Por una República para los ciudadanos

Me considero una persona republicana. Y no entiendo por qué en ocasiones es un tabú decirlo. Cada vez, menos, es cierto, pero en España tenemos un respeto medieval al rey. Los grandes medios pueden defender una u otra postura política o social, pero parece simplemente cuestionar la forma de Estado lleva a una guerra civil.

El problema no es que cacen elefantes

Sin embargo, soy crítico con la manera en que existe el republicanismo en este país. Me dio lástima ir a la manifestación del pasado 14 de abril y ver tantos lemas en contra de la familia real porque “son unos vagos, corruptos, roban, cazan elefantes…”. Para mí, ese no es el problema. Por supuesto creo que si cualquier persona de esta familia roba debe ser juzgado en igualdad de condiciones. Pero no creo que ser partidario de la república porque en este momento el rey está bajo de popularidad sea positivo. Yo me consideraría republicano aunque el rey fuese un dechado de virtudes, ecologista, simpático, solidario y hablase todos los idiomas cooficiales del país del que es jefe de Estado.

Y es que creo que ser republicano es mucho más que te caiga mal Juan Carlos de Borbón, o querer cambiar el rey por un presidente. Si la llegada de la república, que creo que se va a producir en los próximos años, se queda en eso, conmigo que no cuenten. Una república debería partir del convencimiento de que en una sociedad democrática el ciudadano debe ser el protagonista, y eso se debe reflejar en poder elegir (y enviar a su casa cuando creamos que ya no lo hace bien) a la máxima autoridad del Estado. Pero también en muchísimas otras cosas aún más importantes.

¿Aznar presidente? ¿y qué?

Tampoco creo que sea una cuestión de ideología. Y eso deberíamos tenerlo bien claro: España no va a ser una república hasta que la inmensa mayoría de los ciudadanos lo quieran, personas de derechas incluidas. Y a raíz de esto, no puedo dejar de protestar por uno de los argumentos que más lástima se dan cuando se discute sobre monarquía o república: “¿Te imaginas a Aznar de presidente de la república? Para eso prefiero que siga el rey”. Me parece un argumento muy poco democrático. Sin duda, Aznar es una de mis personas menos favoritas del universo, pero si los españoles le eligieran para ser jefe de Estado, ¿dónde está el problema? ¿no consiste en eso la democracia? Un Aznar presidente de la república (no termino de entender por qué siempre sale él como ejemplo) sería muchísimo más democrático que un jefe de Estado que no hemos elegido, y al que lo más próximo a votarle que hemos podido hacer fue en el referéndum de la Constitución de 1978: es decir, todos los nacidos después de los 50 no tuvimos la oportunidad de que se nos escuchase.

Una República para los ciudadanos

Como decía al principio, que España sea una república debe ser mucho más que quitar al rey y poner a un presidente. Si así fuera, no habríamos avanzado (casi) nada. Cambiar nuestro sistema debe ser una oportunidad para repensar el país. Y creo que la idea fuerza en torno a la que deberíamos girar es que el ciudadano sea el centro de todo. No es un simple lema: es un valor fundamental que debe expresarse en todos los ámbitos.

Una sociedad en la que los ciudadanos elijan cómo se les gobierna: Partiendo de la base de que la sociedad gira en torno al ciudadano, este debe poder elegir quién le gobierna y cómo: por supuesto, elegir a los gobernantes (incluyendo al jefe de Estado), ser consultado directamente en las grandes reformas (por ejemplo, las constitucionales), recibir explicaciones claras de sus políticos y poder someterles a control aunque tengan mayoría absoluta, y castigarles (social, legalmente) si mienten.

Una transparencia pública sin letra pequeña. Que las Administraciones estén al servicio de los ciudadanos. Y esto pasa por repensar todos los procesos, por ejemplo, los burocráticos, para hacerlos más fáciles y accesibles a todos.

Igualdad de oportunidades plena entre todos los ciudadanos, con los mecanismos que sean necesarios para ello. Eliminar privilegios legales o sociales y vestigios de ellos: ¿por qué la jefatura del Estado solo la puede ejercer una determinada familia, e incluso dentro de esta, sus hijos varones con preferencia? ¿por qué existe una figura tan arbitraria como el indulto en la que el Gobierno hace excepciones con la ley? ¿qué sentido tienen hoy en día los títulos nobiliarios?

Independencia del Estado de cualquier confesión religiosa, e inexistencia de privilegios para ninguna de ellas. Un ciudadano que practique una confesión religiosa no debería tener más ni menos derechos, oportunidades o carga impositiva que otro. Igual para las propias organizaciones.

Que el funcionamiento de los partidos políticos fuese realmente democrático, basado en las ideas y los méritos y no en la fidelidad o los favores prestados.

Que la justicia sea de verdad igual para todos, y que nadie se quede excluido de la misma por ser quién es o por no poder pagarla.

Que la gente pudiera expresar sus ideas o protestar contra decisiones gubernamentales sin miedo a represalias o incluso palizas por parte de las fuerzas de seguridad.

Contar con unos medios de comunicación libres, que no dependa de los favores del poder, ya sean públicos o privados. Recibir una información veraz.

El interés ciudadano debe estar por delante de los intereses de empresas privadas, especialmente en temas fundamentales para la vida de los ciudadanos como la educación, la vivienda y la sanidad.

El respeto a la igualdad y acceso a los derechos civiles debería ser un tema fundamental que no estuviera sujeto a las peleas políticas de turno.

En resumen: una nueva sociedad en la que el respeto a los ciudadanos se expresase en todas las facetas de la vida pública. Desde la persona más humilde hasta el jefe del Estado, todos deben tener las mismas oportunidades y derechos. Leído todo lo anterior puede parecer una utopía, pero son cuestiones básicas para una democracia. He huido de populismos como “bajar el sueldo a los políticos y encarcelar a los banqueros” porque creo que de lo que se trata es de crear unas nuevas reglas del juego. Lo que pasa es que estamos demasiado acostumbrados a que nos falten al respeto.

Y con todo esto en mente… lo de menos es si la bandera es la tricolor, la roja y amarilla o una nueva.