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  • La última persona que vivió en el Palacio Real de Madrid no fue un rey

    La última persona que vivió en el Palacio Real de Madrid no fue un rey

    El Palacio Real de Madrid es la residencia oficial de los reyes de España, aunque realmente no viven en este coqueto edificio de 135.000 metros cuadrados en pleno centro de Madrid, sino que lo hacen en el Palacio de la Zarzuela (algo más retirado pero sin duda con menos ruidos).

    Desde Carlos III hasta Alfonso XIII, todos los reyes de España vivieron en este palacio. Alfonso XIII abandonó el país tras la proclamación de la República en 1931, y el siguiente jefe de Estado no electo fue el dictador Francisco Franco, que prefería vivir en el Palacio de El Pardo, por lo que podríamos pensar que el monarca fue la última persona que lo habitó. Pero no es así.

    Manuel Azaña trabajando en su despacho en un día en el que no le apetecía que le sacasen fotos

    Tras la proclamación de la República en 1931, se confiscaron todas las propiedades de la familia real, incluyendo por ejemplo la Casa de Campo (sí, aunque parezca increíble, hasta ese año era un recinto cerrado para el rey y amigos) y por supuesto, el Palacio Real. El edificio cambió de nombre oficial y se llamó Palacio Nacional, pero se mantuvo la tradición de que fuese la residencia del Jefe de Estado. Así, Manuel Azaña lo habitó en sus años de presidente de la República, y aún hoy se puede encontrar una habitación llamada el “despacho Azaña” donde el político solía realizar su trabajo.

    Y esta no es la única relación entre la República y el Palacio Real. En una ciudad en la que, tras 40 años de dictadura y una democracia poco dada a mantener símbolos históricos, aún queda una farola con símbolos republicanos al pie del palacio, en la esquina de la calle Bailén. Se trata de uno de los pocos ejemplares del modelo que se instaló durante los años republicanos, y que sustituía símbolos borbónicos como la corona o la flor de lis por la corona almenada.

  • La película de James Bond que no es oficial

    La película de James Bond que no es oficial

    Parece que 1983 fue un buen año para los aficionados a las aventuras de James Bond, porque ese año se estrenaron dos películas del agente secreto: Octopussy y Nunca digas nunca jamás. Lo más curioso es que en realidad no se trataba de que el estudio fuese muy prolífico, sino de dos proyectos enfrentados.

    Y es que la mayoría de la gente no lo sabe, pero no todas las películas con James Bond como protagonista son parte de la “saga oficial” de EON Productions. Y ese es el caso de “Nunca digas nunca jamás”, la última película Bond estrenada que no es de la saga 007. Lo curioso, además, es que el protagonista de la misma era Sean Connery, que había encarnado a James Bond seis películas “oficiales”, la última de ellas “Diamantes para la eternidad”, de 1971. Habían pasado 12 años desde aquello y hay quien dice que el título de la nueva, “Nunca digas nunca jamás” se debe a que él había declarado que jamás volvería a interpretar el personaje. Mientras tanto, en la saga “oficial” Roger Moore había tomado el relevo, y ya llevaba cinco películas siendo Bond, James Bond.

    Pero, si los derechos de la saga Bond son de la productora EON, ¿cómo se pudo hacer una película no oficial? El truco es que se trata de una adaptación de una película anterior de James Bond, “Operación Trueno”, y Kevin McClory, uno de los guionistas de aquella película consiguió los derechos tras una batalla legal en los años 60. Así, formó una productora y se dispuso a aprovechar que legalmente podía hacerlo para producir una película de James Bond.

    Y llegamos a 1983, año en el que se estrenan con pocos meses de diferencia dos películas de James Bond. Una con el actor que era Bond en ese momento, y otra con el que lo había sido antes. Ambas tuvieron una gran acogida comercial, pero finalmente fue “Octopussy”, la oficial, la que consiguió mayor recaudación.

    “Nunca digas nunca jamás” queda como la última película Bond no oficial estrenada (las anteriores habían sido una parodia y un episodio de una serie, ambas llamadas Casino Royale). En 1997 sus derechos fueron comprados por la misma distribuidora de la versión oficial.

  • España ya tuvo un número único de emergencias antes del 112

    España ya tuvo un número único de emergencias antes del 112

    Si alguna vez necesitas a la policía, bomberos o personal sanitario, lo más normal es que cojas un teléfono y marques el 112. El número único de emergencias funciona a nivel europeo y comenzó a funcionar en nuestro país en 1998. Permite que con una sola llamada se coordinen todos los servicios de urgencia que se necesiten en un caso, evitando duplicidades. Además, al ser un número internacional, es fácil para extranjeros y turistas recurrir a él y los móviles están programados para poder llamar aunque no se tenga saldo, esté el teléfono bloqueado o incluso no se haya introducido una tarjeta SIM.

    Pero el 112 no fue el primer número de emergencias en España. En 1983 se estrena en Tarragona el 006, un número dependiente de Protección Civil que sirve de número único para coordinar policía, bomberos y demás servicios, y que en pocos años ya llegaba a 13 provincias. Mientras tanto, otras comunidades autónomas como Euskadi o Navarra habían apostado por dar el mismo servicio, pero a través del número 088.

