La nueva vida de los fantasmikos

Hace unos años, la multinacional Nestlé decidió unir sus dos marcas de helados en España, Miko y Camy. Pero Miko tenía algunos productos con nombres tan reconocidos que no se podían eliminar o cambiar. Y el Mikolápiz y los Fantasmikos sobrevivieron.

La muerte por inanición de Google+

Cuando salió Google+ dije que no me imaginaba que Google fuese a limitarse a hacer un Facebook más bonito. Su futuro y sus posibilidades están en integrarse con todos sus servicios. Poder discutir sobre un documento de Docs en un grupo, crear un evento que se añada al Google Calendar de tus amigos (con un mapa de Maps para llegar), añadir a un contacto y que se integre en tu agenda de Android… mil cosas. Google+ es un buen servicio y sobre todo, tiene unas posibilidades inmensas.

Pero no basta con que sea bueno. Tienes que dar motivos a la gente para que entre, especialmente si se trata de una red social. Los primeros días, eso fue fácil: que fuese algo cerrado por invitación despertó la curiosidad de muchos. Pero han pasado semanas y las cosas siguen igual, sin novedades, sin nuevos servicios… y cada vez con menos gente. Está claro: entre una red social con fallos pero ya terminada como Facebook, y una sin apenas nada como Google+, la gente lo tiene claro.

Si Google no estaba lista para lanzar Google+, lo mejor es que hubieran esperado unos meses. Sólo tienes una oportunidad de causar una primera impresión, y es muy difícil volver a atraer a alguien que conoció tu servicio, lo probó y concluyó que era aburrido y sin funciones.

Sería mucho mejor haber lanzado un producto más terminado. No tiene por qué tener todas las funciones desde el primer minuto, pero sí ir añadiéndolas progresivamente, sin prisa pero sin incomprensibles pausas como la que estamos viviendo. ¿Cómo puede ser que Google, una empresa con buenos productos, falle en estas cosas básicas?

Es cierto que alguien podrá decir que, formalmente, Google+ no está abierto al público. Eso pudo ser cierto los primeros días, cuando verdaderamente era una beta cerrada. Hoy en día cada usuario dispone de 150 invitaciones para ir regalando por ahí. Nadie que quiera entrar lo ha tenido difícil. En mi caso, no he gastado ni una.

Si los responsables no se dan prisa en añadir novedades (cosas básicas que tienen otras redes sociales), para cuando lo hagan en Google+ no quedará nadie. Y es una lástima.

La burbuja del ‘social media’

Ilustración: Ismurg en “Diseñadores como cocineros”

Resulta que mi trabajo está de moda. Los community manager (como nos llaman) somos lo más. En Twitter continuamente te encuentras expertos en social media y gente sin ningún reparo en colgarse el cartelito de moda. A veces creo que hay más que empresas con presencia en redes sociales. Por eso dicen ser community managers de su propio blog o del foro que montaron con sus amigos.

Y todos repitiendo los mismos consejos una y otra vez: los 50 trucos imprescindibles al escribir un tweet o las 150 herramientas que tenemos que utilizar cada día. Y cuando se aburren o se quedan sin temas, traducen una infografía americana o un estudio que demuestra que en un condado de Kansas el ratio de retweets logrados entre las 8 y las 9 de la mañana es un 0,3 % superior al de media hora después.

Ahí está el problema: se confunde la herramienta con el fondo. Cualquiera puede aprender a manejar Facebook, Twitter, Google+ o las redes sociales que vengan en una semana, y dominar todos sus trucos y características. Ser community manager requiere no tanto dominar el último rincón de Facebook como tener una formación en comunicación (genial si es innata, mejor si es perfeccionada por los estudios o la experiencia) y dominar tu marca, sus valores y controlar la imagen que vas a transmitir.

Estoy convencido de que vivimos una burbuja del 2.0. Cuando comencé en esto en 2008 casi nadie veía la parte interesante de ayudar a comunicarse a una marca en los nuevos medios. Me llamaban friki por contar mis cosas en Twitter. Hoy en día cualquiera se cree capacitado para hacerlo. Si saber manejar Facebook te hace community manager, ¿saber escribir en Word te hace periodista o escritor? (yo creo que ni tener la carrera te hace, pero en fin).

Hay auténticos estafadores ahí fuera, y no hace falta buscar mucho para encontrarlos. Si no encargaríamos la decoración de nuestro local, la elaboración de nuestros platos o el diseño de un anuncio a un aficionado, ¿por qué dejarle llevar nuestra cuenta de Facebook a alguien que apenas sepa expresarse con propiedad, y mucho menos, amoldarse al estilo de comunicación de nuestra marca?

