Once mentiras sobre el tranvía en Madrid

Un tranvía en Barcelona. Foto de Antonio Rodriguez.

Somos muchos los que pensamos que el tranvía debería volver a Madrid. Y son muchos los que piensan que estamos locos por ello, que los tranvías se eliminaron porque son algo atrasado (y molestaban a los coches) y no hay que recuperarlo.

Los amigos de la PTP (asociación a la que pertenezco desde hace unos días) nos han visitado, y entre el material que han traído está un Cuaderno Cívico de La Vanguardia en el que se recogen los principales falsos mitos sobre el tranvía. Basándome en ellos, haré una lista de los más generalizados:

1. En las grandes ciudades no hay tranvías
Depende de lo que entendamos por “gran ciudad”. ¿Te parecen “grandes ciudades” algunas como Londres, París, Milán, Roma, Amsterdam, Bruselas, Estocolmo, Francfort, Viena…? Pues todas ellas, y un centenar más, tienen tranvías. Y en España ya lo disfrutan otras como Barcelona, Valencia, Sevilla o Bilbao.

2. El tranvía es algo del pasado
Es cierto que el tranvía se inventó hace mucho, pero eso no hace que sea viejo. Puede que tengas en mente las fotos en blanco y negro de los tranvías de la postguerra, pero las cosas han cambiado mucho. Los nuevos tranvías son modernos, bastante bonitos, de piso bajo y con una estética muy similar a la de un moderno tren de metro. El Metro de Madrid va a cumplir 90 años, ¿también es algo viejo? ¿lo cerramos? Por no hablar de los automóviles…

3. Perjudica la fluidez del tráfico
La cuestión está mal planteada: en realidad, son los coches los que perjudican al transporte de superficie y no al revés. El transporte público es el más ecológico y solidario, ya que beneficia incluso a quienes no lo utilizan (menor contaminación, menor ocupación de espacio público…): por lo tanto, está claro a cuál hay que dar prioridad.
Un tranvía puede transportar el equivalente a 174 coches en mucho menos espacio: no me dirás que eso no mejora el aspecto de una calle. Además, hace la ciudad más habitable. Por toda Europa encontrarás zonas en las que peatones y tranvías conviven tranquilamente. Incluso aquí cerca tenemos un ejemplo: Parla, cuya importante calle Real se peatonalizó para crear el tranvía y es un ejemplo de mejora de la zona.

4. El tranvía es poco ecológico
El tranvía es el medio colectivo que menos energía consume, y además es eléctrica, que puede obtenerse de fuentes limpias (de hecho, gracias a la liberalización del sector, se puede elegir un proveedor cuya electricidad sea completamente de fuentes renovables). Sin embargo, la gasolina que utilizan los coches sólo puede obtenerse del petróleo.
La idea de que hay que cortar árboles para establecer un tranvía no es cierta: ¿hay que cortarlos para crear un carril bus? ¿y para crear un carril bici? ¿y uno de coches? Todo dependerá de la estructura de la calle. Aun si en un caso extremo hubiera que cortarlos, el CO2 que se deja de emitir gracias al tranvía es mucho mayor que el que absorben los árboles que se hubiesen tenido que cortar.

5. El tranvía se superpone al metro y al autobús
El sistema de transportes debe contar con diferentes medios. Cada uno juega su papel, e intentar reemplazar uno por otro hace que funcione mal. El tranvía es un medio de proximidad, de mayor capacidad que el autobús, pero menor que el metro. Es ideal para grandes ejes, como por ejemplo la Castellana, Prado-Recoletos…

6. Un trolebús sería mejor que un tranvía
Un trolebús puede ser, en todo caso, una alternativa al autobús (ya que no es más que uno con motor eléctrico), pero en todos los aspectos en los que el tranvía gana al autobús también lo hace al trolebús: capacidad, eficiencia, accesibilidad, velocidad…

7. El tranvía provoca accidentes
Al contrario: el tranvía es el medio más seguro. Es tres veces más seguro que un autobús, treinta veces más que un coche y cien veces más que una moto, según datos de la UITP. Además, el tranvía es un sistema guiado: no puede salirse de la vía. Por ello, la inmensa mayoría de los accidentes entre coches y tranvías son culpa de los primeros, que han invadido las vías cuando saltándose un semáforo o una señal. De la misma manera, también es más seguro para los peatones: sabes perfectamente por dónde va a pasar, sólo tienes que apartarte cuando lo haga.

