Tres fotos

Mientras venzo la pereza de escribir algo decente, os dejo tres fotos de cosas de enero.

Un ejemplo de publicidad engañosa: comparad el tamaño de los apetitosos trozos de carne que nos promete este plato precocinado del Dia, y la triste realidad que me tuve que comer en el trabajo.


Una vista de mis apuntes de Psicología.


Bruno, descuartizado. No os alarméis, las piernas se le pueden quitar con un sistema de automáticos bastante práctico.

Ideas solidarias

Hace unos días, ví que Metro de Madrid anunciaba en los teleindicadores algo sobre Haití. Pensé que sería alguna campaña solidaria o algo así, pero cuando al día siguiente ví que sólo era un mensaje animándonos a donar me pareció ridículo. Quieren quedar bien (sin esforzarse mucho) y no saben cómo. Supongo que ceder espacio en alguna estación para una ONG, dedicar parte de la recaudación de algún día a la reconstrucción o cosas así les dan pereza, una actitud bastante propia de la Comunidad de Madrid.

Sin embargo, hay una idea que no se me había ocurrido y que, probablemente por eso es muchísimo mejor: la que ha llevado a cabo Renfe Cercanías. Han puesto fácil el donar a Haití, creando un billete fantasma en sus máquinas de autoventa, que puedes comprar por 1 euro. Sólo han tenido que hacer una pequeña modificación en las máquinas, creando un nuevo tipo de billete que no abre los tornos.

Es decir, por este precio consigues un billete que no es válido para viajar, pero cuya recaudación va para la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (además, Renfe hará un donativo adicional). Y consigues un billete extraño para coleccionistas. Una idea de 10.

De exámenes

La época de exámenes es uno de los periodos más delicados para los estudiantes. Bueno, va, es el único periodo delicado para los estudiantes. Pero se pasa mal, os lo aseguro.

La época de exámenes es el último rastro de la inquisición que permanece en nuestros días, convertida en una discreta pero efectiva tortura psicológica. Cuando estás de exámenes, la gente no lo entiende. Siguen con sus vidas, pasean por la calle, son felices. Y te restriegan toda esa felicidad, todo ese tiempo libre.

Y es que cuando estás de exámenes no tienes tiempo libre. Cuando estudias, te aburres; y cuando haces otra cosa que no es estudiar no lo disfrutas porque no paras de pensar que deberías estar releyendo los temas. Te obsesionas y te sientes culpable.

Los seres humanos estudiantes hemos desarrollado algunas tácticas para evitar este sentimiento de culpa. Una de ellas es el estudio por ósmosis. Básicamente trata de que en el mes que duran los exámenes, paseamos los apuntes de un lado a otro. Nuestros libros ven más mundo que los corresponsales de TVE. Si sales a comprar el pan, te llevas los apuntes. Si vas al centro a por una camiseta, te llevas los apuntes. Si vas a fotocopiar apuntes… bueno, la idea se entiende. Todos pensamos “bueno, yo me los llevo y ya voy repasando por el camino”. Pero es mentira. En toda la historia de la educación mundial, jamás nadie ha repasado por el camino.

Y siempre llega el momento de pánico: pocos días antes del examen, miras lo que te has estudiado y piensas: “Santo cielo, no me sé nada. Si es que ya me vale, tendría que haber empezado a estudiar antes. Si cada día me mirase los temas un poquillo, ahora apenas tendría nada que hacer. El próximo cuatrimestre lo hago sin falta, voy a estudiar desde el primer día”. Y esta es la segunda mentira de la época de exámenes.

Y es que cuando tienes que estudiar, descubres lo interesante que es todo. Tu habitación se vuelve fascinante, te entran ganas de hacer la cama, de ordenar papeles, de leer los libros que te regalaron el año pasado y miraste con cara de asco. Todo es divertidísimo de repente, hasta los clips, o despeinarte y mirarte al espejo. Se te ocurren montones de buenas ideas que harías si no tuvieses que estudiar.

Lo curioso es que llegan los exámenes, los haces y después no tienes ganas de nada de eso. Cansancio psicológico, supongo.

¡Nieve en Madrid!

Hoy ha nevado en Madrid, y eso es importantísimo. Yo comprendo que a los que sois del norte eso os da igual y estáis acostumbrados, pero a nosotros nos hace muchísima ilusión. Y el telediario de Antena 3 abre con eso, en vez de con una noticia sobre los peligros de internet. Cuando nieva, para un madrileño es como si cayesen rosquillas del cielo, y nos lanzamos a la calle a sacar fotos. De hecho, si se colapsa el centro no es porque se circule peor, es que todo el mundo está parado para sacar a la Cibeles blanquita.

Cuando yo era pequeño, el único lugar de Madrid donde nevaba era el decorado de ‘Farmacia de Guardia’. Si querías hacer un muñeco de nieve en invierno tenías que irte a la Sierra, hacerlo y volverte. Nada de salir a la plaza. Y claro, ahora nieva y nos ponemos tontos. Volviendo a casa hace un rato me he cruzado con a) una mujer que superaba la treintena que portaba una bola de nieve en el andén del metro y b) un padre enseñando a su hijo a esquiar en la plaza del barrio. Lo digo en serio.

Bueno, tal vez si cayesen rosquillas nos haría más ilusión, pero os hacéis una idea.

Mirar y ser mirado

Creo que una de las claves del éxito de la web 2.0 (o web social, o como quieras llamarla) es que los servicios que ofrece se dirigen hacia dos de nuestros más profundos instintos: mirar y ser mirados, nuestra parte cotilla y nuestro ego.

Los blogs, Facebook, Twitter y demás servicios nos permiten informar a la gente sobre nuestra vida, enseñar lo que hacemos, cuándo lo hacemos y dónde lo hacemos. Un privilegio reservado hasta ahora para famosos. Y por otro lado, nos permite enterarnos de lo que hacen los demás, a veces incluso con fotos, sin ser vistos. Como si mirásemos a través de una cerradura. Se trata de dos actividades que enganchan, y por eso pasamos tantas horas en las redes sociales.

En las últimas semanas, ha surgido una nueva idea que me parece excelente. Se trata de Formspring.me, una web en la que nos podemos apuntar y recibir preguntas de amigos o desconocidos, como si se nos hiciesen una gran entrevista pública. Y para que quede constancia de ello, podemos avisar a nuestros contactos de que acabamos de responder a algo, podemos notificarlo por Twitter, Facebook u otras redes.

De nuevo un privilegio antes sólo reservado para los famosos, el de conceder entrevistas y explayarnos sobre nuestros temas favoritos. Y por otra parte, nuestra vena voyeur también queda saciada: podemos enviar preguntas con la tranquilidad del anonimato, o espiar las respuestas a las que han planteado otros.

Me parece una herramienta muy interesante, ya me habría gustado haberla inventado a mí, pero estas cosas sólo se me ocurren cuando otro las inventa. Recupera el espíritu de los memes, aquellos test que se pasaban de blog en blog, o por correo electrónico, en los que contestabas a preguntas sobre tu vida y que por lo general eran más divertidos de rellenar que de leer las respuestas del amigo que te lo mandaba, pero haciéndolos interactivos y con el morbo de poder preguntar algo sin dar la cara. Y saliéndonos del tema, también sirve para conocer algo mejor a contactos de internet a los que no les ponemos cara o personalidad.

Aún no me he creado una cuenta en Formspring.me y no sé si lo haré (aunque creo que picaré, que como ya sabéis de sobra, uno tiene su lado exhibicionista), pero realmente me ha parecido una buena idea que conjuga nuestro ego con el interés por los demás.