Quiero vivir en un anuncio

Ya he decidido dónde quiero vivir cuando sea mayor. Quiero vivir en un anuncio. Me refiero a un anuncio de la tele, no a uno por palabras de pisos totalmente exteriores o masajistas que dominan el francés.

Es que la publicidad es el mejor lugar para vivir. Allí todo es ideal. Son como películas, pero como son tan caros, tienen que hacerlos cortitos y ahorrarse toda la parte mala. En los anuncios la gente es muy feliz, las casas son enormes, las ciudades son limpias y no contaminadas…

Bueno, a veces sí hay problemas. Por ejemplo, si eres de los malos, es decir, de los que usan la marca de la competencia. Si lo haces te pasan cosas horribles. Había una mujer que no usaba la lejía correcta y llevaba la blusa amarillenta, y en plena reunión con unos clientes se le rajaba por una manga. Eso por no hablar del drama que sufría el payaso de Micolor, que dejaba la ropa hecha un asco, con todos los colores desteñidos. Que ya le vale, también: tío, si vas a hacer un anuncio de Micolor, no uses otra marca.

Uno que me llamaba mucho la atención era ese en el que había dos niñas a la salida del cole, y llegaba el padre de una de ellas a recogerla, y la otra decía: “Mira, ahí viene tu abuelo”. Porque el hombre tenía el pelo blanco. Que también piensas: joer, chica, te podías calar un rato. Son esas situaciones en las que metemos la pata y a las que algunos somos tan propensos.

Pero como decía, lo bueno de los anuncios es que se arregla todo enseguida. No hay tiempo para plantearte el drama. El hombre se echaba Just for Men y la chica se tenía que callar: “Ah, pues ahora tu padre está buenaco, tía, me voy a cambiar de bragas”. Bueno, eso no lo decía pero yo siempre lo sospeché.

Ahora ponen un anuncio en el que sucede todo muy rápido. Es de aspirinas o algo parecido. Van dos en un AVE (pintado con el color de la marca) y a la mujer le duele la cabeza. El otro le da una pastilla milagrosa y se le pasa, así que pueden seguir trabajando. Pero lo mejor de todo es el final: el chico se sienta junto a ella ¡y trata de meterle mano! Ella contesta “Oye, que vas demasiado deprisa”. Si el anuncio hubiese sido de hace 20 años, habrían añadido “Sí, como la pastilla, jeje”, pero ya somos muy maduros y no hace falta que nos expliquen estos paralelismos. Lo que más me fastidia es que en la versión corta del spot se cargan esta parte. Es decir, de las dos tramas que hay en la historia, se cargan de un plumazo toda la relación entre ambos. Es indignante. Y además, como es un anuncio, no sabremos cómo continúa. ¿Se habrían enrollado antes? ¿dónde iban de viaje de negocios? ¿cómo respondió el chico a la queja de la chica? Nunca lo sabremos. Sólo sabemos que a ella le duele la cabeza y que él siempre lleva una caja nueva de pastillas.

Otro anuncio milagroso es el de una lejía. Dos chicas llegan a un piso que acaban de alquilar y que está hecho un asco. Pero asco, asco, con una capa de porquería de dos dedos. Limpian un poco con la lejía en cuestión y el piso horrible se convierte en un super pisazo con unas vistas de toda la ciudad, a estrenar y reluciente. Eso es publicidad engañosa. Yo he echado esa lejía en mi casa (y sin diluir en agua, para que haga más efecto) y lo único que he conseguido ha sido marearme y empezar a oir voces detrás del perchero.

Y hablando de cosas de limpieza, no puedo evitar volver a insistir en el anuncio del Cillit Bang. Nos están tomando el pelo. Yo no me creo que la mujer que sale en el anuncio use Cillit Bang a diario: cuando aparece su cocina, está llena de churretones de grasa, el baño; repleto de moho y de quién sabe qué más. ¡Esa señora no ha usado un quitagrasas en su vida!

Sí, definitivamente me gustaría vivir en un anuncio. Pero en un anuncio normal, no es un “patrocina” de esos que te meten antes de los programas. Son la versión ultracorta del spot, no te cuentan nada. Y sale una voz de repente diciendo “Andamiajes Gorrochano patrocina Escenas de Matrimonio”. O peor aún, que el señor Gorrochano no tuviese claro qué programa iba a patrocinar y la voz diga “Andamiajes Gorrochano patrocina este programa”.

