Mi padre

Mi padre nació en Madrid y su familia es de Córdoba, pero siente un amor hacia Zaragoza, hacia ese equipo de fútbol y hacia la Virgen del Pilar que no es normal para un no maño. Recuerdo que de pequeños nos llevó una vez allá y yo no entendía nada, pero siempre he oído hablar de Zaragoza en mi casa y siempre le ha acompañado una figurita de la pilarica.

Mi padre es tan desordenado como yo, lo cual me viene estupendamente como excusa genética. Su mesa en la tienda que regentó durante 30 años solo era comparable a mi escritorio en casa. En la tienda, mi padre era capaz de saber cuánto valían todos y cada uno de los artículos del local, aunque no llevase precio indicado, y qué código había que marcar en la máquina registradora para venderlo. Mi padre es la primera persona a la que oí hablar de teléfonos móviles y de DVDs.

Mi padre es la persona más manitas que conozco, y desgraciadamente en este caso no se me ha pegado nada a mí. Mi padre grababa los programas de Bricomanía y se metía con Íñigo, el de las plantas, porque decía que no lo hacía bien. Tiene lo que los anglosajones llaman dedos verdes: puede plantar un palo en una maceta y conseguir que florezca. A mi padre le habría gustado ser albañil, o electricista, o jardinero, o carpintero. Todo ello lo ha hecho siempre en casa, arreglándola en plazos de domingo a domingo cuando la tienda no le secuestraba con papeleos o inventarios. Mi padre fue quien arregló el piso en el que estoy viviendo, desde instalar la electricidad hasta colocar las puertas o montar armarios suecos.

Mi padre es una de las personas en el mundo que más quiere a mi madre. Nunca les he visto pelearse, y sí aguantarse con paciencia el uno al otro. A mi padre no le gustan especialmente los médicos, y siempre tiene que ser ella quien le haga ir a revisiones. Hace un par de años, en una de ellas nos dieron esa mala noticia que es el cáncer de pulmón. Unos meses malos y un montón de palabras nuevas después como mediastinoscopia, radioterapia o mestástasis, mi padre vuelve a estar sano. Y ya no me siento culpable de haber estado todos esos meses tranquilo con la confianza de que todo iba a salir bien.

Mi padre es Scout, una afición que yo tampoco he heredado, y tararea permanentemente por lo bajo una melodía que nunca he sabido identificar. Siempre está dispuesto a echar una mano, tanto si es para llevarnos a un sitio a horas intempestivas como si es para arreglar una avería a una vecina o instalar una televisión en casa de un cliente por la noche.

Mi padre es abuelo y ejerce como tal, guardando en carpetas del ordenador las fotos de sus nietos clasificadas por fecha, en un escritorio con una gran foto de los tres.

Qué queréis que os diga. Es mi padre. Él y mi madre se merecen todo lo que yo supiera escribir sobre ellos.

5 thoughts on “Mi padre”

  1. Tus padres son un encanto los dos. Me trataron genial en la tienda, me dedicaron un montón de tiempo y tu padre pegó con un trocito de celo el único tornillo que traía el ventilador para que no se me perdiera dando vueltas por la caja. Me pareció un detalle entrañable. Y no sabían quién era yo porque no se lo dije hasta el final, así que no era por hacerme la pelota ni nada.
    Seguro que si tu padre tuviera un blog, hubiera escrito un artículo igual de bonito sobre ti.
    Un abrazo a todos.
    txus.

  2. Enhorabuena, Fernando. ¡Qué equivocados están los que por dinero y poder están destruyendolo todo! Me parece que el regalo que le has hecho es el que más le puede gustar a tu padre. ¡Que lástima que esta sociedad saque a flote lo peor de las personas cuando sentimientos como el que tu expresas valen más que cualquier cosa material! Tal vez no deberíamos callar y decidirnos a defender activamente los valores en los que creemos y enarbolarlos como banderas contra el individualismo y la deshumanización. Gracias por esta bocanada de aire fresco y humanidad escrito con buena prosa. Te seguiremos siguiendo (valga la rebuznancia) incluso aunque las novedades tecnológicas se nos hagan duras. Siempre podremos admirar tus progresos con la tortilla de patatas. Un saludo enorme.

  3. Me has hecho llorar en el cercanias llegando a chamartin leyendo tu escrito sobre tu padre y eso no se olvida.

  4. Lo que escribes y describes es precioso pero más lo es lo que no escribes pero se dibuja entre líneas. Sentimientos, momentos vividos imposibles de plasmar con palabras, incluso imposibles de atrapar en pensamientos pero forman parte de ti.

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