Conferencia sobre la ley de matrimonio homosexual

Daniel Borrillo junto a un miembro de la asociación.
Fotografía: Álvaro Sangüesa.

El martes me salté una clase para ir a una charla que la asociación LGTB de mi universidad, Ni más ni menos, organizó. El tema me parecía atractivo, aunque no creí que fuese a ser tan entretenida e interesante como fue. Se me pasó la hora y media como si hubieran sido cinco minutos.

El tema era la ley 13/2005, que cambia el Código Civil para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo. El conferenciante era el argentino Daniel Borrillo, profesor de derecho en la universidad París X-Nanterre y autor de varios libros sobre homosexualidad y legalidad.

Aunque no pensaba tomar apuntes, lo que decía era tan interesante que no pude evitar sacar mi libreta y apuntar algunas cosas sueltas, que os copio aquí. No son un resumen de la charla, sino las frases que más me gustaron:

El argumento de la tradición (“no debemos permitir las bodas homosexuales porque nunca se han permitido”) es un argumento de autoridad (si los antiguos no lo permitían, nosotros tampoco) que no es válido en sociedades democráticas, sino en sociedades autoritarias.

El prejuicio hacia los demás, en una democracia, no constituye un argumento válido.

El argumento de la ley natural, que ha sido revelada por intervención divina a un individuo, sólo sería válido en una sociedad teocrática.

Ningún argumento de los esgrimidos contra el matrimonio homosexual es válido: o se basan en prejuicios, o se basan en argumentos no democráticos.

La ley 13/2005 des-sexualiza la legislación, cambiando los términos “marido y mujer” y “padre y madre” por “cónyuges” y “progenitores” respectivamente, estableciendo los mismos derechos para ambos tipos de parejas.

La igualdad es como una tarta. Todos tenemos derecho a un trozo de igual tamaño (salvo que se demostrase que alguien necesita un trozo mayor). Tú puedes discutir la receta, o incluso renunciar a tu trozo, pero lo que nunca puede ocurrir es que el que reparte diga por ti que no quieres.

El cambio de nombre en otros países (denominarlo unión civil, por ejemplo) es una concesión de la izquierda hacia los partidos de derechas, que no querían meterse en el debate del matrimonio para no contrariar a sus electores más conservadores.

El PP también recurrió la ley de parejas de hecho homosexuales de Navarra, por lo que el argumento de que “lo que les molesta es que se denomine matrimonio a esta unión” se desmorona.

Para el derecho, lo que cuenta en un matrimonio es la voluntad de dos personas libres y capaces. Entonces, ¿por qué tiene que ser entre personas de diferente sexo? ¿por la reproducción? No tiene nada que ver. La filiación y el matrimonio ni siquiera aparecen en el mismo capítulo del Código Civil.

Democráticamente no hay ningún argumento en contra. La Constitución dice “El hombre y la mujer tienen derecho al matrimonio”. El PP presentó un recurso contra la ley del 2005 ante el Tribunal Constitucional. Jurídicamente es un recurso malo, pero en un tribunal tan politizado no se tiene en cuenta. Pueden pasar tres cosas:
– Una, muy poco probable, es que el Tribunal considere que esa frase significa que el hombre debe contraer matrimonio con la mujer, y por lo tanto, que la ley es inconstitucional. Se anularían todos los matrimonios entre personas del mismo sexo.

– Otra, mucho más probable, es que el Tribunal considere que la ley es conforme a la Constitución y no añada nada más. Coexistirían dos tipos de matrimonios, el heterosexual, protegido por la ley de 2005 y la Constitución española; y el homosexual, protegido sólo por la ley de 2005 (y por lo tanto, más fácil de revocar).

– Otra, poco probable, es que el Tribunal no sólo diga que la frase de la Constitución se refiere también a los matrimonios homosexuales y heterosexuales, sino que añada que debería haberse aplicado así siempre. Por lo tanto, se demostraría que entre 1978 y 2005 el Estado discriminó a las parejas homosexuales no permitiéndoles ejercer un derecho constitucional, lo que implicaría responsabilidades.

Sobre la objeción de conciencia: el juez que oficia un matrimonio lo hace como un agente de la Administración (aunque sea juez), y por lo tanto no cabe objeción de conciencia ya que debe obediencia total a las leyes aprobadas por el Parlamento.

Aun teniendo los mismos derechos, se siguen produciendo situaciones en las que los matrimonios homosexuales tienen menos protección legal que los heterosexuales:
– En las embajadas españolas sólo se celebran matrimonios heterosexuales. La respuesta que da el Ministerio es que no se quiere contrariar a los países en los que se sitúan.

