Yo no recomendaría la Universidad Carlos III

Llevo más de un año con la idea de este post en la cabeza. Primero eran quejas sueltas, luego las vas compartiendo con los compañeros y ves que muchos de ellos piensan igual. Incluso pensé en redactar una carta de protesta y que la firmase todo el que estuviese de acuerdo. Pero creo que lo más sencillo es contarlo en el blog. Puede que a alguien le sea de utilidad.

Vamos al grano: yo no recomiendo la Universidad Carlos III si quieres estudiar Comunicación Audiovisual. Sí, se trata de la facultad donde curso mis estudios y donde, con suerte, me voy a graduar dentro de poco.

Mi universidad de referencia, en la que hice la Selectividad, era la Complutense. Allí fueron la mayoría de mis compañeros de instituto, y es donde habría acabado yo de no ser por una visita que hicimos a la UC3M (otra manera de llamarla) en una jornada de puertas abiertas. La universidad me encantó. Completamente nueva, con unas instalaciones relucientes, grupos relativamente pequeños (unos 60 por clase), plató de televisión, estudios de radio, material para prácticas, un ordenador con proyector en todas las aulas… y todo ello en Getafe y llena de servicios, muy cuidados todos.

Sin embargo, de nada te sirve una universidad así de ‘pija’, que quiere parecer privada, cuando tu carrera va al tuntún. Como muestra, un botón: estoy en 4º curso, es decir, el último. Mi carrera es Comunicación Audiovisual. ¿Os podéis creer que lo más cerca que he estado de manejar una cámara de vídeo haya sido cuando el otro día proyectaron una foto de una en la pizarra?

En toda la carrera apenas hemos realizado prácticas. En fotoperiodismo, por ejemplo, consistían en dos horas libres en las cuales cogíamos una cámara reflex por cada 10 alumnos, y nos enseñábamos a manejarla unos a otros. Hacíamos fotos por el campus como Dios nos daba a entender y luego las veíamos en clase como quien ve un anuncio de la tele. Las instrucciones de la profesora se limitaban a pasar el manual de la cámara fotocopiado y a hacernos leer en voz alta (al más puro estilo de cuarto de primaria) las biografías de importantes fotógrafos que no servirían para nada (y me alegro de ello, porque aprender vidas de gente no me enseña fotoperiodismo), ya que el examen final de tipo test tenía un nivel con el que lo habríamos aprobado aun haciéndolo el primer día de clase. Las notas oscilaron entre el notable y la matricula de honor.

Es cierto, la universidad tiene estudios de radio. Y en toda la carrera, sólo hay dos asignaturas de esta temática. Dos. Una en primero y otra en cuarto. Y claro, cuando después de tres años vuelves a entrar en aquellas salas, apenas recuerdas nada. ¿Será porque ha pasado mucho tiempo? ¿O porque en primero nuestras prácticas eran de media hora cada quince días?

Si las quieres hacer por tu cuenta, tampoco te hagas ilusiones. Un grupo de amigos logramos el permiso para ir por las tardes a grabar material y practicar. Todo fue bien hasta que un día nos los encontramos cerrados, y sin ninguna explicación por parte de la responsable.

¿El plató de televisión? He entrado dos veces. Bueno, tres. La primera: una vez que me coló una amiga, recién llegado a la universidad. La segunda, cuando insistimos para tener un sitio donde grabar un cortometraje, usando nuestro propio material (y sin tocar nada). Y la tercera, para hacerme las fotos de la orla de fin de carrera. ¿Entrar con un profesor? ¿Hacer prácticas ahí dentro? ¡ciencia ficción!

