Luis Piedrahíta

Poca gente conoce la diferencia entre la belleza progresiva y la belleza regresiva. La regresiva es esa belleza que tienen esos pibones, muy impactante al principio pero que, poco a poco, se desvanece como las ganas de comerse un gofre.

Y luego está la belleza progresiva, que es la que tienen esas personas que al principio no llaman mucho la atención pero que, poco a poco, según las escuchas hablar, moverse, sonreír… te enamoran, te mantienen calentito y no quieres que se acaben nunca, como las castañas en invierno.