– La libre circulación de parejas casadas es complicada, ya que en algunos países no se les reconocen los mismos derechos aun estando unidos con un matrimonio completamente legal, por lo que podrían tener problemas si deciden ir a trabajar a otro país de la UE, por ejemplo.

– La adopción es complicada si es internacional, ya que muchos países la rechazan si se trata de una preja homosexual, y además muchas agencias de adopción son católicas y tampoco lo permiten.
< br />¿Cuál es la diferencia entre la situación anterior de parejas de hecho homosexuales y el matrimonio? La unión de hecho sólo se refiere a derechos patrimoniales, pero no de filiación y otros muchos. Al casarte, pasas a ser cónyuge, con todo lo que ello conlleva.

Cuestión terminológica: ¿por qué denominarlo matrimonio si históricamente se ha llamado así sólo a la unión de parejas heterosexuales? Todas las palabras han evolucionado en su significado. Un claro ejemplo es el propio término “democracia“, que se refería a la plenitud de derechos sólo para los hombres varones que no fuesen esclavos, es decir, un 2 o 3% de la población. Hoy nos parecería una aberración. Algo similar ocurre con términos como “patrimonio”, “cabeza de familia”… el lenguaje es dinámico, y el del derecho más. Hay que tener en cuenta el momento presente para aplicar la ley.

Respecto a la filiación: hay una presunción en las parejas de que todos los hijos que para la mujer son del marido. Esto se aplica también actualmente a las parejas de lesbianas. El Derecho podría decirla a una pareja heterosexual. “Si tu marido/mujer es estéril, te buscas a otro”, pero no lo dice. Se dan ayudas a las parejas estériles para que puedan tener hijos. Las parejas homosexuales son tratadas como parejas estériles de cara a la aplicación de este caso.

¿Qué preferirías?

Hoy, en el autobús, se me ha ocurrido un dilema. ¿Qué preferiría: cobrar cada mes 1000 euros en metálico o 2000 en un cheque de El Corte Inglés? Rápidamente se la he planteado a mis compañeros en Twitter y la cosa estaba dividida. Supongamos que el cheque de El Corte Inglés no tiene caducidad, eso sí. Y supongamos (que ya es mucho suponer) que esa empresa me gustase.

Veamos. Por una parte, los 2000 euros serían un dinero cautivo, es decir, sólo lo puedes gastar en ECI. Pero por otra parte, allí tienen de todo: supermercado, informática, ropa, hogar… aunque eso sí, despídete de comprar los muebles en Ikea, por ejemplo.

Habría que valorar que de este modo me obligarían a gastar todo el sueldo, así que se hace muy difícil ahorrar. Claro que con un sueldo de 1000 euros también es muy difícil ahorrar. Pagar la hipoteca sería imposible (a no ser que el banco te admita pago en jamones o cuberterías, pero eso ya lo dan ellos), y el abono transporte ya ni te digo.

Puede que la solución estuviese en tratar de ‘desbloquear’ ese dinero, hacerlo efectivo. Y sólo se me ocurre una manera: comprando cosas en ECI y vendiéndolas. Por ejemplo, investigaría qué artículos se venden mejor en eBay y me dedicaría a ello. Pongamos que la PlayStation. Yo la ofrecería mejor que nueva: por encargo. Tú me la encargas, yo la compro en el Corte y te la envío, y ahí la tienes, nueva, con factura y garantía. ¿Precio? No sé, quizás un pelín más barata que su PVP. Sería como pagar una comisión por ‘desbloquear’ ese dinero. Y ese pequeño esfuerzo, a cambio de doblar el sueldo, no parece tan grande, ¿no?

La cosa parece más clara si vives en pareja. Si mi novio cobrase un sueldo parecido, podríamos dedicar el mío para las cosas de comprar y el suyo para todo lo demás (ahorro, etc). En ese caso estaría más claro, aceptaría los cheques de ECI.

Y la conclusión de todo esto es: que me aburro mucho en el autobús. Este es un dilema que nunca se va a producir, que no sirve absolutamente para nada y que es bastante absurdo. Pero bueno. Es como un sudoku. A veces es entretenido ponerse a pensar chorradas. Y oye, si ECI sigue ganando poder, se presenta a las elecciones y gana (porque ganaría), pues ya tienes algo pensado.

¿Y tú, qué preferirías? ¿Cobrar 1000 euros al mes en efectivo o 2000 en vales de El Corte Inglés?

Poca imaginación


¿Soy yo o desde que se lanzó el iPhone nos estamos comiendo un montón de móviles clónicos? Pantalla enorme y táctil, pocos botones físicos, diseño minimalista, color negro…

Parece que todo el mundo le saca pegas al iPhone, pero en lo que se refiere a manejo y diseño, es muy difícil de superar.