Y es que tampoco hemos hecho prácticas de televisión, como el resto de cursos de la carrera. Ellos salían a hacer reportajes por el campus, con su cámara, sus micrófonos, haciendo de reporteros, etcétera y luego los editaban, hacían un informativo en plató… nosotros nos quedábamos en clase apuntando que en el Telediario de TVE la cabecera duraba X segundos, o que después de los titulares comenzaba tal sección. Nos hicieron escribir un plan para grabar un reportaje, prometiendo que haríamos la práctica en el cuatrimestre siguiente. Nunca más se supo, porque el profesor al que le tocaba también decidió cambiar su temario convirtiendo la asignatura en algo totalmente distinto a lo que rezaba su nombre.

Algo parecido pasó con un guión que escribimos en segundo y que debíamos grabar en tercero. Nunca más se supo. Y como esto, múltiples ejemplos de profesores que moldean la asignatura a su antojo y dan los contenidos que quieren, o que les gustan, o que les ordenan, qué se yo.

Y es que debemos ser el curso más afectado por este tipo de cambios. Comprendo que existe libertad de cátedra, pero cuando llegas a una asignatura y lo que da el profesor no tiene absolutamente nada que ver con el título, te mosqueas. Y que pase una vez, bueno, pero que por sistema en cada cuatrimestre haya al menos una asignatura moldeada a gusto del catedrático es indignante.

A veces creo que la universidad es una institución onanista, donde algunos profesionales acuden a deleitarse escuchándose a sí mismos hablando sobre sus temas favoritos, sin importar que ello se adecue a nuestra carrera, el programa o nuestros intereses como futuros comunicadores. Llegan, hablan y se van. Sin importar que no sepan enseñar, que no sepan explicarse… porque no lo hacen por nosotros. Lo hacen por su tema. Los alumnos son un mal menor que hay que tener ahí.

El lado contrario son los profesores que no saben nada de su asignatura. Llegan y hablan de sus cosas. O leen las diapositivas que proyectan. Te dan un libro de texto y en eso va a consistir el examen: vosotros estudiad el libro, que de ahí voy a sacar las preguntas. Y no os preocupéis, que podréis consultarlo mientras hacéis el examen (caso verídico). El típico profesor al que no le haces preguntas demasiado difíciles porque sabes (y lo has visto en clase) que desconoce la respuesta tanto como tú.

No me quejo de que haya asignaturas poco relacionadas con la carrera (Teoría del Derecho, Economía…) o que no me gusten. Me quejo de que una carrera que pretende formar comunicadores multimedia (multi-media, para varios medios) centre el 90% de su contenido en el cine (industria en la que no trabajará ni el 5% de la clase, con suerte). Me quejo de que se nos prometió una carrera, un plan de estudios y unas prácticas que parecen haberse quedado en los folletos, preciosos, eso sí.

No sé si la culpa es de los profesores, del rector, del sistema, del ministerio, de Europa o de quién. Pero estoy harto de haber perdido cuatro años en una carrera llena de cosas geniales, pero también de chapuzas impropias de una universidad.

Puede que hayamos sido la promoción con peor suerte de la universidad, aunque hay cosas (como la distribución de asignaturas) que no eran exclusivas nuestras. No sé cómo serán los nuevos cursos de grado. Pero personalmente, si fuese a hacer Comunicación, no me matricularía en la Carlos III. Si acaso en la Rey Juan Carlos (ya que de la Complutense algunos amigos que vienen de allí me han hablado bastante mal), o en una privada. Y siento decir esto.

Por supuesto, la UC3M tiene muchísimas cosas buenas. Grandes profesionales, profesores con los que he aprendido mucho. Pero estas cos
as

son las que te fastidian y hacen que el resto te sepa peor.

Los Simpson estrenan cabecera

Vía el blog de Jorge (del que descubro por casualidad que está de Erasmus en Francia con una amiga mía) os pongo la nueva cabecera de Los Simpson, en panorámico y alta definición. Sí, en EEUU ya emiten así, mientras que aquí es algo de ciencia ficción o reservado a cuatro programas de la TDT.

