La TDT de pago

Así, de primeras, la TDT de pago es algo que suena mal. No por lo de TDT, sino por lo de pago. A nadie le hace gracia tener que pagar por ver televisión, y a muchos esto les recuerda a lo que pasó a principios de los 90. Entonces, el Gobierno llegó a la conclusión de que en España sólo podía haber tres canales privados, y produjo un escándalo al otorgar uno de ellos a un canal que sólo podrían ver quienes pagasen. Incomprensible: si estamos quejándonos de que técnicamente hay poca capacidad, ¡no la desperdiciemos con un canal para quien se lo pueda permitir! Tonterías que hace el PSOE cuando se le antojan a Prisa, supongo.

Sin embargo, con la TDT creo que la situación es distinta. La tecnología digital hace que en cada canal analógico puedan transmitirse varios digitales, y cada cadena actual va a tener en 2010 (cuando se produzca el apagón analógico) un multiplex para ella solita: es decir, unos cuatro o seis canales (depende de la calidad de imagen de cada uno, de si es en alta definición o no…). Por lo tanto, el hecho de que alguno de sus canales se convierta en oferta de pago no es tan grave.

Las cadenas actuales estaban acostumbradas a realizar contenidos para un solo canal, y de repente se encuentran con que tienen que alimentar dos más. Y lo cierto es que aunque en algunos casos lo han hecho más o menos bien (mención para Antena 3 y TVE), por lo general se trata de canales llenos de teletienda, concursos telefónicos, repeticiones de series amortizadas y producto barato en general. Ejemplos de ello son Telecinco 2, Hogar 10, FDF… en otros casos, directamente han cedido su programación para que se la haga otro, como Disney Channel e Intereconomía (que eran los dos canales de Net TV) o Sony TV (que era el segundo canal de Veo TV).

El Gobierno ha abierto la veda para que las empresas puedan solicitar tener canales de pago, y La Sexta (que es la más interesada porque sus dueños acumulan muchos derechos deportivos) ya ha mostrado su interés por sustituir Hogar 10 por Gol TV, un canal dedicado a fútbol que actualmente emite en plataformas de cable.

Como ya he dicho, creo que la TDT de pago es positiva. No conozco los planes del Gobierno, pero estoy suponiendo que cada empresa podrá explotar un máximo de un canal de pago, porque sería inconcebible que de los 30 canales que ofrece, más de la mitad fuesen restringidos.

Y es que la alternativa a los contenidos de pago no es que esos mismos contenidos se ofrezcan en abierto, por mucho que estos días La Sexta esté dando fútbol gratis. Las empresas no son tontas, y no van a ofrecer gratis algo que a ellas les requiere mucha inversión. No lo hacen ahora tampoco: cuando tienen contenidos premium, los emiten a través del satélite o el cable, donde sí pueden cobrar por ellos. La alternativa a la TDT de pago son canales que no interesan a quienes los hacen, llenos de basura, producto barato comprado al por mayor y repeticiones. Para eso, prefiero que haya un canal de pago, y que un día pueda decidir comprar una película o un episodio sin anuncios, de estreno.

Resumiendo: la TDT no se va a convertir en algo de pago. Simplemente, algunos de sus canales (no todos) van a ser sólo para suscriptores. Actualmente, la única manera de ver contenidos premium (fútbol, películas de estreno, etcétera) es suscribirse a Digital +, Imagenio o algún operador de cable, con lo que ello supone: tener cobertura en casa, firmar un contrato, hacer una instalación… la TDT de pago requerirá un decodificador especial (no como el de 30 euros que tenemos ahora en el salón), pero será común para todas las ofertas. Es decir, si este verano compras uno para ver Gol TV, y en otoño Telecinco lanza un canal de pago, también podrás verlo (si te abonas).