8. Es ruidoso
Los tranvías no son ruidosos. Al contrario, hacen que las calles sean más silenciosas al provocar que la gente deje de usar sus coches (más ruidosos) y comiencen a viajar en tranvía. Y por supuesto, un tranvía hace menos ruido que un coche. Y eso que, en capacidad, equivale a muchos.

9. Es demasiado silencioso
Que exista esta queja es una prueba de que la anterior es falsa. Es cierto que el tranvía apenas hace ruido, pero eso no es algo malo. No podemos defender un modelo de ciudad en el que los vehículos deban advertirse unos a otros a golpe de bocina. Si se hace caso al código de circulación no habrá incidentes. En todo caso, el tranvía tiene un aviso con un sonido de campanillas bastante más agradable que el de un claxon de coche.

10. Es mejor reforzar la red de autobuses que construir tranvías
En muchas ocasiones, los autobuses están al límite de su capacidad. Todos hemos visto ejes en los que hay colas de autobuses entorpeciéndose unos a otros, provocando una velocidad muy lenta y poca calidad en el servicio. Un tranvía tiene la capacidad de tres autobuses (e incluso de seis, si viaja en doble composición), ganando en comodidad y velocidad.

11. Si se estropea un tranvía, se corta todo el servicio.
Este es otro tópico injusto. Un tranvía es mucho más fiable que un autobús, por ejemplo. En todo caso, si se estropease, es posible que la unidad sea remolcada hasta las cocheras por la que venga detras, empujándola, sin necesidad de cortar la línea. Mucho más complicado es sacar un autobús estropeado de un carril bus de los que tienen barreras, por ejemplo.

La caza


“Hoy vamos a ver ‘La Caza”. “¿La caza de quién, pisha?”. Ya está. Este fue el momento más divertido de la clase de ayer. La cosa pintaba bien: por fin nos han cambiado de aula, tras muchas quejas. El aula anterior tenía unos bancos metálicos fijos en el suelo, las mesas (también fijas) demasiado altas, estrechas y alejadas… con lo cual, tomar apuntes durante cuatro horas allí era lo más parecido a un potro de tortura que podemos encontrar en 2008. No puedo creer que un edificio inaugurado en 2001 tenga unas aulas en las que es imposible tomar apuntes sin acabar con dolor de espalda, manos y cabeza. Nuestra nueva clase tiene sillas blanditas, de ruedas, con la espalda regulable… vamos, un lujo. Las mesas son enormes, nos cabe todo (en las anteriores, sólo cabía un folio a lo largo y a lo ancho).

Pero todo esto no sirvió de mucho. Nada más comenzar la clase, el profesor decidió que en vez de explicar cosas como siempre, iba a dedicar la clase a contar cómo tendríamos que hacer nuestro trabajo de fin de curso. Lo que se dice agobiarnos, para gente como yo. Después, vimos La Caza, una película larga, lenta, aburrida y amarga. No os la recomiendo. De hecho, al final de este post os voy a destripar el final para que no la veáis.

El tercer elemento que hacía que se mascase la tragedia es que, desde el domingo yo llevaba en mi cuerpo unas seis horas de sueño. No sé por qué, pero yo me acostaba (pongamos) a las doce de la noche, muerto de sueño, y no me podía dormir. Cinco horas dando vueltas por la cama, leyendo trozos de libros, contando ovejas, contando rebaños… menudo máster en ganadería ovina me hice. Y así dos noches.

Se mascaba la tragedia. Una clase a oscuras, una película lenta, en blanco y negro, sillas cómodas y yo muerto de sueño… pero resistí. Me tragué toda la película, que no recomiendo a nadie. Como su propio nombre indica, es de una cacería. Unos amigos se van a matar conejos, y para que quede bien claro, a lo largo de la película mueren unos cien. Pero no mueren peluches, no. Queda bien claro que son conejos de verdad. Yo me tapaba los ojos cada vez que veía que iban a disparar, porque el director no escatimaba en detalles para mostrar animales muriendo. Que si el disparo, que si la sangre, cómo le arrancan la piel… y no sólo conejos. Pasa un hurón por allí y también muere. Van a un pueblo a comprar pan y -qué casualidad- estaban de matanza.

Al final de la película se mueren los amigos. Y precisamente es lo que menos impresión me dió, no sé si a) porque estamos tan acostumbrados a la violencia que no nos impresiona ver a una persona muriendo en pantalla o b) me imagino que no matarían a los actores de verdad, pero a los conejos seguro que no les hicieron efectos especiales. Y no os quejéis de que os haya reventado el final, porque por mucho que sea de culto, la película es un rollo y demasiado amarga para gente tan alegre y dicharachera como nosotros. Y además os he avisado hace media hora.