    Sin embargo, cuando en 1991 la Unión Europea decide crear un número único de emergencias en el 112, los anteriores servicios comenzaron a cambiarse por  el nuevo número europeo. Además, no se trata solo de Europa: el 112 está presente también en otros países como Costa Rica, México o Suiza.

    En EEUU y otros países, el número de emergencias es el 911, que se inspiró en el número británico de emergencias 999. Sin embargo, en los antiguos teléfonos de disco marcar el 9 era lo que más tiempo llevaba (había que esperar a que el giro diese toda la vuelta), de modo que para su adaptación americana, sustituyeron dos de sus cifras por la más rápida, el 1.

  • Un guionista responde a los enigmas de las series

    Un guionista responde a los enigmas de las series

    Si te gustan las series, es posible que te hayas hecho alguna vez preguntas sobre por qué los personajes se comportan así o existen algunas tramas. En realidad todo suele tener explicación. Por eso hemos recopilado algunas respuestas a las preguntas más frecuentes que nos hacemos. Bueno, por qué el final de Los Serrano era tan malo no hemos logrado averiguarlo.

    ¿Por qué en todas las series siempre hay un bar?

    Un bar es un espacio muy útil para los guionistas (estoy hablando en cuanto a necesidades de la historia, no alcoholismo en las productoras). Un bar es un espacio común en el que pueden estar cualquiera de los personajes, solos o acompañados, según necesite la historia sin necesidad de buscar excusas. La casa de alguno de ellos o su lugar de trabajo no son tan útiles para esto, porque por definición siempre tendría que estar quien trabaje allí y los demás deberían contar con alguna buena razón para estar.

    Además, el decorado de un bar se puede reutilizar muchas veces, y es más barato que una plaza (tanto para facilidad de grabación como para llenarlo de figurantes).

    ¿Por qué tantos personajes de series viven y trabajan juntos?

    Llama bastante la atención que en tantas series, especialmente españolas, los personajes no solo trabajen juntos sino que además compartan piso. ¿No están hartos de verse? Por temas de producción, una serie debe tener un número reducido de decorados, de modo que un personaje viviendo solo es un desperdicio.

    Además, cuando se trata de contar una historia laboral, meter otros personajes (familias, compañeros de piso ajenos) crearía nuevas tramas que serían difíciles de contar. Por lo tanto, es más fácil que compartan piso y de paso se lleven tramas de un escenario a otro. Aunque acaben matándose.

    Toni Alcántara, tras haber vivido en primera persona el 23F y los GAL, planteándose competir en Barcelona 92
    Toni Alcántara, tras haber vivido en primera persona el 23F y los GAL, planteándose competir en Barcelona 92

    ¿Por qué a los Alcántara les pasan tantas cosas?

    Toni estaba en el Congreso el 23-F, Antonio Alcántara pasaba por Claudio Coello cuando mataron a Carerro Blanco, militaba en UCD cuando las elecciones del 77… ¿no es extraño que a los Alcántara les suceda todo? Analizándolo friamente, así es. Pero cuando vemos una obra de ficción se produce algo que se llama “suspensión de la incredulidad”, es decir, el público hace un pacto con el narrador de creerse que efectivamente esos actores son reales, y mientras nada incumpla las normas del universo que se ha creado (por ejemplo en Cuéntame, un personaje con poderes mágicos) el pacto se mantiene.

    Es obvio que a los Alcántara les pasa de todo, pero es que una serie no puede sobrevivir sin que a los personajes les pasen cosas. ¿Verías una serie sobre una familia a la que nunca le pasa nada y se entera de todo por la tele?

    ¿Por qué los personajes de las series se dan las noticias en persona?

    Llaman al timbre, abres y es tu jefe: “Hola, he venido a tu casa a decirte que mañana no vengas a la oficina, que vamos a pintarla”. ¿Te lo imaginas en la vida real? Imposible, pero muy común en las series. También se trata de una licencia que se toman los guionistas.

    Y es que una serie en la que los personajes se pasaran el día hablando por teléfono o leyendo whatsapps en el móvil sería muy poco atractiva para el espectador. ¿Nunca te habías preguntado por qué los personajes de las series apenas ven la TV? Esa es la razón.

    Marcos y Eva, los Ross y Rachel españoles
    Marcos y Eva, los Ross y Rachel españoles

    ¿Por qué cuando dos personajes se aman, no se hacen pareja?

    La vida no siempre es fácil, pero a veces en las series de TV roza lo absurdo. Dos personajes están enamorados el uno del otro, pero no son pareja porque uno cree que el otro no lo está, o justo está con otra persona, o hay un malentendido… a este juego se le llama Tensión Sexual No Resuelta, y es uno de los más habituales en los guiones de las series (y de las películas).

    Las historias se basan en conflictos y en hacer que los personajes tengan difícil conseguir lo que desean para que peleen por ello durante capítulos. Los espectadores creemos que lo que nos gustaría es verles juntos, pero nos aburrimos en seguida porque las tramas se limitan mucho más. Eso sí, tampoco conviene tensar demasiado la cuerda y cabrear al espectador.