Resulta que el mundo era en HD

Fer en 2065 (simulación)

¿Dejará de llamarse este blog Desenfoque Gamusino para pasar a ser Enfoque Gamusino? Hoy os voy a hablar de las causas es este posible cambio de nombre que parece sacado de un programa de Antena 3 de los 90.

Resulta que últimamente yo notaba que, cuando llevaba un tiempo frente al ordenador, me dolía la cabeza y me mareaba. Lo primero que pensé fue lo normal, que estaba embarazado, teoría que explicaba por qué no me había venido la menstruación en los últimos 23 años. Sin embargo esta teoría pronto se fue a freir espárragos ya que yo nunca he conocido varón.

De modo que pensé que podría estar causado por el ordenador. Mi primera reacción fue dejar de utilizarlo para el trabajo, pero cuando tienes que mantener un twitter, facebook y blog es complicado hacerlo en una máquina de escribir (aunque sea electrónica). De modo que decidí ir a la óptica.
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¿Hacen falta los pinganillos en el Senado?

Cuando una sesión acaba tarde, ¿salen los senadores senados, o senan en casa?

Me da igual si es mejor utilizar una lengua común en el Senado, o si debe ser una cámara en la que se hablen todas las oficiales de España. Me da igual si es un gasto desproporcionado e inútil, o si es algo nimio que no aumenta el presupuesto destinado a esta cámara. Mi duda es precisamente la que encabeza este post: ¿son necesarios los pinganillos?

Un pinganillo es algo parecido a un auricular del iPod, y sirve generalmente para que una persona pueda escuchar a otra de manera discreta. En televisión, casi todos los presentadores usan pinganillos a través de los cuales se les dan instrucciones o se les pasan avisos que el público no debe oír. Uno de los usos del pinganillo es para escuchar la voz del intérprete que, en este caso, te cuente en tu lengua lo que está diciendo el otro en su discurso.

Y ahí quiero llegar: ¿de verdad los políticos se escuchan unos a otros en las sesiones? Y si es así, ¿se conoce el caso de que un grupo haya cambiado el sentido de su voto al ser convencido por los argumentos del adversario? No es extraño ver a los políticos de un partido repasando sus notas mientras los otros hablan, y eso cuando se quedan en su sitio, que suele ser si se trata de una sesión televisada o un adversario potente.

Los ciudadanos somos muy malpensados, y a veces estas apasionadas discusiones parlamentarias nos parecen monólogos en los que, tal y como sucede cuando estás con alguien que no soportas, simplemente esperas a que termine de hablar para soltar lo tuyo. Y cuando hay acercamientos, negociaciones o cualquier otro tipo de cambios de opinión, son a través de contrapartidas negociadas en privado, fuera del alcance de los niños ciudadanos.

Y para que las cosas sean así, ¿qué más les da lo que diga o en qué lengua lo diga el otro?

El himno de la Comunidad de Madrid

Nunca lo había leído y es realmente interesante. Fue compuesto por Agustín García Calvo, que cobró 1 peseta por ello, en 1983, y circulan vídeos de sus escasas interpretaciones bastante chanantes:

Yo estaba en el medio:
giraban las otras en corro,
y yo era el centro.
Ya el corro se rompe,
ya se hacen Estado los pueblos,
Y aquí de vacío girando
sola me quedo.
Cada cual quiere ser cada una:
no voy a ser menos:
¡Madrid, uno, libre, redondo,
autónomo, entero!
Mire el sujeto
las vueltas que da el mundo
para estarse quieto

Yo tengo mi cuerpo:
un triángulo roto en el mapa
por ley o decreto
entre Ávila y Guadalajara,
Segovia y Toledo:
provincia de toda provincia,
flor del desierto.
Somosierra me guarda del Norte y
Guadarrama con Gredos;
Jarama y Henares al Tajo
se llevan el resto.
Y a costa de esto,
yo soy el Ente Autónomo último,
el puro y sincero.
¡Viva mi dueño!,
que, sólo por ser algo,
¡soy madrileño!