Quiero ser como Mihura (el escritor, no el de los toros)

Ya es oficial: mi escritor favorito es Miguel Mihura. Hoy me he sacado de la biblioteca un libro de casi 2000 páginas con toda su obra. En uno de los prólogos, escribe una entrevista que le hicieron en una ocasión. Os copio la parte más divertida:

Pregunta: ¿Qué hizo usted ayer?
Respuesta: Ayer no hice absolutamente nada, pero pensé muchísimo en todo lo que tenía que hacer hoy.

P: Y hoy, ¿qué ha hecho usted?
R: Pensar intensamente en todo lo que tengo que hacer mañana.

P: ¿Y qué hará usted mañana?
R: Mañana me daré cuenta de que todo lo que tenía que hacer yo -artículos, chistes, comedias, novelas- lo habrán hecho ya otros señores, y entonces yo me quedaré muy tranquilo y me echaré a dormir. Soy un fatalista terrible.

P: ¿Por qué?
R: Porque es la forma más elegante de ser un vago elevado al cubo.

P: ¿Siempre ha sido usted así?
R: No. Para llegar a esto he tenido que trabajar mucho durante veinte años y ganar bastante dinero. Después, del mismo modo que otros se compran un despacho Renacimiento, o una villa frente al mar, yo he comprado una gran pereza que cuido amorosamente para que no le falte ningún detalle. Todos los días ideo para ella una cama especial, una forma distinta de dormir la siesta, un nuevo pretexto para no hacer nada, una postura más cómoda para mirar al cielo. Y así espero presentar mi pereza en la primera exposición de perezas internacionales que haya y ganar la medalla de honor.

Daría un brazo (de otro) por llegar a escribir así algún día.

¿Dia cambia de logo?

No sé si es oficial, pero en la web de los supermercados más cutres del mundo, Dia, ya han cambiado el logo por uno más estilizado:


Confieso que llevaba tiempo con la idea en la cabeza de retocar el logo… lo curioso es que hasta hace unos meses, estuvieron reformando y cambiando los rótulos de sus supermercados. ¿Tocará un nuevo cambio ahora, o como es muy sutil confiarán en que nadie se dé cuenta?

Guerra de virtuales: todo a 8 céntimos


Llevamos unas semanas más movidas de lo normal en el mundo de la telefonía móvil. O más bien, entre los pequeños operadores: Yoigo, Simyo y Más Móvil. Pero hagamos un poco de memoria:

Yoigo nació con una tarifa de 12 céntimos por minuto, a cualquier hora. En su momento fue una revolución. Pedía un consumo mínimo de 6 euros al mes, pero todos entendimos que una tarifa tan buena, incluso en prepago, valía la pena. Y el bombazo fue cuando anunciaron que las llamadas entre clientes serían gratis, sin límites. No era una promoción, era una tarifa definitiva. Para siempre. Desde el principio me gustaron: iban de frente, sin trucos, transparentes, con una comunicación muy divertida, y diferentes al resto de operadores: sin tiendas, sin letra pequeña…

Pero más tarde surgieron otros operadores, con tarifas más bajas. Yoigo se defendía: nuestro precio será más caro, pero tienes llamadas internas gratuitas… hasta que a los tres meses decidieron recortarlas a una hora como máximo al día, con la excusa de que algunos clientes abusaban de ello. Aun hoy, no entiendo cómo una empresa tan grande no tenía un cálculo de riesgos. El ridículo de tener que retirar a los tres meses una oferta “para toda la vida” fue mayúsculo, y para mucha gente acabó con su imagen de honestidad.

Y llegó Simyo, que desde el principio se vio que pisaba fuerte. Presentó la tarifa más barata hasta la fecha: 9 céntimos minuto… y sin consumo mínimo. Y a las pocas semanas, las llamadas entre clientes eran gratis los 10 primeros minutos de cada llamada. Vale, no era como las llamadas ilimitadas que había ofrecido Yoigo meses antes, pero al menos estos ponían los límites desde el principio, sin encontrarte una rectificación a los pocos meses. Lo malo es que en sus primeras semanas, Simyo era un poco caótica, con muchas incidencias y un teléfono de atención permanentemente colapsado.

