Nueva imagen de RTVE


Me declaro fan de estas nuevas marcas. No creí que fuera a salir bien el cambio de imagen de la Corporación RTVE, pero me como mis palabras. Una imagen muy fresca, con mucha luz, dinámica y joven. Una tele y una radio de las que sentirse orgullosos.

Me muero de ganas por ver cómo lo implantarán en los canales… la que hay ahora, tan cuadradota, tan seria, tan oscura, tan sesenteras (TVE) u ochenteras (RNE)…

Este vídeo no tiene desperdicio. Te lo muestra de forma divertida. Y una comparativa de las marcas anteriores y las nuevas:


Más información en el blog de SUMMA, la empresa que lo ha desarrollado.

Cabezotas

Rafael Reig en Público. De esas veces que te quitan las cosas de la punta de la lengua.

Mi primer examen

-Te pongas como te pongas, Fer, poner un vídeo no es actualizar el blog.
-Vale, tienes razón. Pero es que he andado muy liado y…
-Liado, liado… para lo que te interesa sí que sacas tiempo. Venga, a escribir.

Mi primer examen. Del cuatrimestre, quiero decir. A pesar de que iba acojonado asustado porque estaba convencido de que el profesor iba a ser muy cabrón, no ha sido para tanto. Y es que la asignatura tenía todas las papeletas para ser imposible: trataba de cine, los apuntes estaban mal estructurados y era de aprenderse todo de memoria, con sus listas y palabras exactas. Y claro, eso es imposible, al menos para mí. Pero en fin, que lo pasado, pasado está.

El lunes tengo el siguiente, que tampoco es fácil, pero bueno. Creo que me lo voy a jugar todo a la opción de escribir un ensayo. La alternativa es repartir el examen entre preguntas de teoría y ensayo, así que prefiero sólo escribir. Es sobre teorías del cine, que no me hacen demasiada ilusión. Supongo que lo borraré todo de mi cabeza durante el verano… si en septiembre no tengo que volver.

Por lo demás, qué decir: los exámenes son la mejor forma de arruinar la vida social de uno. No me puedo creer que en ¿3000 años? de enseñanza no se nos haya ocurrido un método mejor para evaluar el aprendizaje que ponerte una hoja en blanco delante de los morros y decir “venga, ahora me vas a soltar todo lo que he dicho”. Te pasas una semana o dos aprendiendo datos que luego olvidarás, datos que no entiendes, no te gustan y no sabes para qué valen. Pero esta farsa nos gusta mucho a todos y nos encanta decir que tal universidad tiene mucho prestigio.

Estoy decepcionado. No con algo en concreto, sino en general. Estoy decepcionado con esta universidad, a la que le encanta presumir de prestigio y que, al menos a mi clase, no nos ha enseñado nada. Cada profesor, amparándose en la libertad de cátedra, ha dado la asignatura que le gustaría dar, en vez de la que le tocaba dar. No hemos hecho prácticas de tele, las de radio han sido miserables, de diseño de revistas mejor no hablar, teníamos una cámara de fotos para cada diez y una profesora que no sabía manejarlas… ¿esta es la “pública diferencia”? Pues cómo serán las otras. Otro día me extenderé más sobre esto… últimamente la Carlos III me tiene un poco harto. Y no sé por qué me he dado cuenta ahora si llevo tres años.

Estoy decepcionado con la gente. Esta mañana, un ejemplo más, en la tienda de Antonio, de que no vale la pena hacerle un favor a nadie, porque a la mínima pasarán de ti o te cogerán el brazo si les ofreces la mano. Nota mental: no hacer favores a gente que no esté claro que se lo merecen.

Y para rematar la cosa, hoy tengo el día tonto. No he hecho nada (bueno, configurar el nuevo Mac Mini de mi hermana) y tengo la cabeza llena de trastos que sólo molestan, pero a las que no dejo de darles vueltas. ¿No tienes una solución para eso? Si uno pudiera borrar la memoria con zumos de limón, o al estilo de “Olvídate de mí”, sería fantástico.

Pero no todo es negativo, válgame Dios que no. Por ejemplo, hoy en clase hemos hecho algo tan tonto como tirarnos en el cesped y jugar con una bolita de papel. Esa chorrada era algo que echaba mucho de menos. Siempre estamos metidos en clase, trabajos, prácticas en grupo, exámenes… para que cuando lleguen las 3 nos vayamos a casa a encerrarnos. Nos estamos perdiendo lo mejor de ser estudiantes, y eso sí que no. No voy a ser un vago, pero quiero disfrutar bien estos años. No me corren prisa los cursos de humanidades, o hacer las prácticas ya mismo o las de libre elección. Quiero perderme un poco también.

