La caza


“Hoy vamos a ver ‘La Caza”. “¿La caza de quién, pisha?”. Ya está. Este fue el momento más divertido de la clase de ayer. La cosa pintaba bien: por fin nos han cambiado de aula, tras muchas quejas. El aula anterior tenía unos bancos metálicos fijos en el suelo, las mesas (también fijas) demasiado altas, estrechas y alejadas… con lo cual, tomar apuntes durante cuatro horas allí era lo más parecido a un potro de tortura que podemos encontrar en 2008. No puedo creer que un edificio inaugurado en 2001 tenga unas aulas en las que es imposible tomar apuntes sin acabar con dolor de espalda, manos y cabeza. Nuestra nueva clase tiene sillas blanditas, de ruedas, con la espalda regulable… vamos, un lujo. Las mesas son enormes, nos cabe todo (en las anteriores, sólo cabía un folio a lo largo y a lo ancho).

Pero todo esto no sirvió de mucho. Nada más comenzar la clase, el profesor decidió que en vez de explicar cosas como siempre, iba a dedicar la clase a contar cómo tendríamos que hacer nuestro trabajo de fin de curso. Lo que se dice agobiarnos, para gente como yo. Después, vimos La Caza, una película larga, lenta, aburrida y amarga. No os la recomiendo. De hecho, al final de este post os voy a destripar el final para que no la veáis.

El tercer elemento que hacía que se mascase la tragedia es que, desde el domingo yo llevaba en mi cuerpo unas seis horas de sueño. No sé por qué, pero yo me acostaba (pongamos) a las doce de la noche, muerto de sueño, y no me podía dormir. Cinco horas dando vueltas por la cama, leyendo trozos de libros, contando ovejas, contando rebaños… menudo máster en ganadería ovina me hice. Y así dos noches.

Se mascaba la tragedia. Una clase a oscuras, una película lenta, en blanco y negro, sillas cómodas y yo muerto de sueño… pero resistí. Me tragué toda la película, que no recomiendo a nadie. Como su propio nombre indica, es de una cacería. Unos amigos se van a matar conejos, y para que quede bien claro, a lo largo de la película mueren unos cien. Pero no mueren peluches, no. Queda bien claro que son conejos de verdad. Yo me tapaba los ojos cada vez que veía que iban a disparar, porque el director no escatimaba en detalles para mostrar animales muriendo. Que si el disparo, que si la sangre, cómo le arrancan la piel… y no sólo conejos. Pasa un hurón por allí y también muere. Van a un pueblo a comprar pan y -qué casualidad- estaban de matanza.

Al final de la película se mueren los amigos. Y precisamente es lo que menos impresión me dió, no sé si a) porque estamos tan acostumbrados a la violencia que no nos impresiona ver a una persona muriendo en pantalla o b) me imagino que no matarían a los actores de verdad, pero a los conejos seguro que no les hicieron efectos especiales. Y no os quejéis de que os haya reventado el final, porque por mucho que sea de culto, la película es un rollo y demasiado amarga para gente tan alegre y dicharachera como nosotros. Y además os he avisado hace media hora.

9 thoughts on “La caza”

  1. Joer Jorge que cruel… tampoco ha sido tan aburrido, xD.

    Fer comprendo como te sientes. Yo estudié periodismo y me trague algún que otro bodrio de esos insoportables. Lo que pasa es que yo si me echaba unas siestecitas. Recuerdo “el acorazado Potemkin”, una peli rusa del año 1925 que el profesor nos pintaba como una joya. Sinceramente, era una verdadera mierda. Estos culturetas…

    Un abrazo!

  2. Vaya… Yo que me he “tragado” todo el rollo que ha soltado Fer (es broma…) porque pensaba que la historia acabaría con sorpresa, en plan “Tan aburrida era la película que el compañero de al lado aprovechó la oscuridad para ir deslizando su mano por mi muslo, de manera que ambos acabamos, como la película, de cacería.”

    Además, ello hubiera hecho posible que un rollo (el de Fer con su compañero de al lado) mitigara otro rollo (el tostón de la película). Pero nada… Todo lo que escribe Fer es para acabar diciendo que “La caza” es una mierda y desvelarnos el final. Pues vaya! ;-P

    Por cierto, leyendo lo que él contaba, me lo imaginaba viendo la peli, a oscuras, con la proyección como único elemento que iluminaba su blanca cara, resaltando sus grandes y bonitos ojos, poniendo cara de asco ante las macabras escenas de los conejos y explicando una voz en off lo que está pensando. Como le pasa en las pelis americanas al “prota” bonachón, vamos… Dabas el pego, Fer! 😉

    Nada más,

    Cazabaporaquí, digooo… Pasabaporaquí

  3. ¿Qué motivo ha argumentado el profesor para poneros ese pestiño? Aparte de que no quisiera dar clase, claro está. Porque por muy “de culto” que sea, la proyección de una peli en horas lectivas debe aportar algo: análisis del guión, de la fotografía, la dirección…

  4. Hombre, la fotografía de esa película, por lo que he leído, es la leche. Otra cosa es que argumentalmente sea un coñazo…
    En fin, te acompaño en el sentimineto. A mí me obligaron a ver Yentl (Barbara Streisand)en una clase de filosofía en 1º de bachillerato y casi me suicido bebiendo tip-ex.

  5. Jope, no tiene nada que ver con esto.
    Por qué has quitado tu foto del blog?
    El dibujo no esta mal pero la foto era…
    En fin, que se la va a hacer…

    Bueno va, lo diré, que si no reviento:
    Eres muy guapo y muy inteligente.

    Un besillo

  6. La película siempre le viene muy bien al profesor vago que no le apetece explicar nada…

    Yo también fui sufridor de “El acorazado Potemkin” La escena de las escaleras sin fin es un verdadero coñazo jaja.

    1 abrazo

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