Categoría: Lengua

  • 12 palabras que cambiaron completamente de significado

    12 palabras que cambiaron completamente de significado

    Las palabras no solo se crean o dejan de usarse, sino que en muchas ocasiones cambian su significado con el paso del tiempo, e incluso palabras antiguas se reciclan con significados completamente nuevos.

    Gracias al Nuevo Tesoro Lexicográfico de la RAE podemos consultar online unos 70 diccionarios históricos para ver qué significaban hace siglos palabras que hoy son comunes. Azafata, ordenador, bombilla, alienígena… son algunos de los términos que usaban nuestros tatarabuelos con significados completamente distintos.

    Avión: en el siglo 17 era un pájaro

    Los aviones llevan volando en nuestro país desde, al menos, el siglo 17, como vemos en este recorte del diccionario de 1611. Pero eso sí, antes de la invención de los aviones, se utilizaba para un pájaro también llamado vencejo. Hoy en día, en algunas regiones españolas, «avión» sigue siendo un pájaro, pero de otra familia que también agrupa a las golondrinas.

    Lo curioso es que el avión que tiene pico y el que no, aunque se llamen igual, tienen etimologías diferentes: según la RAE, el nombre del ave viene del latín gavia, y el del transporte viene del francés avion, y este del latín avis.

    Azafata: la sirvienta real

    Definición en 1726

    Azafata es una palabra que lleva siglos en el español. Su primera acepción era la de una dama que acompañaba a la reina, y le facilitaba sus cosas con una bandeja llamada «azafate».

    Con la llegada de la aviación, a las personas que ejercían la asistencia a los viajeros (en un principio solo mujeres) se les pasó a denominar con esta palabra, mientras en América Latina inventaban un término nuevo: aeromoza.

    Formidable: algo temible

    Definición de «formidable» en 1732

    Hoy en día si decimos que algo es «formidable» seguramente nos referimos a que es genial. Pero la definición original de esta palabra se usaba para «lo que es muy temible y que infunde asombro y miedo«. Y lo cierto es que hoy aún se mantiene como primera definición en el diccionario actual.

    Semáforo: el club de las luciérnagas

    Curiosamente, antes de que se inventaran los coches, ya existía la palabra semáforo. En 1855 ya aparece en el diccionario como un término zoológico: el que recoge los insectos luminosos, como las luciérnagas. No sería hasta 1884 cuando se incorpora otra acepción: la de «telégrafo óptico en las costas para comunicarse con los buques por medio de señales». Vamos, un faro.

    La acepción de señal urbana no aparecería oficialmente en el diccionario de la RAE ¡hasta la edición de 1970!

    Ordenador: el que manda

    En 1706 ya encontramos la palabra ordenador en el diccionario. Y no, no se trata de que los agentes del Ministerio del Tiempo se dejasen ahí un portátil, sino que era la palabra para designar a quien ordenaba.

    Bombilla: una pajita para beber mate

    A mediados del siglo 19 la electricidad aún no estaba en las casas y quedaban décadas hasta que se inventase la bombilla eléctrica, pero en 1846 la palabra ya aparece en el diccionario de Salvá, ya que en América Latina se usaba (y se sigue utilizando) para denominar lo que en España llamamos pajita. Y ojo: los ricos las tenían de plata y oro.

    La acepción que todos conocemos hoy aparecería en el diccionario de la RAE en 1914. Y en la edición de 1927 viene hasta con un dibujo:

    Alienígena: lo contrario de indígena

    https://twitter.com/JUc3m/status/965279479777067015

    Si hoy decimos que nos hemos encontrado con un alienígena, posiblemente nos manden al programa de Iker Jiménez. Pero esta palabra se creó a principios del siglo 19 con el significado de «extranjero», es decir, lo contrario a indígena.

    Curiosamente, en inglés alien sigue teniendo esa acepción, como bien saben todos los que han aprendido este idioma con la canción de Sting Englishman in New York: «I’m an alien, I’m a legal alien, I’m an Englishman in New York».

