La última vez que ves a alguien

Nuestras amistades y relaciones van cambiando a lo largo del tiempo. Llega gente a nuestra vida, dejamos de ver a otros, retomamos el contacto… es normal. Como una serie de televisión en la que se incorporan nuevos personajes, algún episódico se hace definitivo y desaparecen otros. Por eso, siempre hay una ocasión que me llama mucho la atención: la última vez que vemos a alguien.

Al final de la película “Y tu mamá también” (atención, destripo) los dos protagonistas se encuentran por casualidad en la calle, tras mucho tiempo sin verse. Toman un café, hablan de cosas intrascendentes y se despiden prometiéndose volver a quedar pronto. La voz en off sentencia: “No volverán a verse nunca”.

Hay veces que estamos seguros de que es la última vez que vemos a alguien: una cita absurda, el último día de clase en el instituto o universidad o esa gente con la que compartimos una experiencia (accidente, altercado) y de la que nos despedimos sin saber siquiera su nombre.

Otras veces la situación también es terminal pero nosotros no lo sabemos. Piensa en los amigos que has dejado de ver sin una razón concreta, las parejas que te han dejado prometiéndote tomar un día un café para hablarlo claro, incluso los compañeros que un día decidieron dejar el trabajo sin avisar.

En todos los casos, hubo un momento concreto que compartisteis y que os pareció normal, sin poder imaginar que no os volveríais a ver. O quizás quien no lo imaginabas eras tú, y el otro tenía muy claro que era la última vez que os cruzábais.

¿Cómo habríamos actuado si supiésemos que era la última vez que estaríamos con él? ¿qué le habríamos dicho, echado en cara, qué nos habríamos atrevido a hacer?

2 thoughts on “La última vez que ves a alguien”

  1. El tag de ralladas mentales va como anillo al dedo al post que has escrito, jejeje.
    Para mí, la gente que me ha marcado, nunca se ha ido realmente porque he adoptado parte de su filosofía, he aprendido cosas con ellos y, de vez en cuando les dedico un minuto de mis sueños y con eso me basta.
    Por otro lado, la gente que ha pasado sin pena ni gloria por mi vida no merece que me coma el tarro.
    En definitiva, no me siento mal por haber dejado de lado a nadie ni porque alguien me haya dejado de lado a mí. Lo que me jode es pensar que he dejado de hablar con alguien al que no consideraba interesante y que, realmente, me podría haber hecho mucho bien.

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