El Madrid que no fue: autopistas subterráneas hasta el centro

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Hace poco más de diez años, las administraciones apostaban fuertemente por beneficiar a los conductores de coches en lugar de impulsar políticas de movilidad sostenible. Ese es el caso de la idea del Ayuntamiento de Madrid que traemos hoy y que afortunadamente no llegó a hacerse realidad: una red de autopistas que llegasen hasta el mismísimo centro de la ciudad.

En 1998 el alcalde de Madrid, Jose María Álvarez del Manzano presentó su proyecto para crear la Red Especializada de Vías Subterráneas (REVS), una idea de un ingeniero llamado Björnulf Benatov y que, según sus cálculos, permitiría cruzar la ciudad en unos ocho minutos. Se trataba de una red de túneles de 140 kilómetros de longitud en total, que nacerían en la M-40 (al final de las carreteras radiales de peaje que desembocan en Madrid), y llegarían hasta una autopista circular que se denominaría M-10 en pleno centro de la ciudad. Esta estaría conectada a grandes aparcamientos subterráneos de ocho plantas. El peaje de la REVS costaría algo menos de 2 euros, y el aparcamiento, aproximadamente 1,20 € por hora.

Los vehículos no podrían salir a la calle desde los túneles, así que sus conductores deberían aparcar y salir a la calle andando o tomar otro túnel para salir al otro extremo de la ciudad.

El proyecto estaba respaldado por el Ministerio de Fomento, dirigido por aquel entonces por Arias Salgado, y se presentaba como una alternativa ideal para quienes necesitasen desplazarse al centro de la ciudad. Todo ello, por supuesto, sin prescindir del vehículo privado, el más ineficaz y contaminante de los que circulan por la ciudad. El coste sería de unos 1.800 millones de euros, y las obras durarían hasta diez años.

La REVS iba a ser la promesa estrella de la candidatura del PP a las elecciones a la alcaldía de 1999, pero fue duramente criticada. La oposición lo tildó de “locura” y de “humo”, e incluso el presidente de la Comunidad de Madrid (Alberto Ruiz Gallardón, de su mismo partido) lo tildó de “inocentada”.

Finalmente (y por fortuna) se decidió no incluir esta obra en el programa electoral del PP para 1999, reconociendo que era “absolutamente irrealizable”. En ello coincidían arquitectos como Ricardo Bofill, que en presencia del alcalde sostuvo que era “técnica y económicamente inviable” y que no se haría nunca.

Por fortuna, hoy en día somos conscientes de que los privilegios que se otorgan al vehículo privado no son justos. Se trata de un medio de transporte que sólo beneficia a quien lo usa y que perjudica a toda la ciudad: justo el caso contrario al del transporte público, que consume menos energía por viajero, contamina menos y ocupa un menor espacio público. Por eso, las políticas actuales se encaminan, afortunadamente, a la promoción del transporte público para que los viajes que se realicen en coche sean los imprescindibles.

One thought on “El Madrid que no fue: autopistas subterráneas hasta el centro”

  1. Y yo sin coche… menos mal que, como tú dices, esa no fue la tendencia… Aún así el transporte público tiene muuuucho que mejorar para que la gente opte por dejar el coche.
    O, ahora que lo pienso, si la gente dejara el coche, el trasnporte público sería mejor.

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