    Enchufar: unir dos cañerías

    Otra palabra que hoy relacionamos con la electricidad y que tiene un origen bastante diferente. En el diccionario de 1852 ya aparecen enchufe y enchufar con el significado de empalmar dos cañerías.

    Probablemente este significado se traspasó a los cables eléctricos cuando esta tecnología se extendió a los hogares, y acabó siendo la principal definición. Eso sí, la RAE no tira la toalla y el empalme de dos tuberías sigue presente en la definición actual.

    Adolescencia: hasta los 25 años

    En el diccionario de 1770 aparece la palabra adolescencia con un significado muy similar al actual, pero nos sorprende su duración: ¡hasta los 25 años!

    Siesta: la hora de la siesta (aunque no duermas)

    Hoy en día, si decimos «siesta», todos pensamos en el sueñecito que nos dormimos (cuando podemos) tras la comida, generalmente. Pero la primera acepción de esta palabra era simplemente esa hora, durmieses, leyeses o jugases a las damas, según nos cuenta el diccionario en 1739. Es decir, lo que hoy en España llamamos «la hora de la siesta», aunque en América Latina sigue en uso esta acepción como periodo de tiempo.

    Asesino: el que traiciona a un amigo

    Asesinar siempre ha significado matar a alguien, pero antiguamente además tenía un significado metafórico bastante chocante: y es que si un amigo te mentía o traicionaba, podías decir que te había asesinado. «Fulano es un asesino, quando ha hecho traición á algún amigo suyo».

    Telégrafo: la versión anterior

    Si eres lector habitual de La cabeza llena, esta definición del diccionario de 1803 te sonará: están hablando del telégrafo… óptico, el que se basaba en transmitir símbolos de una colina a otra.

    Para saber más: Libro «300 historias de palabras» | Matador | Nuevo tesoro lexicográfico

  • El origen del nombre de los deportes

    El origen del nombre de los deportes

     

    Estamos tan acostumbrados a algunas palabras que nunca nos preguntamos de dónde vienen: por ejemplo, los nombres de los deportes. Fútbol o baloncesto pueden parecer fáciles, pero ¿de dónde viene el nombre del tenis? ¿y el del hockey o el rugby? Vamos a tratar de averiguarlo:

    Fútbol

    De nuevo, es una palabra que en español supone un calco del inglés football, ya que su traducción literal balompié nunca ha tenido mucho éxito. Antes de los años 20-30, en España era conocido en inglés: no era raro ver noticias que hablaban de partidos de foot-ball.

    Debido a que hay más deportes conocidos con el nombre genérico de fútbol, en algunas partes del mundo se le llama fútbol asociación, por la primera federación oficial que existió de este deporte: la Football Association. De ese association es de donde viene la palabra soccer con la que también se le conoce en inglés, y el nombre de la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación).

    Rugby

    En este caso, el deporte toma su nombre de… un colegio de élite, la Rugby School, situada en la ciudad de Rugby (Inglaterra). Allí se desarrolló este deporte y se establecieron sus normas en 1830, como una de las muchas variantes de foot-ball que se practicaban en la Inglaterra de la época.

    Tenis

    La palabra española tenis es una adaptación del inglés tennis, y de hecho, durante algunos años se estuvo llamando así en nuestro idioma, con sus dos enes. Al parecer, el origen de esta curiosa palabra es el francés: cuando comenzó a jugarse, era común que cada jugador gritase ¡tenez! («¡allá va!») al lanzar la pelota.

    Golf

    La palabra golf no tiene unos orígenes muy claros. Parece ser que procede del escocés goulf, que significa golpear, y que a su vez se deriva de la palabra kolf, un deporte de los Países Bajos a medio camino entre el golf y la petanca.

    Baloncesto

    En este caso, la traducción al español de basketball sí caló (curiosamente, dándole la vuelta a las palabras) y se ha usado mayoritariamente, aunque basket también tiene mucha presencia en los medios.

    En cuanto al origen de la palabra, está íntimamente ligada al del deporte. Inventado en 1891 por el profesor canadiense de educación física James Naismith, en sus inicios se jugaba con un balón y un cesto de madera.

