pocos segundos empiece el siguiente no sé si me encanta o es de genios del mal). La suscripción familiar cuesta 12 euros y puedes compartirla con 3 personas más, así que cada uno pagáis apenas 3 euros al mes.

Amazon Premium: Por 15 euros al año tienes gastos de envío en un montón de productos de Amazon, que te llegan de un día para otro. La verdad es que para muchos productos, me he acostumbrado a comprar aquí, desde libros o cosas de informática hasta los recambios del cepillo de dientes o regalos. Es fácil comparar, ver todos los datos que quiero sobre el producto vendido, y si algo sale mal (he comprado por error, ya no me gusta o se estropea) su servicio de atención al cliente es magnífico.

Sintonizador de TV: Siempre he tenido sintonizador de tele en el ordenador, desde cuando tenía PC allá por los 90 (era una tarjeta de estas que tenías que abrir la torre para atornillarlas) hasta el Miglia TV Mini que tenía hasta hace poco. Ver la tele en el ordenador mola, puedes grabar, sacar capturas de pantalla, editar los vídeos… lo único a tener en cuenta es que necesita una toma de antena (claro). Ahora tengo una Elgato EyeTV One, muy bien de precio, y sin problema alguno.

Sobre el cartel de Metro: el día que creé un fake sin querer

Actualización: En Radio Nacional me han entrevistado sobre el tema. Puedes escucharlo aquí.

Ayer estaba en el metro de camino a casa cuando vi una nueva campaña de publicidad de Metro de Madrid: se comprometen a reparar un montón de escaleras mecánicas en menos de 15 días. Qué casualidad: durante los últimos años hemos padecido escaleras mecánicas fuera de servicio durante semanas y semanas, y ahora que llegan las elecciones hasta una labor de mantenimiento técnico se anuncia con publicidad. Y remarcando lo de los 15 días en una especie de «excusatio non petita».

El caso es que me dio por hacerle una foto a uno de estos carteles…

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…y dedicarle 20 minutos de Photoshop para hacer que dijese lo que de verdad quería decir:

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Un mensaje exagerado, obviamente falso. Y así lo publiqué en mi Twitter:

La mayoría de la gente lo pilló al momento, se rieron y el mundo siguió girando. Al cabo de un rato, como me hacía gracia que hubiera gustado, compartí la versión original y volví a explicar que se trataba de un montaje.

Pero la foto ya era un éxito. Lo compartieron y la cosa se fue extendiendo y extendiendo… hasta que en unas horas había alcanzado los 100 RT. Luego los 500. Después los 1000. Y cuando me desperté al día siguiente, ya llevaba unos 3000. Y algunos pensaban que era verdad. Mi parodia se había convertido en un fake.

Esto habría quedado en una anécdota, el típico tuit que de casualidad se hace viral, si no fuese porque me ha enseñado algunas lecciones.

La primera es que si dices lo que la gente quiere oír, muchos se lo creerán. De verdad, este cartel era imposible de creer. Metro es un arma electoral obvia, pero ni por esas admitiría en un cartel que solo les preocupa su red cada 4 años y que sus directivos van en coche a trabajar. El caso es que muchos dieron por hecho que era verdad porque lo estaban viendo, sin plantearse el sentido del mensaje ni que pudiera ser un montaje. A todo el que se molestó en preguntar le aclaré que era mentira.

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La segunda es que si haces algo que tiene un mínimo éxito, siempre va a haber alguien que se lo apropie. Y por apropiar entiendo publicarlo sin aclarar que no es tuyo ni decir de quién es. Por mi propio timeline se han cruzado decenas de tuits de otras personas con mi montaje sin citar fuente, ni siquiera diciendo que era falso. Existe la creencia en internet de que lo que circula por ahí no es de nadie, cualquiera se lo puede apropiar, “es de internet”. Entiendo que en el caso de otros materiales sea difícil precisar quién lo creó o publicó, pero esto empezó a suceder a las pocas horas de publicarse originalmente. No se trata de algo que lleva años rodando boca-oreja y ya es imposible saber de quién es. Es simplemente que hay gente a la que le llega un contenido original en un tuit, deciden quedárselo y difundirlo desde su propia cuenta, como diciendo “mirad lo que acabo de ver en el metro”.