Algún día esta burbuja explotará. Los community managers dejarán de estar de moda, al igual que los diseñadores en los 80, los jóvenes ejecutivos en los 90, los webmaster en los 2000… y podremos hacer nuestro trabajo tranquilamente. Dejaremos de hablar de nosotros y empezaremos a hablar de nuestro trabajo. Los estafadores se aburrirán y se irán a apuntarse a la nueva etiqueta de moda.

Los community managers siempre serán necesarios, porque las nuevas formas de comunicación han venido para quedarse (aunque no sé si serán siempre Facebook, Twitter y compañía). Pero ni somos dioses, ni tenemos poderes especiales. Simplemente somos responsables de comunicación en un nuevo canal. Y lamento terminar de quitarle todo el áurea de glamour, pero es un canal tan nuevo para todos (marcas y público) que todavía nos queda casi todo por aprender. Y sólo podremos hacerlo con una buena base de conocimientos en comunicación, sentido común… y el clásico pero efectivo prueba y error.

La burbuja del ‘social media’

Ilustración: Ismurg en “Diseñadores como cocineros”

Resulta que mi trabajo está de moda. Los community manager (como nos llaman) somos lo más. En Twitter continuamente te encuentras expertos en social media y gente sin ningún reparo en colgarse el cartelito de moda. A veces creo que hay más que empresas con presencia en redes sociales. Por eso dicen ser community managers de su propio blog o del foro que montaron con sus amigos.

Y todos repitiendo los mismos consejos una y otra vez: los 50 trucos imprescindibles al escribir un tweet o las 150 herramientas que tenemos que utilizar cada día. Y cuando se aburren o se quedan sin temas, traducen una infografía americana o un estudio que demuestra que en un condado de Kansas el ratio de retweets logrados entre las 8 y las 9 de la mañana es un 0,3 % superior al de media hora después.

Ahí está el problema: se confunde la herramienta con el fondo. Cualquiera puede aprender a manejar Facebook, Twitter, Google+ o las redes sociales que vengan en una semana, y dominar todos sus trucos y características. Ser community manager requiere no tanto dominar el último rincón de Facebook como tener una formación en comunicación (genial si es innata, mejor si es perfeccionada por los estudios o la experiencia) y dominar tu marca, sus valores y controlar la imagen que vas a transmitir.

Estoy convencido de que vivimos una burbuja del 2.0. Cuando comencé en esto en 2008 casi nadie veía la parte interesante de ayudar a comunicarse a una marca en los nuevos medios. Me llamaban friki por contar mis cosas en Twitter. Hoy en día cualquiera se cree capacitado para hacerlo. Si saber manejar Facebook te hace community manager, ¿saber escribir en Word te hace periodista o escritor? (yo creo que ni tener la carrera te hace, pero en fin).

Hay auténticos estafadores ahí fuera, y no hace falta buscar mucho para encontrarlos. Si no encargaríamos la decoración de nuestro local, la elaboración de nuestros platos o el diseño de un anuncio a un aficionado, ¿por qué dejarle llevar nuestra cuenta de Facebook a alguien que apenas sepa expresarse con propiedad, y mucho menos, amoldarse al estilo de comunicación de nuestra marca?

Algún día esta burbuja explotará. Los community managers dejarán de estar de moda, al igual que los diseñadores en los 80, los jóvenes ejecutivos en los 90, los webmaster en los 2000… y podremos hacer nuestro trabajo tranquilamente. Dejaremos de hablar de nosotros y empezaremos a hablar de nuestro trabajo. Los estafadores se aburrirán y se irán a apuntarse a la nueva etiqueta de moda.

Los community managers siempre serán necesarios, porque las nuevas formas de comunicación han venido para quedarse (aunque no sé si serán siempre Facebook, Twitter y compañía). Pero ni somos dioses, ni tenemos poderes especiales. Simplemente somos responsables de comunicación en un nuevo canal. Y lamento terminar de quitarle todo el áurea de glamour, pero es un canal tan nuevo para todos (marcas y público) que todavía nos queda casi todo por aprender. Y sólo podremos hacerlo con una buena base de conocimientos en comunicación, sentido común… y el clásico pero efectivo prueba y error.

20N: ojalá perdiesen los dos

Mi mayor problema para las elecciones del 20N es que no sé cuál de los dos candidatos mayoritarios se merece más perder.

Creo que Rajoy y el PP merecen una derrota contundente. Desde 2004 no han sabido crear una oposición responsable. Se han limitado a crispar, a enfrentar, a inventarse problemas y conspiraciones para dividir a los españoles y desgastar al Gobierno. Tienen actitudes abiertamente racistas (como en Badalona) y homófobas (el recurso a la ley que nos garantiza igualdad de derecho al matrimonio sigue ahí).