    Hockey

    No está muy claro de dónde procede la palabra hockey, más allá de que su primera aparición es en un libro de 1773 sobre deporte juvenil. Quizás procede de la palabra francesa hoquet, que significa cayado (un tipo de bastón alto). Otros opinan que podría venir del uso de tapones de corcho como discos de juego, que procedían de barriles de cerveza inglesa (hock o hocky).

    Boxeo

    Diario Crónica, 1935

    El verbo inglés box significa desde el siglo 14 «luchar o golpear con los puños». Cuando este tipo de pelas se convirtieron en deporte, se estableció la palabra boxing, de la que deriva la española boxeo, aunque durante décadas se estuvo llamando la boxe. También fue utilizada la pabara pugilato, pero quedó en desuso.

     

     

  • Cuando el teléfono se llamaba «electrófono» y la bicicleta era «velocípedo»

    Cuando el teléfono se llamaba «electrófono» y la bicicleta era «velocípedo»

    Las cosas no siempre se han llamado como las conocemos hoy. Algunas cosas tuvieron en sus inicios nombres en inglés (como tennis, foot-ball, public address… que ya vimos en un artículo anterior).

    Las palabras también entienden de modas, y muchas han cambiado a lo largo del tiempo. Hoy no sabríamos qué es un electrófono, o nos costaría identificar un velocípedo o el embarcadero de nuestra ciudad, si no tiene río o mar. Pero antiguamente eran palabras de uso común que en algún momento cambiaron. Vamos a repasar algunas de ellas.

    Electrófono: teléfono

    Antes de la invención del teléfono tal y como lo conocemos hoy en día, ya existían algunos aparatos llamados teléfonos, pero eran algo más similar a un megáfono, y servían para hacer más audible la voz.

    Por eso, cuando se inventó el teléfono que hoy conocemos, su primer nombre fue electrófono o teléfono eléctrico, ya que la principal novedad que presentaba era que funcionaba con impulsos eléctricos.

    Sin embargo, a los pocos años de su invención el antiguo teléfono ya había caído en el olvido y el término se usó para el nuevo invento, que figuraba incluso en el nombre de las empresas explotadoras, como la Compañía Madrileña de Teléfonos o la Compañía Telefónica Nacional de España.

    Telefonía Sin Hilos: radio

    Cuando la radio comenzó a emitir en España, no se la conocía con este nombre. Las emisoras eran estaciones radiodifusoras, pero la tecnología también se conocía como telefonía sin hilos (TSH), y así aparecía en los periódicos:

    Hoy en día se nos haría raro este término, seguramente lo asociaríamos a los móviles o a los teléfonos inalámbricos. Aunque la radio también transporte sonido a distancia (tele-fono) parece que esta palabra se ha quedado reservada para las comunicaciones personales.

    Azote o ázoe: Nitrógeno

    El término azote o ázoe significa sin vida, y fue el nombre que Antoine Lavoisier dio al nitrógeno, por eso en el cartel del balneario radiactivo de Madrid podíamos ver la inscripción «aguas radio-azoadas».

    Desde principios del siglo XX empezó a preferirse el nombre con el que conocemos hoy a este gas: nitrógeno. El también químico francés Jean-Antoine Chaptal lo había propuesto en 1790, a partir de dos raíces griegas que significan «que forma nitro», un mineral nitrogenado pariente (química y lingüísticamente) del natrón, otro mineral usado tradicionalmente en las fábricas de jabón, vidrio y tintes. Con este nombre nuevo para el nitrógeno, el término azote pasó a mejor vida… referido a elementos químicos, claro.

    Como curiosidad, hoy en día la raíz de azote aún está presente en algunos compuestos químicos que llevan nitrógeno, como las famosas benzodiazepinas.

    Escuela de chóferes: autoescuela

    Desde los años 20 ya encontramos en la prensa referencias a las «escuelas de chóferes», es decir, los lugares donde estudiar para obtener la licencia de conducción. Mientras que en España este término desapareció y surgió el que hoy predomina (autoescuela), «escuela de chóferes» sigue en uso en América Latina.

