Los píxeles deben ser carísimos: cuando el digital es más caro que el soporte físico

La industria de la música no supo reaccionar a tiempo. Cuando surgió el MP3, un nuevo formato que hacía que las canciones ocupasen 10 veces menos y por lo tanto fuesen fáciles de transmitir por internet, lo ignoraron hasta que no se les ocurrió otra cosa que perseguir a los usuarios que intercambiaban música mientras mantenían sus abusivos precios, en vez de aprovecharse de una innovación tecnológica que les permitía bajar el coste de distribución.

A los editores les va a suceder lo mismo. Ha llegado un momento en el que la gente está harta de pagar más de 20 euros por un libro, pero tienen la excusa de los costes. Y llegó el libro electrónico. Y pretenden que compre un archivo electrónico por prácticamente el mismo precio. ¿Dónde está ahí el coste del papel, del transporte, de la materia prima? ¿no será que ha sido sustituido por unos márgenes escandalosos?

Estos días me he encontrado con un par de casos que me han sacado de mis casillas. El primero, Brains on fire, un libro que cuesta más en formato digital (19,07 dólares) que impreso en tapa dura (16,30 dólares). Es de locos: si el contenido es el mismo, ¿cómo pretendes cobrarme más por una edición en la que te ahorras el soporte físico? Y sí, comprendo que lleva trabajo y no puede ser gratis, pero: ¿de verdad casi 20 dólares por un archivo?

El segundo caso es aún más cercano. Hoy estaba navegando por la web de La Voz de Asturias y he decidido comprar un ejemplar de su diario en formato PDF. Me han cobrado 2 euros, además de hacerme registrarme con un correo electrónico. En papel cuesta 1,10 euros. Y sin tener que darle ningún dato personal al kiosquero. ¿Así tratas a un cliente en la selva de internet, en la que tu competencia -gratis- está a un clic?

Con su diario hermano Público la experiencia ha sido aún peor. Para empezar, he tenido que recurrir al mapa web para encontrar la sección donde comprar legalmente un PDF. Después me he encontrado con que igualmente pretendían cobrarme 2 euros, más de lo que cuesta en el kiosco, aunque el contenido es el mismo pero sin que tengan que imprimirlo. Y además, en este caso no se conformaban con que les diese mi email: me pedían multitud de datos personales más, como nombre completo, dirección, NIF, dirección postal…

Uno trata de ser legal y comprar un PDF a un diario en apuros económicos y se encuentra con que le tratan peor, le piden más datos y le cobran más caro que si se acercase a un kiosco a comprar ese mismo periódico pero obligándoles a que me lo impriman en papel y lo lleven hasta mi barrio. De locos.

3 thoughts on “Los píxeles deben ser carísimos: cuando el digital es más caro que el soporte físico”

  1. Muy interesante el tema, de hecho quería escribir un post sobre este tema con la última información que tengo.

    El otro día estaba hablando con una persona que tiene un puesto de responsabilidad en una editorial y le estaba comentando exactamente lo mismo.

    Como bien dices, los costes de materia prima y transporte desaparecen, pero realmente no es lo más caro. Desde el autor hasta el cliente pasan muchas personas: representantes, editores, revisores, traductores en algunos casos, marketing, comunicación, ilustradores… Y cada uno se lleva un porcentaje.

    Yo no contemplaba todos esos aspectos, otro debate sería si hacen o no falta.

    P.D: Me encanta este blog, pero nunca comento porque voy con el kindle en el metro y no es plan de ponerme a escribir jejej.

    1. Está claro. Como dices, el soporte digital no elimina todos los costes de la elaboración del producto, por eso es injusto pedir el “todo gratis”. Lo que sí está claro es que no añade ninguno, y es absurdo e insultante que quieran cobrar lo mismo o más por él.

      Gracias por pasarte por aquí 😀

  2. http://www.larepublica.pe/26-01-2012/liam-gallagher-le-responde-bono-sobre-ley-sopa-mejor-callate
    No lo he encontrado en un sitio más fiable, pero me ha recordado a esto. Parece que poco a poco los creadores van entendiendo cómo ha cambiao la cosa.
    Por otro lao, se me plantea la gran duda. Con la música, está claro como debería avanzar la cosa, con la literatura, igual, cine, fotografía… de momento las artes plásticas están a salvo (hasta las impresoras 3D) pero, ¿y los videojuegos? ¿Acabarán por seguir el modelo CityVille? ¿Te imaginas un Diablo III en el que tal arma te cueste 3 euros?
    (Perdón la extensión xD)

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