Este #GamuhiloRenombrado es una colaboración realizada con el Foro de Marcas Renombradas Españolas, una asociación que agrupa a las principales y más relevantes marcas de nuestro país.
Con esta edición especial de los #Gamuhilos queremos contar historias y detalles poco conocidos de algunas de las marcas más famosas y cotidianas.
También puedes consultar todos los #GamuhilosRenombrados publicados hasta la fecha.
Hoy quiero contarte la historia de una marca española que entendió tan bien para qué sirve el diseño que acabó cambiando su nombre, su manera de trabajar… ¡y la manera de trabajar del mundo!
Te hablo de Actiu.



De Creaciones Berbegal a revolucionar el entorno de trabajo
Pero empecemos desde el principio: Actiu no nació con ese nombre. Cuando Vicente Berbegal fundó su empresa en 1968, apenas tenía 20 años y la bautizó como Creaciones Berbegal. Empezó como un pequeño taller de carpintería, pero pronto sería muchísimo más.
Por entonces, la televisión comenzaba a reconfigurar los salones de los hogares y Berbegal comenzó a diseñar muebles para TV que no solo sostenían la pantalla, sino que se adaptaban al entorno familiar y ofrecían flexibilidad como ruedas o estanterías… todo pensado para diferentes momentos y usos.
Pero la cosa no se quedó ahí. Con la llegada del PC en 1981, se planteó el mismo reto: ¿cómo encajar este nuevo aparato en nuestros hogares? En 1982, Berbegal lanzó su primer mueble para PC, anticipando cómo nos relacionaríamos con la tecnología… y qué lugar tendría en las oficinas del futuro.



¿Y qué pasa en el trabajo?
Por entonces, las oficinas también empezaban a evolucionar. Ya no se trataba de amontonar escritorios y trabajadores, sino de crear espacios más abiertos, cómodos y productivos. Ahí, Berbegal también supo ver la oportunidad y pasó de hacer mesas de ordenador a diseñar sillas y, poco después, oficinas completas.
Para mediados de los 90, Creaciones Berbegal había dejado de ser un simple taller de carpintería y se había convertido en un referente del diseño de espacios de trabajo. Pero si algo cambia tanto por dentro, lo lógico es que se exprese también por fuera. En 1995, la empresa dio un giro a su identidad y pasó a llamarse Actiu (en valenciano, “activo”). Y no era solo un nombre; era toda una declaración de intenciones.
El nuevo logo también decía mucho: una “A” caminando, humana. Porque, ¿de qué sirve el diseño si no es para mejorar la vida de las personas? Y vaya si lo hicieron: Actiu se consolidó como el especialista en crear espacios de trabajo para grandes multinacionales, hospitales, aeropuertos de todo el mundo… ¡y todo sin dejar de tener su sede en Castalla, Alicante! Cada año fabrican con empleo local más de un millón de productos.

El futuro del trabajo
Con los años, el departamento de I+D+i no ha parado de crecer y los premios lo avalan: el Red Dot, el European Product Design Award, y hasta el Premio Nacional de Diseño en 2017.
Con el tiempo, Actiu ha desarrollado su propia metodología, Cool Working, junto al Instituto de Biomecánica de Valencia. Su idea es usar la ciencia y su experiencia para diseñar espacios de trabajo que promuevan la concentración, la socialización, el aprendizaje y la colaboración. Porque no se trata solo de tener una oficina bonita, sino de crear entornos donde trabajar sea más fácil, más cómodo y, sí, también más humano. Saber qué colores afectan a las funciones cognitivas o al ánimo, cómo organizar el espacio para facilitar las ideas…


Diseño es que reunirte sea fácil y agradable. Que haya espacios de conversación casual donde surgen ideas. Que puedas tener conversaciones con tu compañero de mesa o aislarte cuando lo necesitas. Que puedas trabajar con suficiente luz, sin deslumbrarte ni dejarte los ojos.
Y así es como Actiu se ha convertido en la marca que amuebla las oficinas de algunas de las principales multinacionales del mundo, además de aeropuertos, hospitales…
Diseño es futuros mejores
En Actiu, el diseño no es solo estético; es funcional y tiene impacto en nuestras vidas. ¿Y qué pasa con el impacto ambiental? ¿y si usamos el diseño para cuidar el entorno?
Un buen ejemplo de ello es la silla Fluit, creada a partir de cajas de frutas recicladas de la industria cítrica valenciana. ¿El resultado? Una silla resistente, funcional y sostenible. ¿Te das cuenta del impacto que puede tener un simple cambio de mentalidad?
Pero aquí no acaba todo. Su sede es un referente de sostenibilidad: tienen una de las mayores plantas fotovoltaicas en techo industrial de Europa, que genera cinco veces más energía de la que consumen. Además, el agua de lluvia se recoge y reutiliza, y muchos elementos del diseño del edificio responden a criterios de eficiencia energética.
Hasta el detalle más pequeño está pensado: los canalones que recogen el agua de lluvia son su logo al revés. No me digas que no es genial cuando hasta los detalles cuentan su historia…
Además, también han lanzado iniciativas como Second Act, en la que diseñadores locales reutilizan los restos de tapicería de sus productos para crear nuevas piezas, que además son únicas. Así se reduce el impacto y se fomenta la creatividad.
En Actiu, el diseño no es un complemento; es el eje que lo transforma todo. Desde cómo nos sentimos en casa y en el trabajo, hasta el impacto ambiental que dejamos. Y ese, en mi opinión, es el verdadero poder del diseño.