Billete sencillo

No es una gran historia, ni siquiera es graciosa u ocurrente. Pero me apetecía contarla.

El otro día estuve gamusineando en Alcorcón. Saqué dinero pero los horribles cajeros 4B (a los que ya dedicaré un post otro día) sólo dan billetes de 20 euros, y por unas cosas u otras no gasté el dinero. De madrugada cogí un búho para volver a Madrid… y lo único que tenía en el bolsillo era el maldito billete de 20 euros. Nada más, ni abono de transportes, ni monedas.

Para los que no conocéis como funciona la cosa, los conductores no dan cambio de billetes superiores a 10 euros (normal, se quedarían sin monedas enseguida). Y con el bus en marcha, mis únicas posibilidades eran bajarme en medio de una ciudad que no conozco y tratar de conseguir cambio para el bus que pasaba una hora después, o perder el dinero renunciando a la vuelta (y para alguien que está viviendo de un finiquito, 20 euros es mucho).

Por suerte, una chica que pasaba por allí se ofreció a pagarme el billete. No la conocía de nada, no he vuelto a verla y probablemente jamás nos cruzaremos más, pero me salvó la noche. Se lo agradecí fuertemente y pensaba cómo devolverle el favor.

Hoy estaba esperando el bus y ha llegado un chico con el mismo problema en forma de billete de 20 euros. Le he contado la historia de lo que me sucedió a mí en tierras alcorconenses y le he pagado su billete.

Puede que sea una tontería, pero me siento algo mejor por el favor que recibí aquella noche. No sé si esto será karma, cadena de favores o qué. Tampoco me importa demasiado cómo se llame la cosa.

5 thoughts on “Billete sencillo”

  1. A veces (las más, la verdad) las cosas cotidianas tienen más repercusión que los grandes titulares, estoy convencido de ello. Puede que el euro que te diesen no tuviese mayor importancia, o el que has dado tú hoy, pero nos demuestra una cosa, que siempre hay alguien que echa una mano.

    Y aunque una historia no sea graciosa u ocurrente, merece la pena contarla si para ti es importante. Yo me alegro de que la hayas compartido con quienes te leemos 🙂

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  2. Bueno, yo de esas historias podria contarte muchas… desde el propio conductor que te “perdona” el billete o incluso conocer a un chico en alcorcón (que tendrá esa ciudad “mágica” jajaja) y acabar volviendote hasta tu casa con el y como no tiene dinero para volver pagarle tu un taxi (sabiendo que no vas a volverle a ver). También esta la típica gente desconfiada que no te deja 50 centimos para una llamada urgente por si con ese dinero haces no se sabe el que. Pero me quedo con esos pequeños gestos que hacen más grande a la gente

  3. Yo siempre he pensado que eso, es lo que hay que hacer, aunque muchas veces no se estile. Que va la gente muy autónoma con sus iphones y sus htcs con sus androids buscando cajeros por el mundo ( 😛 ) pero luego cuando necesitan cambio para el bus , que? Pues un poco de contacto social, si señor.

    Hoy me dejé las llaves de la puerta principal por dentro. Con la compra realizada nos disponíamos a entrar cuando ¡oh! sorpresa, la puerta no abre. Un vecino, más que amable, ha dedicado una hora de su tiempo nocturno a ayudarnos a abrir la puerta (en plan ladroncillo, con una carta de restaurante italiano, plastificada). Eso si es solidaridad vecinal y lo demás son tonterías. Nota decir que eran las diez de la noche.

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