Publicidad catalana

A veces me gusta descargarme el cuadernillo de Cataluña de El País (qué curioso, El Mundo denuncia la persecución del castellano y ellos a su edición la llaman Catalunya) no sólo para que me den envidia con sus noticias sobre tranvías y porque es muchísimo mejor que su equivalente madrileño, sino también porque me encantan los anuncios institucionales del Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat. El tópico se cumple, y allí el diseño se valora mucho más. (¿Sabéis que este tipo de comentarios generan en algunos idiotas la necesidad imperiosa de decirte “Pues si tanto te gusta vete a vivir allí”?).

Algunos ejemplos:

El problema de los cumpleaños

El problema de los españoles es que no vigilamos bien nuestras prioridades. Tenemos todo manga por hombro, y así nos va. En los últimos años nos hemos entretenido con debates absurdos, como si Cataluña es una nación o no, si un presidente autonómico tiene que vender su coche, si el dos de mayo fuimos muy valientes o no… y de las cosas que importan, ni pío.

Por ejemplo, hay un tema muy importante sobre el que la ONU aún no se ha pronunciado y que creo que debería aclararse ya. Se trata de la canción de Cumpleaños Feliz. Vamos a ver, ¿hace cuánto que existe esta canción? Ya se la debían cantar a Marujita Díaz en sus años mozos, y todavía no nos hemos puesto de acuerdo sobre la parte más importante. Y es que la tragedia se masca nada más empezar:

Cumpleaños feeeeliz… (vale, hasta aquí vamos bien. Es tu cumpleaños y queremos que sea feliz)
Cumpleaños feliiiiizzz…. (repetimos el mensaje por su no ha quedado claro)
te deseeeeeaaaamooooos (chan-chan-chan, tensión: aquí viene lo gordo, ¿qué decimos ahora?)
toooodoooooos/Fernaaaaaaandooooo (que no suena así, en realidad la mitad de los invitados dicen una cosa y el resto otra, y suena “toooodaaaandooooooo”
Cumpleaños feeeeliz

¿Tan difícil es ponerse de acuerdo? ¿No puede salir el Rey en nochebuena y decir: “Queridos españoles, felices fiestas y tal, y a partir de ahora en la canción del cumpleaños se dirá el nombre del homenajeado”? No podemos aguantar esta incertidumbre en cada tarta.

También habría que ponerse de acuerdo con el tema de las velas. ¿Hay que poner una vela por cada año que cumples, una vela genérica o usar velas de estas con forma de número? Porque esto hay que aclararlo. Vamos a ver, pongamos que la norma suprema es que usemos una vela por cada año. ¡En mi último cumpleaños yo soplé una sola! ¿qué quiere decir eso? ¿que he cumplido un solo año? ¿dónde han ido los otros 21? ¿a Marujita Díaz?

A lo mejor es responsabilidad de la vela, que cuando la colocas en medio de la tarta tendría que asumir una posición de representación del resto de velas, como el Rey cuando va de caza a cumbres internacionales en nombre de todos los españoles. La vela tendría que llegar ahí, hundir sus piernecitas en el chocolate y exclamar “¡Por mí y por todas mis compañeras y por mí primera!”

Otro punto en el que nos tenemos que aclarar es el papel del cumpleañero. Nosotros llegamos con una tarta, encendemos las velas y comenzamos a cantar (mal, por cierto). Pero, ¿qué tiene que hacer el cumpleañero? ¿sonreir como un idiota? ¿cantarse a sí mismo? Y en este caso, cuando llegue a la parte delicada de la canción, qué dice? ¿Me deseáis tooodooos? ¿no suena un poco a anuncio de Axe?

El Pequeño País

Hoy, en un pequeño recuadro de su suplemento ‘Domingo’, el diario El País ha anunciado que, desde esta semana, deja de publicar el suplemento infantil ‘Pequeño País’. El del domingo pasado, pues, fue el último. Sin despedidas y sin nada en especial.