    Caminos de hierro y embarcaderos: vías y estaciones

    Cuando a mediados del siglo XIX comienzan a construirse líneas de ferrocarril en España, no existían palabras para nombrar la infraestructura del nuevo transporte. El primer nombre que recibieron los puntos de donde partían los trenes fueron embarcaderos: así se llamaba por ejemplo el Embarcadero de Atocha (y hoy, la plaza donde aparcan los coches, sigue recibiendo ese nombre). Cuando los edificios se hacen más grandes y sofisticados, al gusto de la época y de las nuevas necesidades, comienza a emplearse la palabra estación.

    Del mismo modo, fue muy popular a finales del XIX la expresión «caminos de hierro» para referirse a las vías o al ferrocarril en general, que incluso algunas empresas incorporaron en su denominación (como la Compañía de Caminos de Hierro del Norte de España, después integrada en Renfe). Finalmente, acabó triunfando la palabra «ferrocarril» (al principio, incluso podemos encontrarla por separado: Ferro-carril), que se convirtió en sinónimo de trenes.

    Velocípedo: bicicleta

    El barón de Drais fue un inventor prolífico, y entre otras cosas, diseñó a principios del siglo XIX una máquina con dos ruedas que ayudaba a desplazarse más rápido que se conoció como dresina (palabra derivada de Drais) o velocípedo (precisamente porque ayudaba a que las piernas caminasen más deprisa).

    Y velocípedo fue el primer nombre que tuvo la bicicleta en nuestro país, y de hecho llegó a dar nombre en los años 30 a la Unión Velocípeda Española, que es hoy la Federación Española de Ciclismo.

    Artículo realizado con la inestimable ayuda de Pac Vera, Simón Perera y Bea Lara.

  • ¿Qué diferencia hay entre un frigorífico y una nevera?

    ¿Qué diferencia hay entre un frigorífico y una nevera?

    La mayoría de españoles utilizamos de manera intercambiable las palabras frigorífico y nevera para designar a ese armario mágico de la cocina que conserva nuestra comida fresquita. Pero ¿por qué hay dos palabras para lo mismo?

    Siempre ha existido la necesidad de conservar los alimentos perecederos en frío, y por supuesto, también antes de que la electricidad llegase a nuestras casas. Antiguamente se almacenaban en estancias de la casa diseñadas para estar a menor temperatura llamadas fresqueras.

    A principios del siglo XX, con el desarrollo del transporte y la fabricación industrial de hielo, se crean las neveras (cold closet o icebox en inglés), es decir, armarios en los que se introduce una barra de hielo que enfría el ambiente para mantener la comida fresca. Según el Diccionario de la RAE, la palabra nevera proviene del latín nivarius, es decir, «lleno de nieve». Nevero o nevera era también como se llamaba a quienes vendían el hielo necesario que había que ir introduciendo para mantenerla fría.

    Con la expansión de la electricidad y el desarrollo de los electrodomésticos, llegan las neveras eléctricas, que ya no necesitaban hielo para funcionar sino que con la energía expulsaban el calor del interior. Y para distinguirlas de las anteriores, y como el hielo (o nieve) ya no eran necesarios, se inventó un nuevo nombre: refrigerador o frigorífico (del latín frigorifĭcus, «que enfría»).

    En este anuncio de 1962 podemos ver cómo se hace perfectamente esta distinción entre la nevera y el frigorífico:

    Sin embargo, con el paso del tiempo la palabra nevera haría su retorno triunfal para, junto a frigorífico, representar un único concepto: el electrodoméstico donde guardamos los yogures.

  • Nueve palabras canarias que proceden del inglés

    Nueve palabras canarias que proceden del inglés

    El turismo es un fenómeno reciente, pero algunos puntos de España tenían contacto con extranjeros desde mucho antes del boom turístico. Es el caso de Canarias, cuya posición estratégica en el Atlántico, a mitad de camino entre Europa, África y América la convirtió durante mucho tiempo en parada obligada de repostaje para los barcos.

