Originalidad, economía y derechos LGTB

La originalidad es una cosita de la que estamos escasos. Se inaugura pone en funcionamiento el AVE a Barcelona, ¿y qué hacen todos los medios? mandar un redactor en AVE y otro en avión, a ver cuál llegaba antes. ¡Sí señor, toma exclusiva! ¡Qué derroche de imaginación! Lo más surrealista es que según la cadena, ganaba uno u otro medio, y lo más flipante, el tiempo cambiaba radicalmente. Desde Cuatro, que tardaron dos horas y pico, hasta laSexta, que pasaron de cuatro horas.

Lo peor es que todas estas cosas ya se las esperaban las compañías. En el primer AVE, la mayoría de viajeros eran periodistas (son la dificultad por lo tanto de encontrar un viajero puro para entrevistarle). Y en el avión, la propia Iberia difundió una nota de prensa sobre los tiempos que se tardaba en llegar al aeropuerto desde distintos puntos de Madrid y Barcelona… todo para facilitar la práctica del periodismo de nota de prensa sin salir de la redacción, ese barato y efectista que tanto ayuda a… nadie.

Anoche vi un trocito del debate entre Solbes y Pizarro (no pude ver más, estaba muy ocupado quemando la casa haciendo la cena). Lo poco que vi era bastante bochornoso para Pizarro. Yo tenía miedo: Solbes es un hombre bastante farragoso y a la mínima que tengas un poco de don de lenguas puedes batirle en un debate. Sin embargo, el ministro se comió al aspirante, como si fuese un profesor de economía dando su lección, tranquilamente. No me gustaron muchas de las cosas que dijo Pizarro, como la demagogia al decir que él mejoraría la economía “dejando de pagar a terroristas” o las muchas veces que contestó que no conocía algunas cifras de la legislatura anterior “porque él no era del PP entonces”. Pues oye, si sólo va a saber desde que llegó hace un mes hasta ahora, apaga y vámonos. De todas formas, tiene que ser difícil defender que la economía va mal cuando la inmensa mayoría de datos son ahora mejores que cuando llegó el PSOE al gobierno, pero es que es su trabajo. Y si hay crisis, o recesión, o lo que quiera que sea, tiene que buscar alguna excusa para que la culpa sea de Zapatero, aunque esté afectando por igual a tantos países sobre los que creo que Zapatero no tiene mucho poder.

En fin. Cada vez tengo más ganas de ir a votar. En el fondo me da miedo que gane el PP. Más allá de la economía, de la demagogia, siento que son nuestros derechos los que peligran. El matrimonio homosexual es mucho más importante de lo que muchos piensan. No se trata de poder casarse, sino de tener el derecho a hacerlo. Y además de los derechos, el nombre sí que es importante, porque hasta ahora era el único derecho al que no teníamos acceso los homosexuales. Si lo llamas de otra forma, ya no es el mismo derecho, volveremos a estar segregados.

Algunos amigos lo comparan con el voto femenino. Hace décadas, era algo extraño, sólo algunos países lo reconocían. Pero poco a poco fue extendiéndose, y hoy no es algo extraño. ¿Y si el voto femenino tuviese otro nombre? ¿No sería igualmente ofensivo para las mujeres que su derecho a votar recibiese otro nombre, aunque luego valiesen lo mismo?

Creo que falla una idea de base. Depende de cómo se considere a los homosexuales. Somos personas que merecemos el mismo respeto que los heterosexuales. Los derechos no son un premio, no son un regalo, algo que se nos da para tenernos contentos. Los derechos son nuestros, y lo que queremos es que se recojan en las leyes. No somos mascotas, y debería resultar evidente (y su negación, insultante) plantear que a lo mejor no los merecemos.

Tema aparte es la adopción. Esto sí que no termino de entenderlo: ¿Qué puede tener de malo que un niño se críe con dos hombres o dos mujeres que son pareja? En todo caso, puede ser más positivo. Me apuesto mis dientes a que esos niños nunca serán homófobos. Además, los gays y lesbianas pasan exactamente los mismos exámenes para ser padres adoptivos que el resto de parejas: no se va a entregar a un niño a nadie que vaya a ser perjudicial para él, sea hetero u homo. ¿Qué peligros hay? ¿Que crezcan sin referentes paternos o maternos? Pues los solteros pueden adoptar (incluso los curas) y nadie ha puesto el grito en el cielo. ¿Cuánta gente no se ha criado con su madre y abuela, o padre y tío, o cualquier otro tipo de familia así? Otro peligro que nos acecha: los niños podrían salir homosexuales. Dejando a un lado que cualquiera que sea o conozca bien a los homosexuales comprenderá que esto es una gilipollez como un campanario (la inmensa mayoría de homosexuales somos hijos de heterosexuales, y de hecho yo he nacido así, no me ha influido nadie), ¿no habíamos quedado en que no tenía nada de malo ser gay? Ah no, que hablábamos de tener amigos gays, esos con pluma que tan bien nos quedan de adorno para hacernos los modernos y tolerantes, tratándoles como si fueran normales.