Además, hoy el chico-mono-que-me-da-morbo-de-clase ha venido al examen, y con eso uno se alegra la vista, claro que sí. Y por la tarde he conocido a uno muy majo por internet, así que a lo mejor no toda la humanidad es mala, ¿no?, quizás sólo los fans de Lina Morgan y los que votan a Bush, que juntos ya deben ser un huevo. Y viceversa.

Y son la una de la mañana, y harto de dar vueltas en la cama me levanto a ver si soltando esto de la cabeza puedo dormir de una vez, que mañana hay que estudiar.

Moda

“Ha muerto Yves Saint-Laurent. ¡Qué bien debe vestir Dios, siempre se lleva a los mejores! Ahí tienes a Ágatha Ruiz de la Prada: ni un resfriado.”

El Intermedio

Un año y medio de Yoigo


Con la entrada del mes de junio, Yoigo cumple su primer año y medio de vida, una fecha quizás no muy redonda pero significativa en el caso de un operador móvil, ya que es el momento en el que acaban sus primeros contratos de permanencia.

A principios de diciembre de 2006 se lanzaba un nuevo operador móvil en nuestro país, tras muchos años de oligopolio de las tres grandes (con permiso de Carrefour móvil). Desde el principio, Yoigo quiso dejar claro que no era un operador virtual y que su filosofía iba a ser muy diferente a la que hasta entonces conocíamos. Sería una compañía centrada en las tarifas (lo que hizo que no regalara móviles), sin letra pequeña y que diría las cosas claras. Con cobertura propia, pero apoyada por la de Vodafone donde fallaba.

Así lo demostró desde un primer momento, lanzando unas tarifas revolucionarias en su momento: 12 céntimos minuto a cualquier destino y hora. Obtener una tarifa similar en Movistar, por ejemplo, requería un consumo de 90 euros al mes. Además, por primera vez las llamadas costaban lo mismo tanto para clientes de contrato como de tarjeta, aunque también introdujo algo nunca visto: el consumo mínimo en prepago. También fue revolucionaria su tarifa de datos, que nos permite conectarnos sin límites pagando un máximo de 1,20 euros al día.

Pero sin duda, el momento en el que Yoigo demostró ser una operadora diferente fue algún tiempo después, en marzo de 2007, cuando la Ley de Consumo obligó a todas las compañías a facturar las llamadas por segundos. Yoigo fue de las pocas que aplicó esta norma sin subir un céntimo las tarifas. Y por si fuera poco, en noviembre lanzó algo aún más revolucionario: las llamadas entre clientes serían gratis, sólo pagando el establecimiento de llamada. Lo nunca visto.

Pero las cosas comenzaron a complicarse en ese momento.

Sólo cuatro meses después de haber lanzado esta tarifa (y habiendo jurado y perjurado que no se trataba de una promoción), Yoigo la limitaba a una hora diaria, subiendo de facto sus tarifas por primera vez.

Además, surgieron nuevas operadoras (principalmente Simyo, de KPN) que mejoraban las tarifas de Yoigo, y sin consumo mínimo mensual. Al poco tiempo, este virtual lanzó también su promoción de llamadas gratis entre clientes, aunque limitada desde un principio a los 10 primeros minutos de cada llamada.

Lo último ha sido la firma de un acuerdo con Movistar para usar su red (lo que convierte a Yoigo en el operador con mayor cobertura), la venta de móviles a 0 euros en contrato y una nueva subida de tarifas, en este caso las internacionales.

Muchos critican a Yoigo por haber permanecido inmóvil todo este año y medio, sin bajar sus tarifas pese al aumento de la competencia, incumplir sus promesas o haber tardado más de un año en poner en marcha el área de clientes de su web.

Sin duda, el cuarto operador de nuestro país tiene tareas pendientes. No sólo recuperar la confianza de muchos, sino también poner en marcha una oferta para empresas y autónomos, un programa de renovación de móviles (¿sistema de puntos?), ofrecer servicios 3G (no olvidemos que su licencia es UMTS) o actualizar sus tarifas, actualmente desfasadas cuando hay operadores que ya las ofrecen a 8 céntimos por minuto, como MásMóvil. Además, siguen los rumores sobre la compra de TeliaSonera por parte de Orange, lo que posiblemente les obligaría a deshacerse de Yoigo en España…

Vía | Xataka Móvil