    Entre los extranjeros destacan los ingleses, que llegaron a aportar el 80 % de la inversión en el Puerto de Las Palmas de Gran Canaria. Esta relación ha dejado huella en el español que hablan los canarios cada día, y hay varios canarismos cuyo origen inglés, una vez que nos lo explican, no deja de ser evidente. Además, la época de llegada de estas palabras, cuando el inglés no era la “lengua internacional” que es ahora, se nota en su fonética altamente adaptada a nuestro idioma.

    Vamos a ver algunas de las palabras más curiosas del español de Canarias con un origen (a veces sorprendente) en el inglés.

    Imagen: Pixabay

    Papas autodate, chinegua…

    Como es bien sabido, en Canarias y Latinoamérica llaman papas a las patatas. Esta palabra no es de origen inglés, sino quechua, y fuimos los españoles peninsulares quienes le cambiamos el nombre a este tubérculo cruzándolo con el de la batata. Así surgieron nuestras patatas.

    Sin embargo, algunas variedades de papa canaria sí tienen nombres que derivan del inglés. Es el caso de las papas autodate, una variedad «blanca, alargada y muy estimada para comer», según el Diccionario de la Academia Canaria de la Lengua, y cuyo nombre viene del inglés out of date (“pasado de moda”), por algún motivo que no alcanzamos a comprender.

    Más divertido aún es el caso de las papas quinegua o papas chinegua, que llegaron a Canarias desde Inglaterra durante el reinado del rey Eduardo VI. Su nombre, en inglés King Edward, es el que se deformó hasta conformar el actual.

    Cotufas y queques

    Sin salir de la comida, los canarios hay una cosa que tienen clara: cuando van al cine, no comen palomitas. Eso sí, no se ponen de acuerdo en cómo llamar a este delicioso manjar. En las islas orientales (Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria) estas se llaman roscas, posiblemente por las formas redondeadas que adquiere el maiz al explotar.

    Sin embargo, en las islas occidentales (Tenerife, La Gomera, La Palma y el Hierro) reciben el nombre de cotufas. El origen de esta palabra vuelve a pasar por el inglés: las palomitas, antes de estar cocinadas, no son otra cosa que corn to fry, maíz para freír. (En otro orden de cosas, los canarios también llaman al maíz de manera diferente: millo. Pero este canarismo no es de origen inglés, sino portugués.)

    Otra comida canaria de nombre inglés es el queque, palabra con que en Canarias se denominan todo tipos de bizcochos, y que deriva del inglés cake.

    Naife canario (Imagen: WIkimedia Commons)

    Foniles y naifes

    El culinario no es el único campo semántico con varios canarismos procedentes del inglés. Curiosamente, uno de los elementos típicos de la artesanía canaria es el naife, un cuchillo de forma característica y probable origen peninsular, pero nombre inglés. Un naife, en el fondo, no es otra cosa que un knife.

    Otra herramienta que recibe su nombre del inglés es el embudo. Detrás de un nombre tan “canario” como fonil se esconde el muy poco castizo funnel.

    Chonis y cambulloneros

    El roce hace el cariño y, también, la necesidad de poner nombres. Igual que en el español peninsular llamamos guiris a los extranjeros (sobre todo si son tirando a rubios y altos), en el español de Canarias apareció un nombre específico para los turistas, especialmente los ingleses.

    ¿Cómo se llamaban muchos de ellos? John, para los amigos Johnny. De ahí deriva choni, como primero llamaron los canarios a los turistas ingleses, más tarde al resto de turistas europeos, especialmente nórdicos, y cada vez más, por extensión, a las personas con un alto nivel económico. Algo que curiosamente contrasta con la península, donde choni es el apelativo que se usa para el prototipo de la adolescente sin modales (el femenino de cani).