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Con esta, ya es la tercera cabecera de la serie, si no recuerdo mal. En la primera temporada había una muy parecida a la actual, en la que cambiaban algunos detalles como que Bart se llevaba una parada de bus (haciendo que éste pasara de largo para desesperación de los viajeros) o que el señor Burns no vigilaba a Homer en sus labores de la central nuclear.

La 'señal institucional' de los mítines

La primera vez que fui a un mitin, me sorprendió lo medido que estaba todo. Y es que un mitin no es más que un gigantesco programa de televisión en el que todo está medido. Como decía Jorge esta mañana, el motivo del espectáculo no es convencer a los que van (que ya son simpatizantes o afiliados del partido), sino arañar unos minutillos de los informativos para transmitir su mejor imagen. De hecho, cuando alguna cadena conecta con el mitin en directo, el político es avisado con una señal para que ‘cuele’ los mensajes que le interesan. Así, por ejemplo, un aspirante Zapatero pudo proclamar en la TVE de Urdaci sus quejas sobre la manipulación informativa.

Asesores de imagen, expertos en comunicación audiovisual, psicólogos, diseñadores… todos cuidan de que la imagen que salga sea la que quieren transmitir. Por eso no es extraño que desde hace unos años detrás del orador haya una fila de gente, a veces con banderitas, logos del partido… y si tienes suerte y puedes meter un negro o un sudamericano, mucho mejor (ya lo demostró el Follonero en su programa ‘Salvados por la campaña’ colando al mismo chaval negro en los mítines de PSOE y PP). Que haya una bandera en tal lugar, o unos plasmas, o luces de tal color nunca es casualidad. Depende de si queremos transmitir ‘integración’, ‘tecnología’, ‘humildad’, ‘patriotismo’ o lo que sea.

Todo está tan medido que incluso la señal de TV está realizada por el mismo partido (se contrata a una productora para ello). Para las televisiones es más cómodo y barato, porque sólo tienen que pinchar la señal, que además es de gran calidad. Sin embargo, es un flaco favor para el periodismo, porque las imágenes también pueden manipular: tomando los planos que más favorezcan al candidato, por ejemplo. En un mitin del PSOE al que acudí, no lograron llenar todo el polideportivo en el que se celebraba, así que colocaron a toda la gente en las primeras filas y movieron las cámaras para no mostrar en el telediario las decenas de asientos vacíos.

Muchos periodistas consideraban que, si se iba a utilizar una imagen externa a la propia cadena, así debía indicarse al público. No sabía en qué había quedado esa petición, hasta que me he encontrado hace un rato el pertinente aviso en el Telediario de TVE en cada uno de los mítines de los partidos:


Ya que para las cadenas sería inasumible montar tal dispositivo en cada mitin (aparte de que se pisarían unas a otras), me alegro de que los espectadores estén mejor informados.

¿Crees que las marcas no te influyen?

A veces podemos pensar que las marcas no tienen influencia en nuestra vida… pero en realidad muchas ya son parte de nuestra cultura, para bien o para mal.


Por eso, merendamos bocadillos de
nocilla en pan bimbo envueltos en papel albal, o si tenemos un día goloso compraremos un chupachús, un huevo kinder y una bolsa de gusanitos. Todo ello regado con cualquier cocacola de marca blanca. Y si te manchas, coge un clínex.

En el trabajo, escribimos con un pilot las notas en postit, y si nos equivocamos corregimos con típex. Si tenemos que hacer un cartel, tiramos de edding y lo pegamos con celo.

Al llegar a casa, comemos cualquier cosa de un táper, y rebuscamos en los armarios para tomarnos alguna aspirina que nos alivie el dolor de cabeza. Y si no oyes nada, tal vez sea la hora de cambiar las pilas al sonotone.

Es cierto que hay distintos tipos de marca-genérica. Por ejemplo, ninguno llamaríamos cocacola a la bebida de Pepsi… pero sí a la “bebida de cola Carrefour”. Tampoco llamaríamos “colacao” al Nesquik, pero sí al “Cacao en polvo Auchán”. Peeero no todos los artículos tienen esa suerte: al agua mineral Carrefour nadie la llamará “fontvella de marca blanca”. Pobre.

