Que no nos roben la voluntad

Lo confieso: yo voté al PSOE en 2008. Y confieso también que lo hice con miedo. La campaña “que viene la derecha” funcionó conmigo.

No estoy nada satisfecho en lo que se ha hecho con mi voto. A veces se nos olvida, pero cuando votamos a un partido, le estamos dando poder para actuar en nuestro nombre durante los cuatro años siguientes. Y no es sólo una cuestión nominal: toda su legitimidad se basa en que están actuando en tu nombre. Te están representando.

El PSOE en mi nombre ha hecho muchas cosas que yo no hubiera hecho, así que concluyo que no me han representado bien. Yo no hubiera recortado donde ellos lo han hecho. Yo no habría ampliado la edad de jubilación habiendo tal nivel de paro juvenil. Yo no hubiera incluido una barbarie como la tortura a los toros en el Ministerio de Cultura. Y yo no hubiera entorpecido a la justicia en su persecución a los asesinos de José Couso. Yo hubiera cumplido muchas de las promesas que me llevaron a votarles y que se han quedado en el tintero: Ley de Transparencia, Ley de Igualdad de Trato, Ley de Libertad Religiosa, Ley de Cambio Climático… yo no hubiera traicionado mis principios en mayo de 2010. Yo no hubiera cambiado la Constitución sin consultar a los españoles.

Con los votos pasa como con los impuestos. Pagamos, o votamos, y creemos que nuestra responsabilidad acaba ahí. Pero en realidad es ahí donde empiezan a gestionar nuestro dinero, o nuestra voluntad, y tenemos que estar vigilantes para que hagan lo que queremos con ello. Porque somos los jefes. Porque están ahí trabajando para nosotros.

El auténtico voto útil es votar a quien mejor te represente. Sin más. Cada cuatro años se hace reset en las instituciones, se parte de cero, y tenemos la oportunidad de decidir cómo queremos que sea el país la próxima legislatura. Ningún partido parte con ventaja de escaños (aunque algunos sí de medios).

Elijamos sin complejos: si nosotros no elegimos a quienes mejor nos representan, ¿cómo vamos a protestar después?