En el lado equivocado de la historia

Ayer fue un día triste para la igualdad. El Corte Inglés retiraba, presionado por la plataforma ultraconservadora Hazte Oír, un vídeo de su campaña de vuelta al cole en el que aparecía una pareja de dos hombres como padres de unos niños.

El anuncio era perfecto. Por una vez los gays nos podíamos ver reflejados en un momento cotidiano en el que nuestra sexualidad no era el centro de todo, ni ayudábamos a una amiga a decorar una casa, ni éramos representados solo como histriónicos jóvenes guapos y cachas. Era una escena que te sacaba una sonrisa. Era demasiado bonito para ser verdad. 21.000 firmas de personas ofendidas porque el anuncio “promocionaba la homosexualidad”, el vídeo desaparecía de Youtube. El Corte Inglés (en público) niega que haya presión alguna, aduce que la campaña había pasado y que no disponían de los derechos de la música por más tiempo.

Llegamos al punto en el que se juntan tantas incoherencias que hay que ir a desmontarlas una por una, y no me refiero a lo de que una tendencia sexual se pueda promocionar como si de una tarifa de móvil de tratase para conseguir más portabilidades. Para creernos la versión de El Corte Inglés habría que omitir el hecho de que muchas campañas pasadas siguen en su Youtube (las rebajas de este año y del anterior, la vuelta al cole del año pasado…), habría que creerse que una de las empresas más importantes del país comete la torpeza de comprar los derechos de una música durante solo un mes y, en definitiva, habría que no haber visto el anuncio en el que no hay una sola nota de música:

El vídeo se enmarcaba en una línea que había comenzado hace meses con unos vídeos para San Valentín en los que, por primera vez, aparecían parejas homosexuales. Guapísimos, jóvenes, cachas, pastelosos e intensitos, sí, pero a muchos nos llenó de esperanza que diese este paso una de las empresas más tradicionales, en todos los sentidos. Para conseguir la igualdad social que ya tenemos legalmente es imprescindible la visibilidad. Yo soy de los que piensan que, a principios de los 2000, una de los factores que más contribuyó a convertirnos en uno de los países más tolerantes con la diversidad sexual fueron la ley de matrimonio igualitario y los personajes gays y lésbicos de series como Siete Vidas, Hospital Central y Aquí no hay quien viva. Por primera vez protagonistas, sin ser clichés ni vivir un drama por su sexualidad.

Pero todo era una estrategia de pinkwashing. Como dicen en este acertado artículo del 20 Minutos, El Corte Inglés nunca se creyó la igualdad. Simplemente necesitaban parecer modernos porque su competencia (Amazon, sin ir más lejos) lo es. Si te crees la igualdad asumes que por hacer estas cosas un grupo de homófobos te van a presionar. Y no debería importarte. De hecho, qué carajo, deberías estar orgulloso de que quienes piensan así se enfaden contigo y dejen claro al mundo que no eres uno de ellos. Y esta es la diferencia entre ser algo de verdad y decir que eres algo. Como dice mi jefe, los principios no son principios hasta que no te cuestan dinero.

No acierto a entender por qué en 2016 una empresa decide alinearse con el que ya es obvio que es el lado equivocado de la historia. Y menos aún que sus responsables se excusen diciendo cosas como que “no tenemos posición política ni en un sentido ni en otro”. ¿Cómo se puede no tener posición? No estamos hablando de PP contra PSOE, estamos hablando de igualdad contra homofobia. ¿Tampoco tendrían posición en la segregación racista?

Si en 2016 una marca recibiera presiones para retirar un vídeo protagonizado por una persona negra, ni se les pasaría por la mente hacerlo. Lamentablemente, hoy en día la homofobia está aún mejor vista que el racismo.

En Anunciología, nuestro homenaje a un anunciante mucho más valiente: