Así uso Twitter

El otro día hablaba con Emilio Pila de que es fascinante cómo Twitter (mi red social favorita) es algo tan relativamente nuevo que los usos sociales aún no se han adaptado a ello.

Para mí, Twitter es como charlar en un autobús: espontáneo, privado pero no mucho (la gente se puede meter en tu conversación o estar escuchándote sin que te des cuenta)… pero con la diferencia de que todo queda por escrito. Para siempre.

Cada uno nos hemos tenido que formar nuestra propia lista de normas de lo que queremos hacer y lo que no ahí. De modo que he decidido pararme a pensar las que me aplico yo y ponerlas por escrito. Seguramente haya incumplido algunas, pero son los principios generales por los que trato de guiarme.

  1. Mi bio: La biografía de mi perfil es lo que da contexto a mis tuits. “¿Quién ha dicho eso? Ha sido Fulanito, [lo que ponga en tu bio]”. Para mí, Twitter es una red estrictamente personal. Ahí comparto publicaciones sobre cosas que me gustan, programas que veo, gritos a nubes y opiniones políticas. La empresa en la que trabajo no tiene nada que ver con ello ni quiero que le salpique nada de lo que diga, así que no la menciono en mi bio. Creo que si mencionas a tu empresa tienes que atenerte a otras reglas. No se trata de mantenerlo en secreto: yo menciono con toda naturalidad a Webedia y los proyectos que hacemos, y no es difícil encontrar mi puesto de trabajo en LinkedIn. Simplemente creo que si me tengo que definir en una red social, no quiero arrastrar mi puesto de trabajo a ello.
  2. Mi avatar y nombre: Me gusta que el avatar sea una foto reconocible de mí mismo (al margen de épocas en las que pongo alguna caricatura), nada de fotos de grupo o fotos de espaldas o dibujos animados. Me gusta ver con quién hablo y supongo que a los demás también. Y el nombre que muestro es simplemente el mío y una bandera arcoiris. Como si llevase un pin.
  3. La gente que me sigue y la gente a la que sigo: Afortunadamente, Twitter es una red social asimétrica: puede seguir a gente sin que ellos te sigan a ti. Eso es maravilloso porque obviamente habrá gente que publique cosas interesantísimas pero a los que no le interese lo que yo digo. Y viceversa. Y no es malo. Yo sigo a gente a la que admiro y a veces, cuando me devuelven el follow, me entra una gran inseguridad por si les gustará lo que pongo. Nada dice tan claramente “no tengo criterio” como el “sígueme y te sigo”. Y desde luego, me parece que tener vigilados los unfollows es una manera de volverse loco o inseguro.
  4. El número de seguidores me preocupa poco. Aunque siempre es bueno para el ego, seríamos más felices si fuese un dato privado. Y no está relacionado con el interés de la persona. Algunos de los mejores tuiteros que conozco tienen menos de 500 seguidores, cuando en mi opinión deberían ser de seguimiento obligatorio.
  5. Al hilo de esto último: si alguien publica algo bueno, ayudo a difundirlo. Sea un artículo, un tuit, una información o un programa de radio. Si puedo aportar un granito de arena para que el buen contenido gane protagonismo, lo haré.
  6. Aportar algo: Creo que las redes sociales funcionan mejor si entramos con la mentalidad de “a ver qué puedo aportar” en vez de “a ver qué puedo obtener”. Por eso me gusta compartir lo que aprendo, los diseños que hago, las cintas VHS que digitalizo, los papeles curiosos que escaneo. En general, cosas que me gustaría encontrar a mí en Twitter.
  7. ¿RT = apoyo? Retuitear algo no significa que esté de acuerdo con ello. Puede ser simplemente “eh, mirad esto”. Pero es muy difícil de ver la diferencia. Ante la duda, mejor retuitear con comentario. Y si es un mensaje de odio, por muy indignante que sea, mejor no ayudar a viralizarlo. La extrema derecha se aprovecha de la indignación que genera lo que dicen para hacer que el mensaje llegue a más gente.
  8. Espontaneidad al tuitear: Trato de ser lo más natural posible. Este es mi espacio y nadie está obligado a seguirme. Pero sí que desde hace un tiempo, antes de enviar un tuit y especialmente antes de responder a alguien pienso, ¿estoy aportando algo o simplemente quiero dejar claro que soy más listo? No os imagináis la cantidad de veces que es lo segundo. He dejado muchos tuits sin enviar. También trato de recordar que no soy el presidente del gobierno, no hace falta que la gente conozca mi opinión sobre cada suceso. De hecho no hace falta ni que tenga opinión.
  9. Responder a un político en Twitter generalmente es como gritarle a la tele.
  10. Los temas de los que hablo: Estoy obsesionado con que hablo demasiado de política. A veces trato de cortarme, pero no puedo hacerlo. No me sale. Eso sí, siempre trato de hacerlo de manera constructiva y con humor, no repetir argumentario de nadie y hacerme más preguntas que respuestas. Supongo que tendremos que acostumbrarnos a vivir en un mundo en el que la gente tenga una huella de opinión online (o a que tengan una presencia en redes absolutamente robótica intentando complacer a todos).
  11. El activismo está bien, ser un plasta monotemático no. Creo que hay gente que usa Twitter como quien saca la basura. Entran, sueltan su mensaje y se van. Creo que las campañas y la efectividad para convencer a la gente funcionan mejor si conoces el medio, si lo vives desde dentro, si lo haces más en plan “lluvia fina” que a pedradas, con mil tuits a la hora con el hashtag que toque para aplaudir a tu político favorito.
  12. La división entre cuentas personal y profesional: En su día intenté tener una cuenta “personal” y otra “profesional”. Y qué queréis que os diga: es un rollo. No es para mí. Yo soy yo cuando hablo de branding, de chicos guapos, de tipografía, de política o de diseño. Mantengo las cuentas de Marca por hombro, La cabeza llena o Ecomovilidad (compartida), pero porque son proyectos distintos. Tal vez si fuese un actor famoso o alguien cuya imagen pública tuviese gran proyección tendría sentido hacerlo. Ahora mismo solo me da una pereza tremenda.
  13. Los trending topic no significan nada. He desarrollado ceguera hacia ellos. Y creo que la mayoría también.
  14. Sobre la cobardía en Twitter: Hay muchas maneras de ser mezquino en Twitter. Trato de evitarlas. Una de ellas es hacer una captura de pantalla de un tuit de alguien para reírte de él sin que lo sepa. De esta manera, ni le llega notificación ni tus seguidores podrán ver más contexto que lo que tú has elegido para que se burlen. Otra opción es tener una cuenta privada y ahí dedicarte a criticar a los demás. Esta última es muy buena opción si estás haciendo carrera política y por ejemplo comienzas a trabajar de asesor de un partido en el Congreso. Tu cuenta pública sigue siendo un ejemplo de fair play y elegancia, mientras en la privada te dedicas a llamar de todo a gente que jamás lo leerá ni puede defenderse. Trato de no practicar ninguna de las dos.
  15. Nunca enviar a la jauría: Actualmente tengo unos 16.000 seguidores en Twitter, más que mucha gente y menos que mucha otra gente. Pero aun teniendo en cuenta que muchos serán cuentas inactivas o institucionales que nadie lee, o que el algoritmo de Twitter no le llevará mi tuit a todos, trato de publicar con la responsabilidad que tiene saber que de salida tengo un altavoz que otra gente no tiene. Por eso me parece una irresponsabilidad citar el tuit de alguien que ha dicho algo indignante para que tus seguidores vayan a reírse de él o meterse con él.
  16. Contenido original: Trato de subir siempre contenido creado por mí, o de acreditar al autor. Pero mejor aún es hacer retuit al autor original. De hecho, muchas veces si veo un tuit con un vídeo o similar y quiero compartir pero sospecho que no es suyo, hago una pequeña búsqueda para encontrar el autor original y hacerle retuit en su cuenta.
  17. Enlazar las fuentes: Cuando una noticia, reportaje o entrevista de una web me llama la atención, trato de tuitearla enlazando a la web del medio. Incluso si saco una captura de pantalla para destacar una frase que me ha gustado especialmente. Por dos motivos: por un lado, para dar a la gente que me lee la oportunidad de opinar leyendo el contenido completo (y no solo lo que he seleccionado yo) y por otro, porque los medios necesitan las visitas para ser sostenibles y poder dar empleo a periodistas. La única excepción a esto son las páginas sensacionalistas, que publican bulos xenófobos o titulares insultantes porque les salen rentables las visitas de indignados. En este caso prefiero no darles ni un tuit, pero si lo hago, mejor captura de pantalla que enlace.
  18. Silenciar: En un mundo ideal, lo normal sería que cada uno siguiese a las cuentas que le interesen y dejase de hacerlo cuando ya no le aportan nada, pero en la vida real nos duelen algunos unfollows. La relación en Twitter también tiene algo de relación real, y nos duele que un amigo nos deje de seguir. Por eso me parece perfecta la función de silenciar: yo dejo de ver un contenido que no me interesa pero oficialmente no he dejado de seguirle, nos podemos mandar privados y demás.
  19. Bloquear: Uso el block cuando realmente quiero que alguna cuenta no pueda interactuar conmigo, especialmente gente o medios tóxicos (propagadores de bulos, trolls, etc). Antes solía silenciarles también, pero bloqueando consigo que no puedan seguir leyéndome.
  20. Desactivar retweets: Hay gente que gana mucho si silencias sus retweets. Gente con opiniones sosegadas pero que no para de retuitear a plastas, o quienes retuitean CADA HALAGO que les hacen, o quienes retuitean muchísimo y colapsan el timeline. Me parece una manera menos radical que silenciarles.
  21. Preferencias de notificaciones: No mucha gente sabe que la pestaña de notificaciones se puede personalizar. Yo la tengo configurada para que solo me muestre las de gente que me siga. No se trata de una decisión basada en mi ego, sino que por experiencia sé que lo que te responde alguien que no te sigue suele tener poco valor. Es alguien que te ha leído a través de un RT (o del RT de un RT de un RT): no conoce tu cuenta, no sabe quién eres y probablemente ha leído ese tweet totalmente fuera de contexto. No te pierdes nada.
  22. Qué responder cuando no sabes qué responder: Un amigo me dijo hace tiempo que yo por Twitter parecía un borde, y es que a veces cuando alguien me dice algo no sabía qué responderle y no decía nada. Aprendiendo de eso, trato de dedicarle al menos un fav a todo el que me dice algo si no tengo nada mejor que decirles (también es verdad que leer Twitter en la cama medio dormido y pensar “luego le respondo” es malísimo para la imagen que uno proyecta).
  23. No juzgar por tweets pasados: Sí, la maldita hemeroteca a veces es muy jugosa, y todos tenemos la tentación de sacarle a otro los trapos sucios de que antes decía X y ahora dice Y. Pero es que es normal. Yo llevo más de 10 años en Twitter. Mi cuenta es la crónica de mis veintitantos. Y a lo largo de este tiempo he cambiado de opinión mil veces, y seguramente habría tuits que escribí en 2007, 2009 o 2018 que no volvería a escribir. Por eso trato de no juzgar a los demás en base a esto (bueno, a los políticos sí, pero es que les va en el sueldo, y solo cuando realmente están mostrando oportunismo y no un verdadero cambio de opinión). Parafraseando a Fernando Savater, “firmo todos y cada uno de mis tuits, con la fecha debajo”.