    En el otro lado de la balanza estaban quienes debían trapichear para ganarse la vida. Y qué mejor para ello que comprar la mercancía en los barcos atracados en el puerto, que, según se cuenta, estaban exentos de impuestos y anunciaban que “[you] can buy on [board]”, esto es: se podía comprar a bordo.

    Aunque quizá la historia esté embellecida, este mercadeo portuario se llamó cambullón, que la Academia Canaria de la Lengua define como «tráfico de mercancías (…) en los barcos atracados o fondeados en el puerto» o «comercio ilegal hecho en tierra con productos extraídos de la despensa de los barcos». Los cambulloneros llegaron a ser una parte relativamente importante de la población costera de las islas, y quedaron inmortalizados en el folclore de estas.

    (Sin embargo, y aunque las etimologías de la RAE no sean santo de nuestra devoción, es necesario admitir que esta academia propone un origen diferente: del portugués cambulhar, “caer desordenado”.)

    Perder la guagua

    Sin embargo, si pensamos en el español de Canarias, probablemente lo segundo que nos vendrá a la cabeza (después de un fonéticamente criticable muyayo) sea la guagua, el archiconocido autobús de los isleños.

    Como curiosidad, esta no es la única guagua del español, ya que en varios países del español hispanoamericano existe otra guagua que se refiere a los niños o los panes hechos con forma de estos.

    Mientras que el origen de las guaguas hispanoamericanas es quechua, el origen inmediato de la guagua canaria se encuentra en Cuba, pero el origen inicial es “discutido”, de nuevo según la RAE (que no indica nada más, gracias). Una conocida propuesta, que sin embargo flojea por la falta de evidencia documental, es que guagua vendría de la empresa Washington, Walton, and Company Incorporated, “primera empresa que habría llevado autobuses a Cuba y que se publicitaba en ellos como Wa & Wa Co. Inc.”.

    La otra hipótesis, recogida por el gran etimólogo Coromines, es que guagua derivaría del inglés waggon (padre también de nuestro vagón), que en inglés se usaba para llamar a un «automóvil mediano empleado para el transporte gratuito de un corto número de personas».

    Este artículo es una colaboración especial de Simón Perera

  • La revista que quería que dijésemos «copetín» en vez de cóctel y «tortilla doblada» en vez de francesa

    La revista que quería que dijésemos «copetín» en vez de cóctel y «tortilla doblada» en vez de francesa

    Aunque ya hemos visto en otros artículos que desde siempre se han utilizado palabras en inglés para conceptos cotidianos, también es verdad que siempre ha habido gente alarmada por lo que consideran que es la muerte del español.

    En noviembre de 1933 nace en España Marmitón, una revista «de cocina y mesa», y una de las prioridades que se marca es la de defender el idioma. Por aquel entonces no solo el inglés, sino también el francés tenían una gran influencia en nuestro lenguaje, y ellos se propusieron una «campaña españolista» recuperando nombres españoles de platos que ya eran populares con otros nombres.

    Veamos algunos de los consejos que daban en los cuatro números que están disponibles en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional:

    No diga tortilla francesa, mejor «tortilla doblada»

    Y también aprendemos que la tortilla española (o tortilla de patatas) también se puede llamar tortilla llana. Lo de que lleve cebolla o no, pues no lo aclara.

    No es mayonesa, es «mahonesa»

    ¿Alguna vez has pensado que ambas palabras son intercambiables? Pues la revista Marmitón no. Para ellos está muy claro que deberíamos hablar siempre de mahonesa, con hache intercalada, y que deberíamos protestar cada vez que veamos escrito mayonesa en un  menú. Consejo de patriota.

    Mejor «morteruelo» que foie-gras

    Nada de paté ni foie-gras: la primera edición del Diccionario del siglo XVIII nos dice que lo llamemos morteruelo.

    El cock-tail debe llamarse «copetín»

    Nos proponen mejor la palabra argentina copetín, que tenemos que reconocer que es mucho más sonora y divertida que cualquier combinado. Y es que el cóctel no es tampoco un invento americano. Según otro alarde de patriotismo de la revista, los españoles ya mezclábamos bebidas pero no quisimos hacerlo demasiado porque nuestros vinos y licores son «exquisitos».