Cuando hay pocas, no se nota porque no hay genéricos: por ejemplo, nadie dice “voy a unos grandes almacenes” (que suena como si te presentan a su chico y dices “es mi compañero sentimental”). Dices que te vas a El Corte Inglés, o a la Fnac, o a donde sea. Sin embargo, en otras ya da igual: sea de la marca que sea, el pan de molde y el papel de aluminio jamás recibirán otro nombre que pan bimbo y papel albal. Es lo que tiene ser pionero. Y por último, hay veces que ni siquiera somos conscientes de estar usando una marca al hablar (como el caso de celo, que viene de Cello-tape, o velcro y lycra, también marcas registradas).

Y es que sin marcas suena más… artificial. A diálogo de serie española o de telediario:

Merendamos bocadillos de crema de cacao en pan de molde envueltos en papel de aluminio, o si tenemos un día goloso compraremos un caramelo con palo, un huevo de chocolate y una bolsa de snack de maíz. Todo ello regado con cualquier bebida de cola de marca blanca. Y si te manchas, coge un pañuelo desechable.

En el trabajo, escribimos con un bolígrafo de tinta líquida las notas en notas adhesivas, y si nos equivocamos corregimos con líquido corrector. Si tenemos que hacer un cartel, tiramos de rotulador permanente y lo pegamos con cinta adhesiva.

Al llegar a casa, comemos cualquier cosa de una tartera de plástico, y rebuscamos en los armarios para tomarnos alguna pastilla que nos alivie el dolor de cabeza. Y si no oyes nada, tal vez sea la hora de cambiar las pilas al audífono.

Lo que importa y lo que no

El PP no condena el franquismo ni retira los títulos honoríficos a Franco porque es algo que no interesa a la gente.

El PP no apoya el matrimonio entre personas del mismo sexo porque cree que no es una demanda social.

El PP considera que no hay que reformar la ley del aborto porque no le importa a la ciudadanía.

El PP se niega a pactar un director neutral de Telemadrid, como se hace ahora en TVE, porque no es un asunto de interés ciudadano.


Unos hachas, en esto de captar el sentir popular.

(A lo mejor la solución para aplicar la ley de memoria histórica va a ser que todas las calles, instituciones, avenidas y estatuas de Franco pasen a serlo de Adolfo Suárez).

Matutano recupera la sonrisa

El otro día Nines me regaló esta chapa:


Se trata de una campaña de Matutano, que lanza su nueva marca. Yo estaba un poco perdido y no sabía si se trataba de un restyling o de un nuevo logo, y he buscado algo de información, porque la sonrisa me sonaba. Al parecer, han recuperado al muchacho con sonrisa tamaño king size tras una época con un logo bastante soso (al estilo del de Lay’s, otra de las marcas del grupo Pepsico):

He hecho una foto a la chapa para el tercer paso
porque no hay manera de encontrar la nueva marca por internet.

La nueva marca recupera la sonrisa del chavalín y ha sido creada por Morillas Brand Design. Ahora, por lo que dicen, tendrá más protagonismo, ya que en los últimos años había pasado a una segunda fila.

La verdad es que me gusta mucho cómo ha quedado: la tipografía es genial, y la sonrisa, un logo muy ochentero que le va mucho al producto. Y lo de hacer chapas con el logo (que siendo redondo, con un gran símbolo y en colores llamativos, se presta a ello), genial. Además, han cambiado los envases de algunos productos, como los Boca Bits. Hace un par de años, ya los habían remodelado de forma bastante extraña: antes tenían un aspecto moderno, juvenil, un poco ‘radical’, y les dieron una imagen de cosa sana, casi adelgazante. Ahora han optado por una cosa entre medias:

Me encantan los Boca Bits. Son adictivos.

