Mi sistema para organizar el dinero

Últimamente el tema del dinero surge frecuentemente en conversaciones con mis amigos. Y la verdad es que, modestia aparte, creo que he desarrollado un sistema para organizarme bastante bueno, y quiero compartirlo con vosotros.

1. Abre varias cuentas bancarias

Para este sistema necesitaremos varias cuentas bancarias. No puedes ir por la vida teniendo una única. Es como tener solo un par de zapatillas para andar por casa, ir a trabajar e ir a una boda.

La cuenta principal será una corriente en la que cobres tu nómina y a la que tengas asociadas tus tarjetas. Pero en ella nunca debe haber más dinero del que vayas a gastar ese mes.

Todo lo demás debe ir a cuentas de ahorro. Porque si está en la corriente, psicológicamente tendrás la sensación de que “te lo puedes gastar”. A lo largo del proceso iré explicando cuántas cuentas de ahorro tener.

Una pregunta frecuente es: ¿cuentas en el mismo banco o en diferentes? Si están en el mismo tienes la ventaja de menor papeleo y de que las transferencias entre ellas serán instantáneas, pero también tiene un lado malo: si tienes un capricho, es más fácil caer en él si no tienes que esperar al día siguiente para tener el dinero. En todo caso, mientras te asegures de contratar cuentas sin comisiones, no debes tener miedo a ser cliente de varios bancos. No es para tanto.

2. Entiende en qué se te va el dinero

Parece una tontería, pero seguramente la imagen mental que tienes de tus gastos no se corresponde con la realidad. Mi consejo: págalo todo con tarjeta y hazte cuenta en un servicio como Fintonic (es gratis). Puedes conectar tus bancos y te categoriza cada movimiento, para que entiendas (con gráficos y todo) en qué se te está yendo el dinero.

Por experiencia, muchos tenemos un “agujero negro” en nuestras cuentas que no son grandes lujos sino pequeños gastos que hacemos sin darnos cuenta. No digo que tengas que dejar de hacerlos (si te hace feliz y te lo puedes permitir, adelante) pero siempre está bien poder dibujar un esquema: de los X euros que cobro al mes, me gasto A, B, C en estas cosas (de media).

3. Unifica tus ingresos

Lo primero de todo es hacer que todos los meses sean lo más parecidos financieramente hablando. En la parte de los ingresos esto es fácil si como yo tienes un contrato de 12 pagas, pero si eres autónomo, o trabajas a comisión, también deberías intentar estandarizar lo que llega a tu cuenta cada mes para que sea siempre lo mismo y sea más fácil de gestionar. Puedes hacerlo transfiriendo siempre la misma cantidad de la cuenta en que te pagan a la que uses en tu gestión diaria, o si es la misma, preocupándote cada mes de añadir lo que falte o transferir a otra lo que sobre respecto a la cantidad que te has planteado.

4. Unifica tus gastos

Una vez que te has dedicado a hacer que lo que entre en tu cuenta sea siempre lo mismo, vamos a intentar hacer que lo que salga de ella sea también lo más parecido mes a mes. Para esto tenemos que tener en cuenta que hay cinco tipos de salidas:

  • Gastos mensuales: alquiler, luz, teléfono… se dan todos los meses y suelen ser parecidos.
  • Gastos no mensuales: el IBI, el abono transportes anual, seguros… aquí irían todos los gastos que haces con una frecuencia menor a mensual (incluso anual).
  • Gastos imprevistos: todos aquellos que sabes que pueden llegar pero no sabes ni cuándo ni de qué cantidad.
  • Ahorro para algo: para irme de vacaciones este verano, para comprarme un portátil nuevo.
  • Ahorro en general: el dinero que guardas simplemente por acaparar recursos en esta sociedad capitalista con o sin una meta definida.

Muy bien, pues ahora vamos a intentar mensualizar todos estos gastos, es decir, hacer que cada mes nos cuesten lo mismo. Con los gastos que ya son mensuales, como la luz o el teléfono, es fácil. De eso ni nos preocupamos, ya llegará cada mes el recibo a la cuenta corriente (y en Fintonic podemos saber cuál es la media para tenerlo en cuenta en el presupuesto).

Con los gastos que no son mensuales, vamos a mensualizarlos. Es muy fácil. Si, por ejemplo, el seguro de mi casa son 180 euros y lo pago cada enero, tendré que guardar 15 euros al mes durante el año. Es decir, es como si me pasara a mí mismo un recibo de 15 euros al mes. Mensualizarlo es una buena idea porque es una cantidad bastante fácil de guardar de cada nómina, pero no es tan fácil sacarle 180 euros así de golpe a tu sueldo.

