Londres nos deja bastante mal

Un amigo ha estado en Londres este verano, y conociendo mi pasión por los transportes urbanos, me ha traído un plano del metro y algunos folletos.

Siempre he sido un admirador de la imagen de Transport For London. Me parece un modelo a seguir, con todas las marcas unificadas bajo un mismo estilo, una tipografía propia (New Johnson, de uso exclusivo) y un diseño que se centra en ser elegante y agradable pero sobre todo fácil de leer, sin estridencias. Y por eso puede permanecer a lo largo de los años sin tener que hacer una revolución cada dos o tres. Prueba de ello son sus abundantes manuales de identidad corporativa, que describen hasta el último detalle de la señalización:

captura 18

Al llegar a casa, he querido comparar este diseño con algunos folletos de Madrid que tenía guardados, y no hay color. Y si hablamos de señalización, aquí da la impresión de que hay libertad total. Algunos ejemplos de folletos que he encontrado:

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Nuestro transporte público dista mucho de tener una imagen cohesionada. Cada cierto tiempo cambia su tipografía, su estilo de folleto, pero permanece esa absurda manía de experimentar con los filtros más horteras de Photoshop y de llenarlo todo de biseles y sombritas con colores que no pegan nada. Parece el típico trabajo que se encarga al sobrino del encargado que se ha comprado un ordenador. pero es triste tratándose de una administración pública y del servicio que dicen que es su buque insignia.

Los folletos de Londres tal vez son menos llamativos a primera vista, pero dan una imagen mucho más sólida, seria y coherente. Y sobre todo, son fáciles de leer. Aquí tenemos la portada y una página interior del que nos explica los detalles de la Oyster Card, la tarjeta sin contacto:

londres2

Y ya que entramos en este tema, no me resisto a comparra ambas tarjetas también. Por un lado, la Oyster de Londres. Por el otro, la tarjeta Sube-T (!) de Madrid, aún en pruebas por tiempo indefinido. La comparación nos deja bastante mal:

sincontacto

La crisis y la publicidad en TV

EyeTVSnapshotLa crisis nos está dejando cosas bastante curiosas en televisión. Una de las más llamativas son las que afectan a los anuncios, que han adaptado su mensaje para sobrevivir a una época en la que todos nos apretamos el cinturón y consumimos menos. Se distinguen varias clases de anuncios:

Los ‘mira que barato soy’: Anuncios estándar modificados para añadir una coletilla con el precio del producto (generalmente desde otro punto de vista, por ejemplo, si es una comida te dicen el precio por ración) o anuncios hechos a propósito sólo para que veas lo barato que es (como los postres de Royal).

Los ‘me necesitas’: algunos productos son conscientes de que, si nos ponemos a recortar gastos, van a ser los primeros en caerse del carro de la compra porque son más caros que el resto o cubren una necesidad no demasiado importante. Por ejemplo, Vispring (un líquido que blanquea los ojos irritados) nos sugiere que gracias a tener los ojos perfectos podemos conseguir un trabajo.

Los ‘soy caro pero cuidadín con pasarte a otro más barato’: Generalmente se trata de marcas que son más caras que sus competidores pero no se resignan a bajar el precio. Estos dan miedo, porque se basan en amenazarte con cosas horribles que te pueden pasar si se te ocurre comprar una marca más barata. Personalmente creo que son un poco rastreros, porque una cosa es hacer valer tu diferenciación y otra, insinuar que la leche que le das a tus hijos podría ser perjudicial si no es Pascual; o que la ropa se te romperá si no usas Skip.

Los ‘yo no soy malo, son los demás’: Este grupo son exclusivamente bancos y cajas. Con la crisis, todo el mundo ha vuelto la vista hacia este sector, que ha dejado de dar préstamos a las familias y pymes. Pero viendo su publicidad pareciera que eso sólo lo hace un banco malvado, porque todos presumen de ser el que más préstamos concede, el que nunca dice que no…

Los ‘las marcas blancas acaban con la democracia’: Este tipo de anuncios los hacen las propias cadenas de televisión (Telecinco, Cuatro y Antena 3) y transmiten un mensaje en el que nos insisten en que no compremos marcas blancas. A veces lo hacen con humor o sentimentalismo, y otras veces se ponen tan épicos que da vergüenza ajena (las marcas representan poder elegir, la libertad del consumidor, la garantía). Les falta decir que por cada marca blanca que compras muere un gatito. Y se olvidan de que las marcas blancas… también son marcas.