Cabinas telefónicas

Salimos de casa. Llovía un poco y no teníamos paraguas, así que los dos nos pusimos las capuchas de nuestras sudaderas. Olía a tierra mojada y aunque estaba nublado, había mucha luz. Era media tarde. Me hizo ver que habían cambiado de sitio las cabinas telefónicas, con teléfonos rojos. Puede que aún no hubieran decidido su emplazamiento definitivo.

Le sonreí. Siempre me había gustado su olor. Mientras caminábamos, le pregunté:
– ¿Qué te apetece ver hoy?
– Llévame a un sitio desde donde pueda ver todo Madrid.

Seguimos andando de camino al metro.

2 thoughts on “Cabinas telefónicas”

  1. Una historia tierna, sencilla, muy bien redactada (como nos tiene acostumbrados Fer) y que denota el espíritu friki que lleva dentro.

    Viva la madre que te parió, Fer!

    Pasabaporaquí

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