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Por supuesto, yo no vivo de esto. Me da bastante igual. Como si lo quieres imprimir y colgar en tu casa, es una chorrada y no tengo ningún afán de protagonismo por algo que la semana que viene no va a recordar nadie. Pero me parece un fenómeno curioso esto del “como está en internet no es de nadie”. Siempre he sido partidario del copyleft: de hecho, mis blogs ecomovilidad.net y Marca por hombro están en Creative Commons, pero eso no significa que te lo puedas quedar y presentarlo como tuyo.

El culmen del morro de esto ha sido el sitio de humor Señoras Que, donde Carlos Valladolid lo ha publicado, por supuesto sin citar la fuente ni pedir permiso al autor, como “cartel real visto en el metro”. Le doy todos mis ahorros y la custodia de mi gato al tal Carlos si me demuestra que a) es real y b) lo ha visto en el metro. Vamos, que me como el PSD con patatas.

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La tercera, y más preocupante, es que es extremadamente fácil colar un fake. En este caso se trataba de una chorrada, un photoshop que a la mínima que te fijes es bastante evidente (por favor, mirad la frase de abajo del todo, ni siquiera ajusté el tono de negro). Y aun así mucha gente ha creído que era verdad. Pero es que lo he llegado a ver difundidos por periodistas, publicado en páginas web, en cuentas de partidos políticos (ignoro si oficiales o de simpatizantes) e incluso inventándose cosas como que era una campaña de viajeros cabreados o que alguien de dentro de Metro había saboteado el cartel al colocarlo o qué se yo:

El cartel que le han colado a Metro de Madrid Amenzing

Esto es lo que me parece peligroso: la gente que nos informa, la gente que milita en partidos que aspiran a gobernar, en vez de plantearse una mirada crítica y escéptica dan credibilidad a todo lo que concuerde con sus ideas. Y eso me da pánico, sinceramente.

El bonus track: a media mañana un amigo que trabaja en Metro me ha escrito diciéndome que la dirección de la compañía ha puesto a algunos trabajadores, jefes incluidos, a buscar el cartel y arrancarlo. Espero que a los pobres les dejen volver a casa aunque no completen la misión.

Review: el primer El Jueves tras las dimisiones

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Supongo que todos estáis al tanto de lo que ha pasado con El Jueves, pero si no, básicamente su editora es prohíbe una portada sobre el rey y volver a sacar a la familia real en portada, y la mitad de los dibujantes se van.

Lo primero que pensé es que la revista estaba tocada de muerte, no solo porque se van algunos de los más potentes sino porque en sí son muchos y llenaban muchas páginas. Pero he decidido volver a comprarla: porque la redacción no tiene la culpa de la estúpida censura de su editorial, porque sigue habiendo talento, porque no quiero que muera una revista libre (aunque menos que hace unas semanas)… y por morbo, todo hay que decirlo. Así que os traigo la review del número de esta semana.

Por supuesto, aunque sale a la venta la semana de la abdicación formal del rey y la toma de posesión de Felipe, la portada está dedicada a otro tema siguiendo la imposición de RBA. Así, la última portada en la que aparece un Borbón se remonta a mediados de mayo. Sin embargo, casi todas las series tienen al rey, al príncipe o a ambos como protagonistas con no pocos chistes bestias. Se nota que la censura de RBA es solo de portada.

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Respecto a la polémica, esta es el primer número que llega a tiempo de abordarlo (el anterior, siguiente al de la censura, estaba cerrado ya cuando el caso estalló). Se nota en algunas cosas a primera vista: abre con una historieta a doble página dibujada por JL Martín (fundador de la revista) aunque sin firmar, en la que el bufón mascota de la revista califica el incidente de “problema con la editorial”, habla de los que se van y expresa su convicción por hacer “el mejor Jueves de la historia”.

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La otra sección en la que se nota la polémica es “En familia”, que está dedicada por completo a emails y tweets de lectores decepcionados. La revista solo comenta que “enfrentan todas estas hostias con su mejor sonrisa” y que fue “un cambio de portada que escapa a la voluntad y comprensión de esta humilde redacción”.

