Cobardes contra cobardes

Reconocerás un cobarde porque es aquél que, cuando se encuentra en una competición, no tiene reparos en hacer trampas para ganar. Y dentro de media hora en nuestro país está convocada una Huelga General, que puede entenderse como una competición entre empresarios y sindicatos.

Primer escenario. Sala de empleados de unos conocidos grandes almacenes, este lunes. Un jefe intermedio entra y tras un par de frases de charla insulsa, se interesa por si sus empleados van a acudir a trabajar este miércoles. Éstos no se mojan, y él les recuerda la temporalidad de su contrato y que a la empresa no le haría ninguna gracia que alguien no acudiese el día 29. La mayoría de los trabajadores tienen personas a su cargo que no pueden prescindir del sueldo que entra en casa.

Segundo escenario. Accesos a una fábrica en las afueras de la gran ciudad. Un grupo de sindicalistas forman un piquete informativo, cuya labor consiste en informar a los trabajadores que quieren entrar a trabajar de que son unos hijos de puta, esquiroles y de que se les aproximan objetos a gran velocidad contra su cuerpo.

En ambos casos nos encontramos con cobardes. Empresarios cobardes con miedo al éxito de una huelga, sindicalistas cobardes con miedo al fracaso de una huelga. Ninguno de los dos bandos de cobardes duda al utilizar la violencia (verbal, física o laboral) contra quienes quieren ejercer un derecho constitucionalmente reconocido.

Por supuesto, ninguno de estos dos escenarios se da en España. Afortunadamente, vivimos en una democracia consolidada en la que los empresarios respetan el derecho a la huelga de sus trabajadores. Los sindicatos han realizado una encomiable labor pedagógica y han logrado crear una conciencia de clase entre los trabajadores, por lo que éstos tienen los elementos de juicio suficientes para elegir con madurez si hacer la huelga o no. Los piquetes informativos desaparecieron por no ser necesarios: en plena época de las comunicaciones, no queda español que no esté informado suficientemente de las medidas del Gobierno y de la convocatoria de Huelga General, así como de su derecho a secundarla o no. En la España del 2010, el éxito o el fracaso de una huelga depende en exclusiva del seguimiento que tenga por parte de unos trabajadores libres, sin coacciones y bien informados.

¿Mi opinión sobre la huelga? No me gusta que una empresa pueda despedir barato sólo por creer que va a tener pérdidas, ni que mis padres tengan que jubilarse dos años más tarde cuando existen cientos de miles de jóvenes sin empleo, y por muchos otros motivos.

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