También surgió Más Móvil, que traía la tarifa más barata, 8 céntimos, aunque con truco. Para tener esta tarifa había que contratar una recarga automática. Además, tenía consumo mínimo y estaba previsto que las llamadas a Atención al Cliente tuviesen coste. Que el propio director ejecutivo (o CEO, que es lo que mola decir) fuese el encargado de responder a las dudas de los clientes en blogs y foros no me dio mucha confianza.

Ya tenemos a los tres elementos de nuestra historia: Yoigo, Simyo y Más Móvil. Ahora viene lo que ha sucedido en las últimas semanas.

Yoigo decide luchar directamente contra Simyo y Más Móvil lanzando su propia tarifa de 8 céntimos. Aunque a primera vista parece un acierto, pronto vemos que está llena de desventajas: no hay llamadas gratis (ni siquiera baratas) entre clientes y tiene el mismo consumo mínimo que la tarifa de siempre: 6 euros al mes. Puede que en sus inicios, cuando estos precios eran sorprendentes, el consumo mínimo estuviese justificado. Pero ahora ya sabemos que se pueden tener buenas tarifas sin comprometernos a gastar nada al mes. Además, tener dos tarifas (es decir, obligar al usuario a tener que calcular a quién llama más) va en contra de la filosofía de “ahorro simple” de Yoigo, de despreocuparte y simplemente llamar.

De todas formas, la filosofía de Yoigo poco a poco comenzaba a deshacerse, especialmente desde el Cerazo. Cada vez eran más un operador tradicional. Subían tarifas internacionales (ocultando la subida entre parrafadas de texto), abrían sus propias tiendas, comenzaban a tener letra pequeña…

Simyo respondió rápidamente, bajando su tarifa a los 8 céntimos. En un solo día habían neutralizado toda la campaña de Yoigo: ofrecen el mismo precio, sin tener que somprometerse a consumir nada cada mes, sin tener que cambiarse de tarifa y manteniendo las llamadas gratuitas entre clientes. Lo malo es que los mensajes, y las llamadas entre clientes (a partir del minuto once) siguieron costando 9 céntimos, así que las tarifas quedan un poco raras de ver. Pero de todas formas, supongo que esa noche más de uno echó espuma por la boca en Alcobendas.

Nos queda Más Móvil. Todo el mundo había copiado y mejorado su tarifa, y algo tenían que hacer para no quedarse atrás. Y hoy, por fin, han reaccionado. Ofrecen dos minutos de llamada gratis entre clientes. Sin eliminar el compromiso de recarga.

Esta es una de las veces en las que más vale no hacer nada que hacerlo mal. Si Más Móvil no hubera hecho nada, todos pensaríamos que todavía no han querido (o podido) reaccionar. Pero cuando lanzan algo tan escaso como dos minutos de llamada gratuitos, dejan que se vea que no tienen capacidad de hacer nada más. Han conseguido decepcionar a sus clientes, haciendo un amago de ponerse a la altura de las demás sin lograrlo. Simyo ofrece 10 en cada llamada; Yoigo, 60 a lo largo del día… Muchos defienden a Más Móvil frente a las demás diciendo que su servicio de atención al cliente, que temporalmente es gratuito, es el mejor de las tres. Puede que tengan razón, pero hay que valorar, ¿qué usas más, atención al cliente o las llamadas? Y siendo sincero, en publicidad es mucho más fácil vender un precio que un valor como la calidad del SAC. Lo cual no quiere decir que me guste que me mareen cuando llamo a atención al cliente, por supuesto.

En todo caso, lo que nos interesa es que se piquen entre ellas. Que sigan bajando precios, ampliando servicios. Por una vez, será una guerra que nos beneficiará a todos.

Para simplificar la historia a los no aficionados a los móviles, he generalizado un poco. He omitido el precio del establecimiento de llamada, y he considerado como “gratis” las llamadas entre clientes en las que sólo se cobra el establecimiento. Sabreis disculparlo.

Fallos en RSS

Me avisan de que el RSS del blog llega mal. Como soy un zote y no he podido comprobar qué es lo que falla, os pido vuestra colaboración: ¿podéis leer bien las entradas en vuestro lector de blogs? ¿alguna idea sobre lo que puede fallar, trucos, consejos?

¡Gracias!

Un peso de encima

Llevas tiempo dándole vueltas. A veces cambias de opinión, otras veces vuelves a pensar como antes. Te haces un lío. Según cómo lo miras parece cambiar.

Y de repente un día, justo al despertarte, se te ilumina la bombilla de las ideas. De repente lo has comprendido todo, y tiene sentido. Completamente. Y te quedas más tranquilo por haberte quitado ese peso de encima.

Y sin razón aparente, estás más contento.