Así se cobraba con tarjeta de crédito en los 80

¿Alguna vez te has preguntado por qué las tarjetas de crédito llevan el número y el nombre del titular en relieve? Es cierto que ya hay muchas que no, pero en su día era un requisito indispensable. Y es que aunque los nacidos a fines de los 80 no lo hemos llegado a conocer, hubo una época en la que cobrar con tarjeta no se parecía en nada a lo que se hace hoy.

Mis padres están cerrando una tienda de electrodomésticos que abrieron en los 80, y allí he encontrado esta reliquia que os enseño hoy: la bacaladera.

Cuando en los 80 alguien quería pagar con tarjeta de crédito, el proceso era el siguiente. En primer lugar, se le pedía la tarjeta y se comprobaba que no fuese robada. ¿Cómo? Con el Boletín de Tarjetas Anuladas, una publicación en la que se recogían todos los números de serie de tarjetas dadas de baja, extraviadas y robadas. Si la tarjeta aparecía en el boletín, el comerciante debía quedársela y avisar de ello al Centro de Autorizaciones, que le recompensaría con 10.000 pesetas.

También era necesario llamar a este Centro si el cliente quería hacer una compra superior a 10.000 pesetas (el “límite de consulta”), o si -tal y como recomienda el propio boletín- el cliente no tenía identificación, era demasiado joven como para hacer un gasto muy grande o su comportamiento era sospechoso.

Si todo estaba en orden, la tarjeta se colocaba en el lugar indicado de la máquina (para la foto yo he colocado una mía, la única que tengo con números en relieve). Encima se ponía un formulario donde se apuntaba todo lo que el cliente había comprado y el importe total.

Y con todo ello ajustado, se movía el rodillo (la pieza azul) de izquierda a derecha, haciendo que el número de tarjeta y los datos del titular y del comercio quedasen grabados gracias a la magia del papel carbón en las tres copias del recibo: una para el cliente, otra para el banco y otra para el establecimiento.

Obviamente, en esa época de comunicaciones prehistóricas, el cargo no constaba al banco hasta el día siguiente, cuando el honrado comerciante se acercaba a su sucursal a llevar todos los recibos del día anterior.

Por lo tanto, cuando hoy en día nos parezca lento el proceso de pagar con tarjeta (introducirla en el terminal, esperar el OK del banco y en ocasiones introducir el PIN) podemos consolarnos pensando que hace 30 años era mucho más pesado para vendedor y cliente.