Rajoy no ha hecho nada en ocho años. Ha tolerado casos de supuesta corrupción en su partido, y robo de dinero público. Se ha limitado a esperar que las cosas se arreglasen solas. No se ha pronunciado sobre nada, no ha aportado ideas. Alguien así no merece ser presidente del Gobierno.

El PP no es una garantía para salir de la crisis. La Comunidad Valenciana es la más endeudada del país, y Madrid es la ciudad que más debe, a mucha distancia de cualquier otra. Aeropuertos innecesarios y sin uso, parques temáticos que son máquinas de perder dinero, chanchullos en las cajas de ahorros, descuentos en los impuestos a los que más tienen, entrega de dinero público a empresas privadas… nadie puede decir que todo ello fueran ‘herencias envenenadas’ del PSOE: llevan gobernando más de 15 años. El PP merece perder y renovarse con un líder que nos traiga una derecha más decente. Una derecha laica, no homófoba, moderna.

Pero también creo que el PSOE necesita una derrota. Un gobierno que nos ha decepcionado a todos los que aquella noche de marzo de 2004 le pedimos a Zapatero que no nos fallara. Promesas incumplidas, improvisación, tratar de salir de la crisis recortando sueldos de funcionarios, congelando pensiones. Derroche de dinero público en construir AVE a cualquier parte, abandonando el tren regional. Rescatando con dinero público negocios privados como las carreteras de peaje o los bancos. Abandonando proyectos de leyes necesarias como la de Igualdad de Trato, Transparencia o Libertad Religiosa. Suprimiendo el impuesto a los que más tienen en esta época complicada.

Aunque confieso que el día que tuve claro que no volvería a votar al PSOE fue cuando se descubrió lo que de verdad habían hecho con el caso de José Couso, el periodista asesinado en Irak. El Gobierno se mostró vergonzosamente complaciente con Estados Unidos, asegurando que estaban haciendo todo lo posible para que los asesinos no recibieran su castigo. Unos asesinos claramente identificados, en un ataque con decenas de testigos. Vergüenza.

El PSOE merece perder por su reacción a los acontecimientos de los últimos meses. No se dan cuenta de que el 15M es un movimiento heterogéneo de gente unida por el rechazo a una forma de hacer política que ya no tiene cabida. Entender el movimiento no es añadir cuatro frases a un discurso para mostrar los supuestos “guiños” que dicen estar haciendo.

Si la calle pide más transparencia y democracia, no puedes responder eligiendo un sucesor a dedo, o reformar la intocable Constitución entre un martes y un viernes, acordándolo en los despachos, para introducir un componente ideológico. Y sobre todo, no puedes negarte a hacer un referéndum porque “no es el momento”, “hay prisa” o “es muy caro”. ¿Es un referéndum un entretenimiento para el pueblo, como un partido de fútbol? ¿es cara la democracia? ¿nos damos cuenta de lo peligroso que es ese argumento?

El PSOE nos toma por tontos, o por desmemoriados, o por ambas cosas. Necesitan que un asesor les diga que cuando llevas ocho años gobernando, no puedes prometer cosas fundamentales que has incumplido o que has rechazado hasta ahora. No pueden pretender que nos creamos que Rubalcaba nos va a defender de los malvados mercados si apoya los recortes sociales. No nos vamos a creer que el PSOE es el garante de la laicidad del Estado si con ellos se ha organizado la JMJ y sus vergonzosas concesiones a la Iglesia, ni que son los que mejor comprenden a los indignados cuando son los responsables políticos de las detenciones, humillaciones y agresiones policiales. No nos podemos creer que el PSOE va a pedir un esfuerzo a los más ricos, pero que sólo lo hará si gana, porque ahora no es el momento.

El PSOE merece perder estas elecciones. Y no sólo eso: merece perder por mucho, tener una derrota histórica. Es la única manera de que se renueve y pueda ser algún día un partido en el que confiar para cambiar las cosas. Y ni aun así está la cosa garantizada: en Madrid conservan su sillón aquellos que condujeron al partido a su merecidísimo descalabro electoral.

Me gustaría que perdiesen los dos, y aunque sé que es difícil, por mi parte no quedará. Tengo claro que mi voto no irá para ninguno de ellos. Estoy decepcionado, ese sentimiento que sólo tienes cuando te fallan los tuyos. En el fondo, deseo más que pierda el PSOE. No es venganza, es una inversión en ideas de izquierda. Si gana el PP nos esperan cuatro u ocho años duros, pero hay una posibilidad de que los socialistas aprendan la lección y se den cuenta de que desplazarse hacia la derecha no es garantía de éxito, cuando el PP ha logrado el triunfo sin un solo guiño a la izquierda.