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También aparecen otras referencias más veladas a lo largo de la revista. Por ejemplo, en Grouñidos en el desierto el protagonista coge una corona cubierta de mierda (mismo chiste que provocó la censura de la portada), o en Zombie Life un personaje exclama “Quién nos iba a decir que esto se iría a la mierda por culpa de un gusano que quiere llevarse bien con el rey”.

En cuanto a series, ya se empiezan a notar los abandonos de los dibujantes dimisionarios: respecto al número anterior, han desaparecido las series Tato, La Parejita, Para ti que eres joven, Genaro la brasa en casa, Recortes de la prensa seria, Teletipo, La Guillotina, The Timos y ¡Distorsión!.

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Aparecen algunas series de autores que han abandonado, debido a que muchos entregan con varias semanas de antelación, pero por ejemplo Silvio José de Paco Alcázar cierra con un “Gracias y abrazo general” siendo su última entrega, al igual que Borbón y cuenta nueva (que cierra con cuatro páginas) y Zombie Life. Otras series como Erasmus, Jano, Anunciado en TV o Los Ilegales parecen entregas normales pero probablemente no vuelvan a aparecer la próxima al haber abandonado sus autores.

No se aprecia ninguna serie nueva salvo “Cosa de dos” que parece que hablará de parejas famosas y se empieza centrando en Hitler y Eva Braun. Por otra parte, esta semana la revista es algo más corta, 60 páginas en vez de 68 como solía ser habitual en los últimos números.

Por qué en ecomovilidad.net enfadamos a nuestros lectores (a veces)

Si hay algo que no soporto es que alguien me diga solo lo que quiero oír. Escuchar siempre tu propia opinión en la voz de otras personas te hace vago y que nunca te cuestiones nada. No se trata de estar a la contra, sino de ser coherentes.

Es algo en lo que llevo un tiempo pensando a raíz de ecomovilidad.net. Desde el principio planteamos un medio sobre movilidad sostenible que informase sin ataduras de ningún tipo: no tenemos detrás ninguna asociación, empresa, organismo o partido político, ni debemos favores a nadie. Somos totalmente libres para criticar lo que no nos gusta y alabar lo que sí. Y si alguien alguna vez nos ha hecho la pelota o nos ha dado un premio esperando lo contrario, se ha llevado un chasco.

Nos hemos tomado tan en serio lo de ser independientes que de cuando en cuando enfadamos a nuestros propios lectores.

Resulta que hay algunas posturas que sostenemos que no son precisamente populares. Porque lo que nos mueve es un deseo de cambiar el modelo de ciudad hacia uno más habitable y en el que el espacio público esté mejor repartido. Y claro, cuando hablas de movilidad sostenible hay muchos temas en los que todo el mundo te apoya, de verdad o por postureo: la necesidad de mejorar el servicio, de hacer que las tarifas sean más justas, de que haya más bicicletas en la ciudad… pero también hemos propuesto que se supriman los metrobúhos, que suba el precio del billete sencillo, que se supriman plazas de aparcamiento, que los coches circulen más despacio o nos hemos quejado de las motivaciones de algunos vecinos de Gamonal.

Y aquí es donde se enfada la gente. Algunos con razón, porque tienen el convencimiento de que las cosas deben ser de otra manera. Pero otros no, y estos son los que montan el drama: me habéis decepcionado, parece que odiáis a los coches, sois unos voceros del sistema neoliberal, sois el panfleto de PSOE-IU, no sabéis de lo que hablaís, qué fácil es hablar cuando no tienes una madre enferma que necesita ir en coche hasta la puerta (siempre que propones peatonalizar una calle aparecen decenas de madres octogenarias que necesitan ir en coche a la puerta), y tal. Y es que como decía, en este tema hay mucho postureo. Mucha gente apoya fervientemente que se construya metro o se mejore el transporte público a su barrio… siempre y cuando ello no suponga restringir de ninguna manera su movilidad en coche. Vamos, que lo hacen con la esperanza de que sus vecinos se muevan en transporte público y le eviten los atascos. Otros creen ser defensores de la movilidad sostenible, pero simplemente son aficionados al ferrocarril o los autobuses: les gustan de una manera lúdica, nada que ver con la movilidad. Defienden “su” medio de transporte sobre los demás, le sacan fotos y comentan lo bonito que es y la gran historia que tiene, pero en el fondo les da igual que sus tarifas sean accesibles, que las rutas sean correctas o el papel que jueguen en la intermodalidad de una ciudad. Es como decir que te gusta el deporte cuando lo que te gusta es ver las retransmisiones de voleibol femenino.