Tampoco me gustaría vivir en una telepromoción. En ellas, los personajes de las series se vuelven idiotas. De repente, no tienen problemas y comienzan a hablar entre ellos con un lenguaje extraño, contándose cosas que ya saben. “Qué bien hicimos en cambiarnos a Gas Natural, ahora nuestra factura ha bajadao un 20%, ¿verdad cariño?” “Sí, por supuesto. Y además, la instalación nos la han financiado a cinco años”. Esos diálogos no son naturales. Parece una terapia de rehabilitación de gente con amnesia: “Venga, cariño, repasemos… ¿con quién tenemos el gas?”.

Y lo peor es cuando, de repente, tienes a un personaje de la serie con otro que no has visto jamás. Es como si estás en casa y entra un tío desconocido que jamás había intervenido en tu vida y os ponéis a hablar de la nueva promoción de Nescafé. Por supuesto, diciendo el apartado de correos en voz alta y repitiendo mucho Nescafé. Si algún día empiezo a hablar así, que me encierren, por favor.

13 thoughts on “Quiero vivir en un anuncio”

  1. Pues yo que he trabajado en la grabación de algun que otro anuncio puedo corroborar absolutamente todo lo que dices. Todo, TODO, TODO!! es mentira y todo es superficial. Normalmente ni siquiera se usa el producto real en el spot. Incluso anunciando un ordenador portátil, a nosotros nos ponian un trozo de porexpan xDDD

  2. El caso de Xilit bang, es lamentable. Pero en el anuncio lo avisan, en letra muy pequeña: “Acción dramatizada” (jarl)
    Muy gracioso el post. Si yo tuviera que vivir en un anuncio sería en el de Zumosol de hace unos años, en los que salía la seleciión de waterpolo nacional (ay, oma)
    XD

  3. Ay omá! no me lo recuerdes… xD

    Por cierto, otro que tiene “ficción publicitaria” es el de los colchones Lo Mónaco y su efecto memoria, que plantan la mano en el colchón, la quitan y se queda la huella un rato… una huella hecha con el Paint por lo menos, mientras en pequeño pone “ficción publicitaria”. La de abuelos que engañarán pensando que de verdad el colchón recuerda tu cuerpo…

    Y una que me fastidió mucho fue la de Danone, que ha registrado nombres como los “acti regularis” de Activia, que en realidad no existen, son bacterias con nombres feos… pero si suena a latín todos nos pensamos que es verdad. Ahg!

    Por cierto, bienvenido al blog, thetraumas. Espero verte más por aquí 😉

  4. Vivir en un anuncio, no sé yo… Imagínate que estás en tu casa tan tranquilo y de repente se aparece de la nada una chica con un vestido raro y con el pelo blanco que te suelta “Kalia Vanish Oxi Action Multi” super contenta. ¡A mi me daría un infarto!

    Muy bueno el post 😉

  5. A mí me acojona que la crisis sea tan gorda como para que en el futuro tengamos que ganarnos la vida viajando al pasado para anunciar lejía.

  6. Seguro que CCC ofrece, en el futuro, cursos de venta a través del tiempo, con un reloj y un calendario de restaurante chino de regalo.

  7. Ja,ja,ja. Sí lo de Lo Mónaco es impresionante, además no venden colchones, venden “equipos de descanso”.

  8. Ja,ja,ja. Sí lo de Lo Mónaco es impresionante, además no venden colchones, venden “equipos de descanso”.

  9. Muy bueno el post, me ha traído muchos recuerdos, como el del anuncio la lejía, jeje.

    A mí no me gustaría vivir en un anuncio de perfume de estos en plan: “au de parfum de rochass. De pagui”. ¿En Francia cuando hacen estos anuncios los ponen en español, porque yo no me entero de nada? Además son super rallantes, tanto como esnifar una colonia de estas.

    Me gustaría vivir en uno de esos en los que toda la cocina es ultra moderna y además el horno tiene un horno pirolítico, que aunque no sé lo que es me suena genial.

  10. Vale, esos dos últimos párrafos han hecho que suelte una carcajada en medio de la oficina, gracias 😀

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