Segregación

Tranvia de Alabama en 1930. Imagen: http://supay-666.blogia.com/

Hay una cosa que me cuesta mucho entender, y es por qué la homofobia es una discriminación que tiene mejor fama que otras como el racismo. A cualquier persona decente se le caería la cara de vergüenza al decir en público que un negro le da asco o que no deberían tener los mismos derechos que el resto de personas porque son diferentes. Sin embargo, aún es normal oír a gente decir que ver a dos chicos besándose les da asco, o que no pueden tener derecho a casarse porque son diferentes.

Al contrario de lo que algunos piensan, la segregación racial en Estados Unidos que surgió tras la abolición de la esclavitud no suponía que los negros tuviesen prohibido ir a los bares, al colegio o usar el autobús. Lo que no podían hacer era usar los mismos que los blancos.

Había bares para negros, espacio en el autobús para negros, salas de esperas para negros e incluso aseos públicos para negros. La discriminación consistía en que podían hacer lo mismo… pero en instalaciones diferentes.

Hay a quien le parecerá exagerado comparar esta situación con la de los homosexuales. Al fin y al cabo, podemos ir en el autobús sentados con los demás o usar los mismos baños. Pero hasta hace seis años no teníamos los mismos derechos, y aun hoy tenemos que soportar que candidatos a presidente del gobierno digan que “tienen que pensar” si los merecemos. Que tienen que consultar al determinados sectores de la sociedad, como si los derechos civiles fuesen una concesión que nos hacen.

Llamar de forma diferente a una unión de dos personas que se aman y quieren establecer un compromiso de por vida porque son del mismo sexo es discriminación. También lo es obligar a una persona a sentarse en un determinado lugar del autobús por el color de su piel.

Muchos contestan: “Y qué más te da el nombre, lo importante es que te dejen unirte en pareja”. A mí me suena a “Qué más te da en qué parte del autobús te tengas que sentar, lo importante es que te dejan subir”.

Hay miles de argumentos racionales en favor de que todas las uniones civiles se llamen matrimonio. Podríamos decir que este es el nombre que siempre se ha dado a la unión civil de dos personas de diferente sexo, y que no hay ninguna razón objetiva para que cuando son del mismo se llame diferente. Podríamos decir que es un concepto anterior a la Iglesia Católica, que viene del Derecho Romano. O que como la Iglesia no reconoce ningún tipo de matrimonio civil, poco tiene que opinar aquí. Podríamos decir que las palabras evolucionan, que es el diccionario el que debe adaptarse a cómo hemos decidido vivir y no al revés.

Pero lo que de verdad quiero decir es que si no se llama igual, no es lo mismo. Si la unión de dos hombres o dos mujeres se llama de forma diferente al resto de matrimonios civiles, seguirá habiendo dos categorías diferenciadas de uniones, como hace décadas en Estados Unidos había dos cuartos de baño o dos salas de espera. Es una manera de no querer reconocer que al margen de que seamos dos hombres o dos mujeres, somos iguales. Dos personas unidas por amor. Y eso es lo básico y lo que importa. En lo demás, tantas diferencias como matrimonios existen.

En diciembre de 1955 Rosa Parks, una ciudadana estadounidense negra, se sentó en un asiento para blancos en el autobús. Cuando los empleados de la compañía le obligaron a abandonarlo, se negó.

En octubre de 2003, tres parejas homosexuales (Boti García y Beatriz Gimeno, Pedro Zerolo y Jesús Santos, y Antonio Poveda y Miguel Ángel Fernández) acudieron al Registro Civil para contraer matrimonio. Se lo denegaron.

Creo que en Estados Unidos ningún político consultó con el Ku Klux Klan si los negros debían ser tratados como cualquier otro ciudadano. Hoy en día, negros y homosexuales tienen sobre el papel los mismos derechos que cualquier otra persona. Ahora sólo falta que llegue ese momento en el que la homofobia tenga el mismo estigma social que el racismo.

6 thoughts on “Segregación”

  1. Me ha encantado el post. La comparación me ha parecido acertadísima. Lo de “Qué más te da en qué parte del autobús te tengas que sentar, lo importante es que te dejan subir”… Sin comentarios.

    Ayer, poniendo la oreja en el vestuario del gimnasio -un lugar bastante dado al chulitismo y la homofobia, por mucho que los autores de relatos eróticos se empeñen en fantasear-, escuché una conversación que me dejó KO:

    -Pues sí, tío… El otro día me enteré que el que hace de Mauricio, en Aída… ¡Es maricón!
    -Ya… Es que es muy fuerte. No sé como lo puede hacer tan bien para parecer tan normal.
    -Joder, el que hace de Mauricio, maricón. El Luisma, maricón. El que hace de maricón lo es también…
    -Es que no sé, pero de un tiempo a esta parte, todas las series tienen que tener personajes maricas.

    Y así… Para ellos se ve que ser como Mauricio Colmenero es ser “normal”, que Fidel es, antes que persona, un maricón, que los actores homosexuales solo pueden interpretar personajes con pluma… Deprimente.

