Quisiera ser…

¿Sabes uno de esos días que te despiertas y ya presientes que no van a ser buenos? Me despierto, no tan pronto como otros días, pero me despierto con el horrible sonido del despertador del móvil (qué ganas de comprarme ese que ví en el telediario que te despierta iluminando suavemente la habitación). Desayuno, y después, cuando voy a mirar el correo como un estudiante aplicado (esperando encontrarme algún aviso tipo “Chicos, no vengáis, la profesora se ha puesto mala”) me lo encuentro (¡zas, en toda la boca!): la foto que menos ganas tenía de ver. De esas que de repente te dan un bajón…

La clase, aburridísima. Pesadísima. Sin fin. Sin apenas descansos. Copiando como estúpidos datos que sólo memorizaremos para el examen y nunca más querremos volver a ver, mientras ella disfruta viéndonos sufrir. Y más estrés con el trabajo que tenemos que entregar el jueves, y que aún hoy parece que no tenemos muy claro.

A la hora de comer, la cosa empeora. La comida está mala, el filete tiene más nervios que carne y podría servir de suela de zapato si no fuese porque yo jamás me pondría eso (dejaría todo aún más pringado de aceite a mi paso). Pero lo mejor, lo más increíble: me encuentro con otra persona a la que no tenía ninguna gana de ver.

Hay días que a lo mejor no había que haberse despertado. Pero hoy iba dispuesto a que nada me chafase el día, así que me ha dado todo igual. La cosa ha mejorado en la clase de la tarde: hemos visto ‘American history X’ y hemos hecho un interesantísimo debate en clase.

Y es que cuando llevas una canción alegre en la cabeza, los días no son tan malos. Quisiera ser salchicha Oscar Mayer…