    Y tampoco digamos salmis, sino «salmorejo»

    Salvo que seas un chef profesional, es bastante posible que nunca hayas dicho «salmis», pero se trata de una salsa francesa hecha a base de carne de caza. La palabra para denominarla en español, según defiende la revista, es «salmorejo», aunque corremos riesgo de confundirla con el delicioso plato de tomate que también se llama así y que no tiene nada que ver.

  • 12 palabras que antes no tenían versión en español

    12 palabras que antes no tenían versión en español

    A veces se dice que las nuevas tecnologías están llenando nuestra lengua de términos en inglés: smartphone, tweet, streaming… y nos parece que es un fenómeno muy actual. Pero en realidad no es así: siempre hemos adoptado palabras de otros idiomas para llamar a cosas que en español aún no tenían nombre.

    Para demostrarlo, hemos recorrido las hemerotecas de La Vanguardia y del diario Ahora para encontrar palabras que hoy en día tienen un equivalente en español pero que durante décadas se usaron en inglés o francés. Y atentos porque hay algunas bastante curiosas:

    Film

    Films: hoy diríamos «películas»

    Foot-ball y match

    El fútbol era todavía foot-ball y los partidos eran los match

    Public-adress

    Los sistemas de megafonía se llamaban public adress.

    Broadcasting

    Las emisiones de radio se llamaban Broadcasting (en mayúsculas)

    Soirée

    Las fiestas sociales eran las Soirées

    Lawn-tennis

    El tenis en hierba era el Lawn-Tennis

    Team

    Los equipos deportivos eran los teams

    Reveillon

    El reveillon era otro tipo de fiesta de la alta sociedad (y Nochevieja se escribía separado).

    Cock-tail

    La palabra cóctel aún no se había castellanizado y era cock-tail o cocktail.

    Leader

    El líder de un grupo deportivo era el leader (y el Atlético de Madrid aún era el Athlétic de Madrid).

    Jeans

    Los vaqueros eran jeans

     

  • ¿Cómo se dice vídeo, telenovela, champú o moto en latín?

    ¿Cómo se dice vídeo, telenovela, champú o moto en latín?

    El latín es una lengua muerta, nos decían en el instituto. Y como tal, uno comprende que se usaba para describir las cosas que hacía, veía o imaginaba una persona hace siglos, cuando era común utilizarla, pero no cosas del mundo moderno como bancos, ordenadores o coches.

    Pero en realidad el latín no está oficialmente muerto. Sigue siendo el idioma oficial de un país: el Vaticano. Y como tal, debe incorporar nuevas palabras porque todos los documentos que producen se deben traducir a esta lengua… y en mencionar cosas modernas (aunque sea para condenarlas), el Vaticano tiene experiencia.

    Por eso, el Vaticano edita diccionarios de latín en los que se van añadiendo nuevas palabras. En 1997 se publicó Lexicon, Recentis Latinitas que añadía 15.000 nuevos términos construidos siguiendo las normas que marca la propia lengua. ¿Tienes curiosidad? Aquí puedes aprender a decir en latín algunas palabras modernas:

    Anuncio de televisión: intercalatum laudativum nuntium.

    Bailar:  ludus saltatórius.

    Banco: argentária (¿te suena de algo?).

    Champú: capitilavium.

    Discoteca:  taberna discothecária.

    Electricidad:  eléctrica vis.

    Fans:  admiratores studiosíssimi.

    Frigorífico:  armárium frigidárium.

    Jazz: iazensis música.

    Locomotora: currus tractórius; máchina vectória.

    Motocicleta: birota automataria.

    Ordenador:  instrumentum computatórium.

    Ovni: res inexplicata volans.

    Pizza:  placenta compressa; placéntula.

    Psicólogo:  humani ánimi investigator.

    Telenovela:  fábula televisífica.

    Vídeo: instrumentum telehornamentis exceptorium

    Whisky: vischium.

    Más en la web del Vaticano y en esta noticia de El País.