Y en medio del medio,
Capital de la esencia y potencia,
garajes, museos,
estadios, semáforos, bancos,
y vivan los muertos:
¡Madrid, Metrópoli, ideal
del Dios del Progreso!
Lo que pasa por ahí, todo pasa
en mí, y por eso
funcionarios en mí y proletarios
y números, almas y masas
caen por su peso;
y yo soy todos y nadie,
político ensueño.
Y ése es mi anhelo,
que por algo se dice:
De Madrid, al cielo

La vida real es una mierda, vayámonos al Planeta Perfecto

No va a ser este un post emo, tranquilos. Pero es que cualquiera llegaría a esa conclusión después de introducirse en el maravilloso mundo de las fotos de stock, fotografías que forman parte de grandes archivos y se venden a medios de comunicación, empresas de publicidad y demás agentes de este mundillo para que ilustren folletos, artículos, revistas o lo que necesiten.

Hay fotografías de todos, todos los temas, que se hacen en un planeta parecido a la Tierra en el que todos los habitantes son seres perfectos que viven en ciudades preciosas con la luz adecuada y los edificios más bonitos. Y siempre están sonriendo, cooperando entre sí y dispuestos a progresar y aprender cosas nuevas cada día. Ejemplos:

¿Alguna vez habéis coincidido en clase con un chico así? Yo no, me acordaría. Es que vive en el planeta Perfecto.

En este planeta se da la curiosa circunstancia de que en los grupos de personas siempre hay alguna de otra raza distinta a la occidental e igualdad de género. Como en la Banda del Patio.

Son los seres más profesionales del universo, pero sin descuidar a su familia, amistades e imagen personal.

Las familias dan tanta rabia que podrían ser protagonistas de una campaña de Leche Pascual. Atención al detalle de que los padres siempre llevan un crío encima: es un planeta en el que no han descubierto los cochecitos de bebé.

El súmum de la diversión para los grupos de jóvenes de este planeta es tumbarse en el césped y mirar a cámara. Sospecho que no tienen cines.

¡Sorpresa! No todo es perfecto. A veces se deprimen, pero entonces van a su Rincón de Deprimirse donde también hay una luz perfecta para estar triste.

En las fotos de stock además se da un curioso fenómeno: los fotógrafos consumen muchas drogas dejan volar su imaginación y hacen fotografías rarísimas. Por ejemplo: un ejecutivo en su despacho vestido de buzo tratando de cazar unos papeles con el arpón. Pero no hay problema, porque por cada fotógrafo drogado imaginativo hay un redactor cachondo del suplemento económico del periódico de los domingos que cobra un plus por hacer juegos de palabras en los titulares. Así, la foto del yuppie buzo puede ilustrar un artículo titulado “Nuevas técnicas para pescar clientes”.

Y es que son tal para cual, hasta el punto de que los científicos no han podido llegar a la conclusión de si fue antes el fotógrafo o el redactor de titulares graciosillos.

No me gusta viajar en avión

Hoy me marcho a Barcelona y de nuevo tengo que coger el maldito avión. No me gusta volar.

1. Me da mal rollo. Sí, sé que es un medio muy seguro, que vuelan miles de aviones cada día. Pero me da mal rollo.

2. El aeropuerto está en el quinto pino.

3. Hay que llegar con miles de horas de adelanto para pasártelas sentado allí. Prefiero estar sentado en mi casa.

4. Controles de seguridad humillantes en los que un empleado de Prosegur te cachea (a no ser que vayas con un amigo que lleve rastas, en cuyo caso le cachean a él) mientras el guardiacivil/policía de turno se toca las narices.

5. Sensación de montaña rusa al despegar y aterrizar. Bueno, esto no sé si me gusta o no.

6. Claustrofobia. Afán por meter el máximo de gente posible en el avión, haciendo que tu radio de movimiento sea cercano al centímetro.

7. Contaminación.

Me encantaría viajar en tren. Pero gracias a la política de Fomento, cada vez hay menos trenes regionales a precios que pueda pagar alguien como yo. Y del AVE ni hablemos: con lo que me gasto en la ida y vuelta en avión no podría pagar ni el pasaje de ida en el tren veloz.

Pero tenemos AVE a todas partes. Aunque no podamos pagarlo.