Nosotros, por nuestra parte, estamos orgullosos de defender posturas diferentes, poco comunes o directamente impopulares en ocasiones. Y no lo hacemos por trollear, sino por coherencia interna. Sería muy fácil negarse a cualquier subida de tarifas en el transporte público, o a que los conductores de coches pierdan ningún privilegio esperando que mágicamente la ciudad cambie su modelo de movilidad hacia uno más sostenible o pedir líneas de metro al infinito. O quejarnos por sistema de todo lo que haga un partido político (nosotros hemos criticado a todos). Seguramente de esta manera ganaríamos mucha más audiencia. Porque a la gente le gusta saber qué etiqueta ponerte y no llevarse sorpresas con lo que dices. A muchos líderes de opinión les ha ido bien así, sin salirse del argumentario, diciéndole a su público siempre lo que quiere oír. Subes rápidamente en followers y te acabas convirtiendo en un líder de opinión. Siempre que digas lo que se espera de ti.

Pero desde el principio quisimos ser un medio en el que se pudiera confiar. Queremos que nuestras propuestas sean realistas y razonables, sin renunciar a un punto de utopía pero sin vivir en cuentos de hadas. Y eso supone defender la movilidad sostenible en todas las ocasiones, no solo cuando es fácil hacerlo. Y sé que hay muchos lectores de ecomovilidad.net que lo agradecen, estén o no de acuerdo con nosotros.

Precisamente el otro día leí un artículo en El País sobre la espiral de silencio, un fenómeno por el cual las opiniones menos populares acaban siendo relegadas porque la presión social en contra hace que sus defensores callen. Tratamos de que eso no pase, convencidos de lo contrario: por impopular que sea una idea (los privilegios de los coches en la ciudad son insostenibles), si crees que vale la pena hay que defenderla, hablar de ella y hacer que vaya calando en la gente.

En Twitter: a falta de imaginación, mucho morro

De vez en cuando surge un fenómeno en Twitter. Algo que se pone de moda, como una cuenta que parodia la gente exaltada (MASA ENFURECIDA), la de un dictador (Norcoreano), una crítica costumbrista (Postureo) o una parodia política (Espeonza Aguirre). Cuentas brillantes e ingeniosas, bien escritas y con mucha gracia, que no tardan en ganar miles de merecidos seguidores. Es una de mis cosas favoritas de Twitter: no hace falta que tengas un gran grupo editorial detrás, si aportas contenido de calidad, puedes llegar a hacerte conocido.

Pero Twitter también está lleno de gente sin imaginación pero con mucho morro a cambio. Y claro, no tardan en aparecer imitaciones, copias o directamente plagios de estas cuentas.

Y no me refiero a las variantes (Postureo Madrileño, Postureo Médico, UCM Enfurecida…) que al fin y al cabo, no serán un alarde de imaginación pero funcionan como spin-offs haciéndose cargo de temas que complementan al inicial. Me refiero a los que juegan al equívoco: Solo tienes que buscar “postureo” o “Espeonza” en el buscador de Twitter para descubrir que más de uno (y dos, y tres y cuatro) han querido hacerse su propia cuenta, en ocasiones incluso con el mismo avatar… pero sin ingenio alguno.

Por lo general gente cuyo único objetivo es sacar un dinerillo de agencias que no dudan en comprar tuits publicitarios al peso a cuentas con muchos followers (y por eso no dudan en poner su email en la descripción, a ver si cae algo), o retuiteando otras cuentas de estas de frases carpeteras de adolescentes.

