Por qué en ecomovilidad.net enfadamos a nuestros lectores (a veces)

Si hay algo que no soporto es que alguien me diga solo lo que quiero oír. Escuchar siempre tu propia opinión en la voz de otras personas te hace vago y que nunca te cuestiones nada. No se trata de estar a la contra, sino de ser coherentes.

Es algo en lo que llevo un tiempo pensando a raíz de ecomovilidad.net. Desde el principio planteamos un medio sobre movilidad sostenible que informase sin ataduras de ningún tipo: no tenemos detrás ninguna asociación, empresa, organismo o partido político, ni debemos favores a nadie. Somos totalmente libres para criticar lo que no nos gusta y alabar lo que sí. Y si alguien alguna vez nos ha hecho la pelota o nos ha dado un premio esperando lo contrario, se ha llevado un chasco.

Nos hemos tomado tan en serio lo de ser independientes que de cuando en cuando enfadamos a nuestros propios lectores.

Resulta que hay algunas posturas que sostenemos que no son precisamente populares. Porque lo que nos mueve es un deseo de cambiar el modelo de ciudad hacia uno más habitable y en el que el espacio público esté mejor repartido. Y claro, cuando hablas de movilidad sostenible hay muchos temas en los que todo el mundo te apoya, de verdad o por postureo: la necesidad de mejorar el servicio, de hacer que las tarifas sean más justas, de que haya más bicicletas en la ciudad… pero también hemos propuesto que se supriman los metrobúhos, que suba el precio del billete sencillo, que se supriman plazas de aparcamiento, que los coches circulen más despacio o nos hemos quejado de las motivaciones de algunos vecinos de Gamonal.

Y aquí es donde se enfada la gente. Algunos con razón, porque tienen el convencimiento de que las cosas deben ser de otra manera. Pero otros no, y estos son los que montan el drama: me habéis decepcionado, parece que odiáis a los coches, sois unos voceros del sistema neoliberal, sois el panfleto de PSOE-IU, no sabéis de lo que hablaís, qué fácil es hablar cuando no tienes una madre enferma que necesita ir en coche hasta la puerta (siempre que propones peatonalizar una calle aparecen decenas de madres octogenarias que necesitan ir en coche a la puerta), y tal. Y es que como decía, en este tema hay mucho postureo. Mucha gente apoya fervientemente que se construya metro o se mejore el transporte público a su barrio… siempre y cuando ello no suponga restringir de ninguna manera su movilidad en coche. Vamos, que lo hacen con la esperanza de que sus vecinos se muevan en transporte público y le eviten los atascos. Otros creen ser defensores de la movilidad sostenible, pero simplemente son aficionados al ferrocarril o los autobuses: les gustan de una manera lúdica, nada que ver con la movilidad. Defienden “su” medio de transporte sobre los demás, le sacan fotos y comentan lo bonito que es y la gran historia que tiene, pero en el fondo les da igual que sus tarifas sean accesibles, que las rutas sean correctas o el papel que jueguen en la intermodalidad de una ciudad. Es como decir que te gusta el deporte cuando lo que te gusta es ver las retransmisiones de voleibol femenino.

Nosotros, por nuestra parte, estamos orgullosos de defender posturas diferentes, poco comunes o directamente impopulares en ocasiones. Y no lo hacemos por trollear, sino por coherencia interna. Sería muy fácil negarse a cualquier subida de tarifas en el transporte público, o a que los conductores de coches pierdan ningún privilegio esperando que mágicamente la ciudad cambie su modelo de movilidad hacia uno más sostenible o pedir líneas de metro al infinito. O quejarnos por sistema de todo lo que haga un partido político (nosotros hemos criticado a todos). Seguramente de esta manera ganaríamos mucha más audiencia. Porque a la gente le gusta saber qué etiqueta ponerte y no llevarse sorpresas con lo que dices. A muchos líderes de opinión les ha ido bien así, sin salirse del argumentario, diciéndole a su público siempre lo que quiere oír. Subes rápidamente en followers y te acabas convirtiendo en un líder de opinión. Siempre que digas lo que se espera de ti.

Pero desde el principio quisimos ser un medio en el que se pudiera confiar. Queremos que nuestras propuestas sean realistas y razonables, sin renunciar a un punto de utopía pero sin vivir en cuentos de hadas. Y eso supone defender la movilidad sostenible en todas las ocasiones, no solo cuando es fácil hacerlo. Y sé que hay muchos lectores de ecomovilidad.net que lo agradecen, estén o no de acuerdo con nosotros.

Precisamente el otro día leí un artículo en El País sobre la espiral de silencio, un fenómeno por el cual las opiniones menos populares acaban siendo relegadas porque la presión social en contra hace que sus defensores callen. Tratamos de que eso no pase, convencidos de lo contrario: por impopular que sea una idea (los privilegios de los coches en la ciudad son insostenibles), si crees que vale la pena hay que defenderla, hablar de ella y hacer que vaya calando en la gente.