Este #GamuhiloRenombrado es una colaboración realizada con el Foro de Marcas Renombradas Españolas, una asociación que agrupa a las principales y más relevantes marcas de nuestro país.
Con esta edición especial de los #Gamuhilos queremos contar historias y detalles poco conocidos de algunas de las marcas más famosas y cotidianas.
También puedes consultar todos los #GamuhilosRenombrados publicados hasta la fecha.
Así cambió la ciudad la llegada de la luz a gas: los orígenes de Naturgy en 1843
Durante siglos, el anochecer marcaba el fin de las actividades diarias. La luz era escasa y las actividades nocturnas, limitadas. Pero esto cambió radicalmente gracias a una revolución tecnológica que transformó la noche en día y cambió nuestra manera de entender el día.
Hoy, exploramos el fascinante origen de Naturgy en colaboración con el Foro de Marcas Renombradas Españolas.

Y de repente llegó el gas
Desde 1752, Barcelona iluminaba sus calles con tenues lámparas de aceite, una tecnología, la de quemar grasa, que databa de la Prehistoria. Sin embargo, a mediados del siglo XIX, una innovación más eficiente, limpia y sostenible comenzó a tomar protagonismo: el gas.
En 1843, Charles Lebon y Pedro Gil fundaron la Sociedad Catalana por el Alumbrado de Gas (SCAG) con una inversión de 6000 millones de reales de vellón (unos 9000 € de hoy), que ganó el encargo del Ayuntamiento de Barcelona para iluminar las principales calles y plazas de la capital. Y aunque la compañía inicialmente se estableció por 20 años… sigue operando más de 180 años después. Luego hablaremos de sus cambios de nombre.
Con las farolas a gas nace un oficio: el «espitero«, que al anochecer iba con una escalera (para prender la chispa) y por la mañana con una caña para apagarlas. La iluminación pública mejoró la seguridad en las calles, reduciendo la incidencia de delitos y accidentes.

Efectos secundarios de una nueva tecnología
Pero la SCAG no se limitó a la iluminación de calles, sino que también ofrecía servicios a empresas, fábricas, teatros y cafés. Algunos de sus primeros clientes, como el Teatro Principal, la Llotja de Barcelona y el Liceu, aún existen.
La luz artificial revolucionó la vida urbana. Ya no era necesario seguir el ciclo natural del sol, permitiendo que las actividades sociales y económicas se extendieran hasta la noche. Las fábricas podían operar más turnos, aumentando la producción y los puestos de trabajo. También benefició a los negocios de ocio, como teatros y cafés, que ahora podían operar después de la jornada laboral: que se hiciera de noche ya no suponía tener que irse a dormir.
Incluso mejoró la calidad del aire, sobre todo en interiores, porque la combustión del gas era más limpia que la del aceite. Y también afectó al precio de los seguros, que bajaron, porque el gas era más seguro y las primas contra incendios no tenían que ser tan altas.
La tecnología no para
A pesar del éxito del gas, la innovación no se detuvo. Con la llegada de la electricidad, la SCAG se adaptó y cambió su nombre a Catalana de Gas y Electricidad en 1912. También estrenó este monograma con sus iniciales que aún podemos ver en muchas calles de Barcelona:

Ambas tecnologías convivieron durante décadas: la electricidad acabó siendo la prioridad para la iluminación, mientras que el gas encontraba su hueco en el confort en casa: calefacción, agua caliente, equipamientos… y sobre todo cocinas a gas, más limpias porque no necesitaban almacenar carbón.
En 1962, la compañía adquirió el primer ordenador de segunda generación de España, un IBM 1401, revolucionando sus procesos contables. Y también evolucionaba su producto. Por ejemplo, en 1969 llega el gas natural. ¿Qué diferencia había con el gas de siempre? Que el gas natural se encuentra de manera natural en los yacimientos de petróleo, no hay que elaborarlo como el «gas ciudad», que se producía en fábricas. Y además es más calorífico. Catalana crea una empresa filial llamada precisamente Gas Natural para importar esta nueva energía a través del puerto de Barcelona.
Más cambios de nombre
En los años 80, la compañía pasó a llamarse Catalana de Gas, ya que vendió sus activos eléctricos. Estrenó una elegante marca diseñada por Norberto Chaves e Yves Zimmermann. El azul es un reflejo del cielo (medio ambiente) y la llama del gas:

Y a principios de los 90, Catalana de Gas absorbe Gas Madrid. Ambos nombres sonaban muy locales, así que optaron por uno que Catalana tenía en su archivo: Gas Natural. Por entonces, todos los logos de empresas de gas solían tener una llama. La rompedora identidad visual de Gas Natural con una mariposa de acuarela, de la consultora Addison, fue toda una revolución en el sector: un logo basado en su narrativa y no en su producto:

En 2009, Gas Natural adquirió Unión Fenosa, volviendo al negocio de la electricidad, y lo añade a su nombre para explicarlo, pasando a ser Gas Natural Fenosa. Y por fin, en 2018, la marca se actualizó a Naturgy, con una imagen más internacional y un enfoque en las energías renovables:

Un viaje luminoso
La evolución de Naturgy, desde las lámparas de gas ciudad hasta las tecnologías renovables de la actualidad, es una muestra del constante avance en la industria energética: cada nueva tecnología trajo sus avances y comodidades. Si te interesa la historia de la energía, te recomiendo visitar el Museo Bolarque de Naturgy en Guadalajara, situado en una antigua central hidráulica de 1910.
Gracias por acompañarme en este recorrido por la historia de la iluminación y la energía. Que sigamos avanzando hacia un futuro cada vez más sostenible.
¡Gracias por leer!