Otra variante son las cuentas-parodia mal entendidas. Las cuentas parodia surgieron casi al inicio de Twitter (recuerdo la polémica que se formó con la parodia de Enrique Dans, @edance, que fue incluso suspendida por Twitter) y se supone que son una forma de ridiculizar a un famoso o político, contando lo que publicaría si tuviera presencia en esta red social o si lo hiciera de forma sincera. Ejemplos hay decenas: los Twitter de Dios, del Rey, de Obama… tan pasado de vueltas que son tan divertidos como obviamente falsos.

Sin embargo últimamente ha aparecido un uso del concepto parodia de Twitter que me parece bastante cuestionable. Son cuentas que no funcionan en tono de humor, y aunque ponen la palabra Parodia en su bio parecen jugar más al despiste usando el nombre de un famoso para conseguir más visibilidad: El Gran Wyoming, un personaje de una serie de televisión…

No sé si estas cosas acabarán regulándose solas, si nos cansaremos de ello o qué pasará. Desde luego, parece un poco triste que en lugar de echarle imaginación e ingenio, haya gente en Twitter aprovechándose de creaciones de los demás (personajes de TV o de Twitter) para engordar su ego o sacarse unos eurillos con publicidad.

El anuncio de Président me llena de dudas

He visto un anuncio en la tele:

Y me surgen cientos de dudas. ¿Los protagonistas son franceses o españoles? ¿por qué solo tiene acento el vecino? Si están en Francia y el vecino es francés, ¿por qué nadie habla francés? ¿no es mucha casualidad que tu vecino hable español? ¿Dónde trabaja esta gente para tener semejante pisazo con esas vistas? ¿no es muy cutre ser francés y pillar queso de supermercado? ¿en la cena de picoteo, qué pone el francés aparte de queso? ¿Por qué el único plano del anuncio en el que no sale la torre Eiffel es el interior del frigorífico? ¿temen que no creamos que es París? ¿Cuánto dura la cena si sirven todo de día y cuando llega la madre, de noche, aún están cenando? ¿No es un poco incómodo tener tan poca intimidad con tu vecino y que se te mete en las conversaciones? ¿si no hay puerta, por dónde pasan, salen al rellano para cambiar de casa?

Y atención a esto:

Por una República para los ciudadanos

Me considero una persona republicana. Y no entiendo por qué en ocasiones es un tabú decirlo. Cada vez, menos, es cierto, pero en España tenemos un respeto medieval al rey. Los grandes medios pueden defender una u otra postura política o social, pero parece simplemente cuestionar la forma de Estado lleva a una guerra civil.

El problema no es que cacen elefantes

Sin embargo, soy crítico con la manera en que existe el republicanismo en este país. Me dio lástima ir a la manifestación del pasado 14 de abril y ver tantos lemas en contra de la familia real porque “son unos vagos, corruptos, roban, cazan elefantes…”. Para mí, ese no es el problema. Por supuesto creo que si cualquier persona de esta familia roba debe ser juzgado en igualdad de condiciones. Pero no creo que ser partidario de la república porque en este momento el rey está bajo de popularidad sea positivo. Yo me consideraría republicano aunque el rey fuese un dechado de virtudes, ecologista, simpático, solidario y hablase todos los idiomas cooficiales del país del que es jefe de Estado.

Y es que creo que ser republicano es mucho más que te caiga mal Juan Carlos de Borbón, o querer cambiar el rey por un presidente. Si la llegada de la república, que creo que se va a producir en los próximos años, se queda en eso, conmigo que no cuenten. Una república debería partir del convencimiento de que en una sociedad democrática el ciudadano debe ser el protagonista, y eso se debe reflejar en poder elegir (y enviar a su casa cuando creamos que ya no lo hace bien) a la máxima autoridad del Estado. Pero también en muchísimas otras cosas aún más importantes.

¿Aznar presidente? ¿y qué?