¿Y qué hacemos con esos 15 euros? Mi consejo es guardarlos en una cuenta aparte. Yo para esto uso Coinc, una marca de Bankinter que te permite tener una cuenta de ahorro con diferentes “metas” que son como huchas o cajones diferentes. Yo tengo creadas un montón, para todos estos gastos no mensuales. Una para el abono anual, otra para el seguro, otra para el IBI de la casa… y cada mes voy metiendo ahí la parte proporcional. Si no, también te puedes hacer diferentes cuentas de ahorro en tu banco. Suelen ser gratuitas, aunque por ejemplo en ING me dijeron que no podías tener más de 10.

Respecto a los gastos imprevistos, los vamos a tratar como si fueran gastos no mensuales. Aquí puedes hacer dos cosas. Por un lado, si este tipo de gastos imprevistos suelen venir de una misma cosa (por ejemplo, el veterinario de tu mascota o los libros que tengas que comprar para tus estudios), puedes tratar de estimar cuánto te cuesta al año de media y tratarlo como un gasto no mensual, con su propia meta/cuenta (de nuevo, yo uso Coinc para esto). Si simplemente quieres tener un colchón para imprevistos porque tu vida es extraordinariamente compleja y nunca sabes de dónde puede venir, hazte una meta/cuenta llamada “Imprevistos” y pásale cada mes una cantidad determinada que pueda cubrir lo que venga. Tener una reserva para imprevistos te ayuda a ser mejor ahorrador. Si tuviera que tirar de los ahorros cada vez que tengo un gasto con el que no contaba, este dinero parecería más “accesible” y al final acabaría usándolo sin control.

De hecho, yo tengo un nivel más de separación: tengo una meta/cuenta llamada “caprichos” en la que meto todo el dinero que gano aparte de mi trabajo principal: cuando doy un curso, cuando escribo un artículo… como es dinero con el que no contaba, tengo un pacto conmigo mismo de no sentirme culpable por gastarme ese dinero en cualquier cosa: al fin y al cabo, es dinero para caprichos.

Muy bien. Ya tenemos los gastos controlados. Vamos con el ahorro.

Todos ahorramos para cosas concretas: un smartphone, un portátil, un viaje. Haz una lista. Calcula cuánto cuesta esa cosa, y cuándo te la quieres comprar más o menos. Voilà, ya tienes un gasto no mensual. Aunque queden 5 años para comprarte tu próximo portátil, si empiezas a guardar ahora ni lo notarás.

Por otro lado está el ahorro sin meta definida. Hay mucha gente que ahorra lo que queda en su cuenta a final de mes, es decir, lo que no se ha gastado. A mí me gusta hacerlo al revés, y este es un consejo que te dan muchos asesores: “págate a ti primero”. Calcula cuánto puedes ahorrar cada mes (mirando en qué se te va el dinero, incluyendo los gastos mensualizados) y tan pronto como te llegue la nómina aparta en otra cuenta ese dinero. Dinero que no esté en la cuenta corriente es dinero con el que mentalmente “no cuentas”.

Además, tener los ahorros sin meta definida separados te permite sacarles más rentabilidad, ya que no los vas a usar a corto plazo. Hay muchísimas alternativas, y aquí te recomiendo que le eches un ojo a este libro escrito por Alejandro Nieto, compañero de trabajo, en el que explica fácilmente todas las alternativas.

Es más sencillo de lo que parece

En realidad, es muy fácil. Cuando te llegue la nómina, aparta todo el dinero de esa cuenta que vayas a usar para otras cosas: gastos no mensuales, previsión para imprevistos y ahorros. El dinero que te quede será para los gastos del mes.

Y la manera más fácil de no complicarse la vida es automatizarlo todo. Las transferencias automáticas serán tus amigas. Yo tengo programadas decenas para que se activen a principios de mes. Tan pronto como llega mi nómina, cada transferencia programada va cogiendo su “pedacito” para las diferentes metas/cuentas. Y así no me tengo que preocupar.

Después, cuando llega un recibo trimestral o anual, o un gasto imprevisto, solo tengo que ordenar una transferencia de la meta/cuenta correspondiente a mi cuenta corriente. Y así no me fastidia el mes.