Y que no se me disfrace Rajoy de amigo, que él no quiere que seamos iguales. Y que no me diga que él hubiera hecho una ley de uniones, pues siendo él ministro tuvieron 8 años para hacerlo y no movieron un dedo. ¿Que Felipe González tampoco lo hizo? Cierto. Pero probablemente yo no le hubiese votado para presidente. Puede que haya gente que piense que esto no es importante, y me da mucha pena. Cada uno debe tener sus prioridades, y por encima de la economía (que además, como ya he dicho antes, va mejor que antes) están mis derechos. Para otros, no. Pues allá ellos.

Sólo

– Lo has dicho sin pensar.
– Nunca digo las cosas sin pensar.
– ¡Eso no es verdad! Te pasas el día soltando cosas sin pararte a…
– Pero eso no significa que las diga sin pensar. Y de todas formas…
– De todas formas, ¿qué?
– Que… ¿no dicen que cuando hablamos sin pensar no podemos mentir?
– Creo.
– Pues entonces. A lo mejor lo he dicho sin pensar, pero mentira tampoco era.
– Es cuestión de tiempo… ¿a quien esperamos?
– Seguramente.
– Que a quién esperamos.
– A God…
– ¿Qué?
– Nada.
– Con el tiempo, verás como va mejor. Si es que es una gilipollez.
– No te digo yo que no. Pero ahora mismo, la verdad es que no me apetece.
– Pero se te pasará. ¿Nos queda mucho?
– ¿Cuánto tiempo llevamos?
– Dos semanas.
– Digo…
– Ah… casi media hora.
– Media hora es mucho.
– Bastante.
– Demasiado.
– ¿Esperamos?
– Acabamos de llegar.
– Sólo media hora más. Y no te obsesiones con chorradas.
– Yo no soy de obsesionarme.
– Sí que lo eres. Y es injusto que seas tú…
– Nadie dijo que fuera justo. Y se está haciendo tarde.
– En el fondo te gustaría no ser el único.
– Llevamos ya…
– ¿Quieres irte?
– Sí.
– Hasta mañana.
– Hasta pronto.

No entiendo

Esta foto no tiene nada que ver, pero me ha dejado en
shock que sea la primera en aparecer al buscar
“no entiendo” en Google.

Hay millones de cosas que no entiendo. Creo que si me dieran un euro por cada cosa que no entiendo, ahora mismo tendría millones de euros, y sería más feliz, porque el dinero no compra la felicidad, pero oye, ayuda bastante.

El caso es que hay cosas que no entiendo. Para empezar, no entiendo por qué las asignaturas tienen que estar equilibradas entre buenas y malas. ¿Por qué no puede haber sólo asignaturas buenas? ¿Por qué tengo que tener una chula, como programación televisiva, y a continuación una como teorías de la comunicación? ¡Es injusto! A veces, con estas cosas, vuelvo a plantearme qué hago en esta carrera, analizando películas y tal. Me gusta mucho cuando alguien a quien conoces de repente te sorprende con un conocimiento extraño (por ejemplo, tu mejor amigo sabe tocar el piano o hablar sueco y no lo sabías). A veces me tomo estos conocimientos como algo así. No sé por qué, pero estoy seguro de que voy a acabar trabajando en algo extraño, de esas cosas que ni te imaginas que puedan ser un oficio. Redactor de cartas al director en una revista porno, autor de los test de la Cosmopolitan, escritor de guiones para las autopromociones de Antena 3… Me gusta ese puntillo de defender una cosa ante los demás, a veces incluso acabo discutiendo con alguien que piensa como yo sólo por jugar a defender una posición que no es la mía. El tiempo dirá.

Tampoco entiendo las frases hechas. “El tiempo dirá”. Pues no, mire usted, el tiempo nunca dice nada. El tiempo ni siquiera te da la razón. Si no la tienes, no la tienes y punto, y si la tienes, quien te da la razón es el terco que se lo ha pensado mejor. “Dar la razón” tampoco lo entiendo. Nunca me ha venido nadie a darme lo que quiera que sea la razón. ¿Y si me viene con el periódico de Ansón? Casi prefiero que no me la den, la verdad. Qué asquete, dios mío. “Dios mío”… ¿cómo que tuyo? Dios es de todos, es un bien común, un servicio público. Que todos pagamos impuestos, hombre. Dios es de todos, menos de los ateos que no lo queremos.

No entiendo las relaciones personales. Bueno, ni yo ni nadie. No entiendo cómo se comporta la gente, y muchísimo menos cómo me comporto yo. Supongo que la mente humana es super complicada, y la verdad, vivo más a gusto en la ignorancia, sin trastornos mentales, complejos, síndromes, personalidades, egos y todas esas palabrejas que les encantan a los psicólogatras. Al fin y al cabo, el tiempo dirá. A veces vienen bien descansos, sin que sepamos bien por qué.

No entiendo miles de cosas, y pese a todo (y comprobado por mi perraquez de los útimos días/semanas/meses), sigo entendiendo. Y sobre todo, no entiendo que siendo gay me guste una chica que, además, es lesbiana. Qué cosas.