Tampoco creo que sea una cuestión de ideología. Y eso deberíamos tenerlo bien claro: España no va a ser una república hasta que la inmensa mayoría de los ciudadanos lo quieran, personas de derechas incluidas. Y a raíz de esto, no puedo dejar de protestar por uno de los argumentos que más lástima se dan cuando se discute sobre monarquía o república: “¿Te imaginas a Aznar de presidente de la república? Para eso prefiero que siga el rey”. Me parece un argumento muy poco democrático. Sin duda, Aznar es una de mis personas menos favoritas del universo, pero si los españoles le eligieran para ser jefe de Estado, ¿dónde está el problema? ¿no consiste en eso la democracia? Un Aznar presidente de la república (no termino de entender por qué siempre sale él como ejemplo) sería muchísimo más democrático que un jefe de Estado que no hemos elegido, y al que lo más próximo a votarle que hemos podido hacer fue en el referéndum de la Constitución de 1978: es decir, todos los nacidos después de los 50 no tuvimos la oportunidad de que se nos escuchase.

Una República para los ciudadanos

Como decía al principio, que España sea una república debe ser mucho más que quitar al rey y poner a un presidente. Si así fuera, no habríamos avanzado (casi) nada. Cambiar nuestro sistema debe ser una oportunidad para repensar el país. Y creo que la idea fuerza en torno a la que deberíamos girar es que el ciudadano sea el centro de todo. No es un simple lema: es un valor fundamental que debe expresarse en todos los ámbitos.

Una sociedad en la que los ciudadanos elijan cómo se les gobierna: Partiendo de la base de que la sociedad gira en torno al ciudadano, este debe poder elegir quién le gobierna y cómo: por supuesto, elegir a los gobernantes (incluyendo al jefe de Estado), ser consultado directamente en las grandes reformas (por ejemplo, las constitucionales), recibir explicaciones claras de sus políticos y poder someterles a control aunque tengan mayoría absoluta, y castigarles (social, legalmente) si mienten.

Una transparencia pública sin letra pequeña. Que las Administraciones estén al servicio de los ciudadanos. Y esto pasa por repensar todos los procesos, por ejemplo, los burocráticos, para hacerlos más fáciles y accesibles a todos.

Igualdad de oportunidades plena entre todos los ciudadanos, con los mecanismos que sean necesarios para ello. Eliminar privilegios legales o sociales y vestigios de ellos: ¿por qué la jefatura del Estado solo la puede ejercer una determinada familia, e incluso dentro de esta, sus hijos varones con preferencia? ¿por qué existe una figura tan arbitraria como el indulto en la que el Gobierno hace excepciones con la ley? ¿qué sentido tienen hoy en día los títulos nobiliarios?

Independencia del Estado de cualquier confesión religiosa, e inexistencia de privilegios para ninguna de ellas. Un ciudadano que practique una confesión religiosa no debería tener más ni menos derechos, oportunidades o carga impositiva que otro. Igual para las propias organizaciones.

Que el funcionamiento de los partidos políticos fuese realmente democrático, basado en las ideas y los méritos y no en la fidelidad o los favores prestados.

Que la justicia sea de verdad igual para todos, y que nadie se quede excluido de la misma por ser quién es o por no poder pagarla.

Que la gente pudiera expresar sus ideas o protestar contra decisiones gubernamentales sin miedo a represalias o incluso palizas por parte de las fuerzas de seguridad.

Contar con unos medios de comunicación libres, que no dependa de los favores del poder, ya sean públicos o privados. Recibir una información veraz.

El interés ciudadano debe estar por delante de los intereses de empresas privadas, especialmente en temas fundamentales para la vida de los ciudadanos como la educación, la vivienda y la sanidad.

El respeto a la igualdad y acceso a los derechos civiles debería ser un tema fundamental que no estuviera sujeto a las peleas políticas de turno.

En resumen: una nueva sociedad en la que el respeto a los ciudadanos se expresase en todas las facetas de la vida pública. Desde la persona más humilde hasta el jefe del Estado, todos deben tener las mismas oportunidades y derechos. Leído todo lo anterior puede parecer una utopía, pero son cuestiones básicas para una democracia. He huido de populismos como “bajar el sueldo a los políticos y encarcelar a los banqueros” porque creo que de lo que se trata es de crear unas nuevas reglas del juego. Lo que pasa es que estamos demasiado acostumbrados a que nos falten al respeto.

Y con todo esto en mente… lo de menos es si la bandera es la tricolor, la roja y amarilla o una nueva.