Lo que nunca he terminado de entender es por qué se parecen tanto los logos de Matutano y de Risi. Hasta el otro día, yo pensé que eran el mismo (los snacks son un campo al que no presto mucha atención), pero no, son dos marcas en competencia con logos casi iguales:

La cortina de humo

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Os dejo un vídeo un poco largo (seis minutos y pico), pero muy recomendable. Se trata de un fragmento de la película “La cortina de humo”, muy divertida, que va de cómo un equipo de comunicación tratan de distraer a la opinión pública de un desliz del presidente de EEUU inventándose una guerra.

En esta escena, graban sobre un chroma la ‘huída’ de Albania de una chica. Es absolutamente divertida. Se pasan un poco con las posibilidades de postproducción, pero te haces una idea de lo que se puede manipular a las masas. Una película tan divertida que parece que no llevase mensaje.

Estoy quemado

Estoy quemado porque los horarios de la universidad son un caos. Si quieres sacarte la carrera en cuatro años, tienes que pasarte algunos días once horas encerrado en clase. ¡Once horas! No hay dios que aguante eso. Horas y horas escuchando a profesores que vienen, sueltan su rollo y se van. No les interesa enseñar, les interesa escucharse a sí mismos hablando de lo que sea. Paso. Seré más torpe que mis compañeros, pero si me apunto a todas las asignaturas obligatorias, optativas y de libre elección, mi estrés iba a alcanzar niveles preocupantes. Y acabaría matando a alguien y haciendo todo mal, y no es plan.

He decidido que al año que viene, más tranquilamente, me haré las asignaturas de libre elección que me quedan. Malo será que en dos cuatrimestres no me pueda sacar cinco asignaturas que yo habré elegido.

Pero lo que me ha terminado de empujar a tomar esta decisión es una cosa que nos sucedió el otro día. Yo ya temía que la asignatura de Libre Elección que había escogido me quitase mucho tiempo, pero decidí acudir a la primera clase. “Si no es muy difícil, me quedo” pensé con cara maliciosa. Pues la primera, en la frente. La asignatura había cambiado, había mutado. Antes era una panorámica por los medios de comunicación en Iberoamérica (cine, televisión). Pues ya no. Han cambiado los profesores y ahora se trata de Historia del Cine Mexicano. Así, sin avisar a los alumnos que la escogieron. No tengo nada en contra de que los mexicanos hagan películas, pero es un tema que no me mata. Por si acaso, decido quedarme un rato más. “El tema no me gusta, pero si es muy fácil me quedo”. Antes, esta asignatura no tenía exámenes. Ahora tiene examen, un trabajo escrito de investigación individual y puntúa la participación en clase. Nada, no me interesa.

Hoy se me ha venido a la mente cambiar esta asignatura por otra. “Venga, hombre, así al año que viene en vez de hacerte cinco te haces sólo cuatro”. Elijo la otra que me viene bien: una asignatura atractiva, sin examen, sin clases presenciales. Y no quedan plazas. Condenado a chuparme cinco asignaturas al año que viene.

A eso súmale que en otra de las asignaturas recién estrenadas me siento como un Erasmus. No por lo buenaco que estoy (que no lo estoy), sino porque en dos horas copiando lo que el profesor decía no he entendido una palabra. Como si hablase en francés. O en chino. Espero que la cosa mejore y para final de curso yo me haya enterado de algo, porque si no, mal vamos.

Y hoy he intentado ir a la peluquería porque el martes me hacen la foto para la orla (ese cuadro en el que salimos todos los estudiantes vestidos con un baby que cambia de color según la carrera que hayas hecho) y estaba llena de gente. Y entre todo eso, algunas movidas con otra gente, presión para organizar cosas y que duermo fatal, pues estoy que me subo por las paredes. Y sé que así no puedo seguir. Creo que este va a ser mi último año en bastantes cosas.