Hace unos años, casi todos los periódicos tenían su propio suplemento: Gente Menuda (ABC), Mini Mundo (El Mundo), etcétera. Ahora ninguno lo conserva. Supongo que el público infantil no es rentable, y la crisis es una excusa inmejorable para cargárselo. Ya no quedan suplementos, no hay revistas para chavales. Las de Ediciones B como “Zipi y Zape” desaparecieron en 1996, y los que han tratado de lanzar alguna, como Mister K (promovida por El Jueves) fracasaron.

Recuerdo leer el Pequeño País desde que era pequeño. Mientras me enseñaban a unir sílabas, mi madre me leía tiras como la de Garfield o Leo Verdura. Después, me aficioné a otros personajes como Marco Antonio, las reediciones de 13 Rúe del Percebe, los divertidísimos test redactados por Anne Serrano e ilustrados por Emilio Urberuaga, el Carrusel de Fido-Dido… Incluso llegó a editar unos libros de cómics con su propio sello Pequeño País.

Lo mejor que le pasó al Pequeño País fue convertirse, por unos años, en “Mi País“. Cambió el nombre, cambió su día de publicación al sábado y su formato: ya no sería una revista independiente sino un suplemento más del periódico. En esta nueva etapa conocí a Manolito Gafotas, gracias a que publicaban sus aventuras semanalmente. Desde la primera entrega me hice absoluto admirador, tanto por la inimitable manera de contar las historias de Elvira Lindo como por el hecho de que un protagonista de libros fuese de Carabanchel como yo, aunque viviese en el Alto y yo en el Bajo. ‘Mi País’ era un completísimo suplemento, con test, cómics, reportajes…

Sin embargo, alguien debió decidir que tal despliegue de medios no era rentable, y en uno de los rediseños del diario, el Pequeño País recuperó su nombre primitivo, volvió a los domingos y redujo su contenido a cuatro páginas de cómics, y así permaneció hasta la semana pasada. Esta nueva etapa, aunque suponía una reducción, trajo algunas series entretenidas, como Zits, Kid Paddle, Memorias de Gus, Tres en Familia…


Recuerdo que una vez, encontré en la casa del pueblo un Pequeño País de principios de los 90. Me hizo muchísima ilusión, y pasaba las horas muertas mirando secciones como “Casos y cosas” (en la que se recogían pruebas de ingenio, noticias sobre libros, trucos para primitivos videojuegos) o series antiguas. Siempre eché de menos en este suplemento más texto y menos cómics, aunque supongo que la mayoría de lectores pedían lo contrario.

Desde que lo conozco, Pequeño País / Mi País ha estado coordinado por Ana Bermejo, a la que desde pequeño siempre me imaginé como una veinteañera con una gran melena castaña. Haciendo cálculos hace años con su numeración, llegué a la conclusión de que este suplemento debía haberse creado a principios de los 80: casi treinta años de publicación… debemos ser muchas las generaciones que hayamos crecido con él. No creo que Ana vaya a leer esto, pero al menos queda mi granito de arena para dar las gracias a todos los que han colaborado con este suplemento que tanto me entretuvo durante años, y que puede que fuese una de las razones por las que siempre me han gustado tanto los medios de comunicación.

– ¡Te vas a arrepentir de esto!
– Probablemente. Pero tú nunca lo sabrás.


A mi madre le gustan las mujeres

Calendario EMT

Diego, un amigo que trabaja en la EMT, nos ha enviado unos calendarios bastante curiosos. Se trata de fotografías de Madrid antiguo en las que se han colocado autobuses modernos, incluso haciendo la ruta que correspondería al lugar.

Os dejo un par de ejemplos:

Cosas de la calle

Yo pensaba que dentro del contenedor de vidrio, había una verdadera botella que coleccionaba frascos. Especialmente me fascinaba su capacidad para mantener en equilibrio esos pequeñitos verdes. Lo pensé hasta los 6 años.

Yo pensaba que este símbolo representaba a una mujer con los pelos raros hablando por un teléfono gigantesco. Lo pensé hasta los 18 años.