    Cuando oí lo de “En las series hay maricas” le dije a un amigo: “¿Como en la vida real?” Delirante…

  2. Me ha gustado mucho la comparación en general entre la homofobia y el racismo pero sobretodo la parte en la que dices: “Muchos contestan: “Y qué más te da el nombre, lo importante es que te dejen unirte en pareja”. A mí me suena a “Qué más te da en qué parte del autobús te tengas que sentar, lo importante es que te dejan subir”. Porque me parece un muy buen ejemplo para que la gente entienda que realmente llamarlo distinto SÍ es discriminación.

  3. Si hablamos de guettos y segregación, precisamente el ejemplo más importante es el de las discotecas o locales “de ambiente”. Y existen porque queremos. Porque queremos ser diferentes. Porque nos sentimos “más cómodos”. Eso no tiene que ver con los matrimonios y los derechos, pero es lo primero que se me ha venido a la cabeza cuando has comentado la segregación de los negros, que a lo mejor no es tan malo en según qué contextos segregarse. Ahora bien, separemos esto de la homofobia o la negación de derechos civiles. Espero que se me haya entendido.

    ¡Saludos y felicidades por la entrada!

  4. Hace tiempo que intento hacer comprener en mi entorno que la homofobia es la última frontera, el último tabú. Pocos se admiten a reconocer que son racistas (aunque alguno cada vez con menos velos, amparandose en la crisis, o en prejuicios islamofobos), pocos admitirian en publico su machismo, pero la “broma” homofoba esta bien vista, el comentario fuera de sitio no levanta una ceja … y eso cuando no se alimenta institucionalmente. En España, tal vez, cada vez menos (y esperemos que siga siendo así), pero en otros países, algunos bien cercanos, las cosas son muy diferentes.

  5. No me parece para nada exagerada la comparación. Es más, me parece acertadísima. Y me voy a centrar en el tema de los besos.

    Antiguamente en Hollywood existía una norma no escrita por la que una mujer “blanca” no podía salir con un “negro” y viceversa porque estaba mal visto. No fue hasta ‘Adivina quién viene esta noche’ de 1967 donde se vio esto por primera vez en el cine, con dos actores muy bien escogidos para que la cosa funcionara. En aquella época la película causó bastante revuelo (no sé realmente si en la película aparece un beso o no), pero me atrevo a decir que a día de hoy nadie le llamaría la atención a una pareja ‘mixta’ por besarse en la calle… cosa que sí sucede con las parejas del mismo sexo. Algo estamos haciendo mal tanto unos como otros para que aún siga habiendo energúmenos que te llamen la atención por darle un beso a tu chico en público. Ellos demuestran una ignorancia y una falta de tolerancia/educación/respeto tremenda y nosotros -muchos- pecamos muchas veces de cobardes fuera de nuestro “ambiente” y evitamos cualquier muestra de afecto que nos delate, para “evitarnos problemas”, como si lo que hiciésemos estuviese mal.

    Y creo que esto se debe a la famosa ‘visibilización’. No se trata de llevar escrito en la cara que te gustan los chicos o las chicas, pero sí de demostrar afecto por la persona con la que estás saliendo, sin autocensura. Yo todavía recuerdo perfectamente una conversación entre mi padre y mi tío cuando yo todavía era bastante pequeño cuando vieron a una pareja de chicos besándose en un centro comercial y, mientras yo les miraba con curiosidad (¿envidia? :P), ellos comentaban que les parecía bien lo que hiciesen pero que no les parecía correcto que se besaran en público. Y yo me pregunto por qué esto sigue pasando hoy en día (no creo que ahora sea el caso de mi padre, pero sí el de muchas otras personas).

    Es curioso que en el caso de las parejas del mismo sexo, algo que ya es bastante normal en televisión o en cine, siga siendo tabú para algunos en las calles, que algunos llamemos “compañero de piso” a nuestras parejas, que no pongamos en ninguna parte que tenemos pareja desde hace cinco años o que no publiquemos fotos en Facebook en las que salgamos juntos. Detalles que pueden parecer estúpidos y que muchos justifican diciendo que les “da vergüenza” o que les gusta ser discretos. ¿Realmente serían “discretos” si su relación fuese heterosexual?

    En fin, hemos conseguido mucho, pero aún nos queda mucho más por avanzar… 😉

  6. Fer, me parece muy acertado lo que dices y cómo lo dices. Aunque lo de las personas de raza negra en EEUU era peor, puesto que por mucho tiempo no pudieron votar, así que siguiendo con la metáfora, en algunos aspectos se quedaban completamente fuera del autobús. Yo también le he dado vueltas al tema y creo que entre la discriminación racial y la homofobia hay una diferencia fundamental: la discriminación racial no tiene un componente moral. Ser de otra raza podía verse como signo de inferioridad, pero no de inmoralidad: no se decía que ser de otra raza infringía las normas de convivencia social. Sin embargo, la homosexualidad sí se ha tratado como un asunto moral y me parece que por eso la homofobia es más difícil de vencer y de estigmatizar. No es que el asunto sea moral en sí, sino que hay quienes han conseguido llevarlo al terreno de la moral. Y así es como también consiguen presentar los derechos de los homosexuales como un asunto debatible y que dependad de la opinión de la mayoría. Así que en primer lugar, habrá que “desmoralizar” la discusión.

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