Etiqueta: LGTB+

  • La época en que el sida era el cáncer gay

    La época en que el sida era el cáncer gay

    Aunque se cree que el virus del VIH pasó de simios a humanos en el primer tercio del siglo XX, la pandemia del sida comenzó oficialmente en junio de 1981, cuando los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos dio la voz de alarma acerca de diferentes tipos de infecciones oportunistas que habían comenzado a sufrir simultáneamente un grupo de hombres homosexuales en San Francisco. La mayoría de ellos murieron sin remedio en los siguientes meses.

    La aparición de unas manchas rosas en la piel de algunos enfermos, y el hecho de que muchos de ellos fuesen homosexuales, llevó a la prensa a llamar a la nueva enfermedad con nombres como «cáncer rosa» o gay-related immune deficiency («inmunodeficiencia relacionada con la homosexualidad»). No tardaron quienes vieron una oportunidad para tener una justificación a su homofobia, y consideraban la nueva enfermedad un castigo de Dios a los homosexuales.

    Durante los 80, la falta de investigación e información hacía que las causas del sida no estuvieran nada claras. Por eso, en un principio muchos pensaban que tenía que ver con el sexo anal o el uso de poppers, factores más comunes entre homosexuales. En realidad, el hecho de que no existiese peligro de embarazos no deseados es lo que hizo que el sida se extendiese más rápidamente entre parejas gays, ya que las relaciones con preservativo eran mucho menos frecuentes que en parejas heterosexuales.

    Sin embargo, Estados Unidos pronto se dio cuenta de que el sida no afectaba solo a homosexuales. Los inmigrantes de Haití y los drogadictos por vía intravenosa también eran grupos de riesgo, por lo que se creó el concepto del Club de las Cuatro Haches: homosexuales, heroinómanos, hemofílicos y haitianos, algo que estigmatizó a estos colectivos.

    El nombre que finalmente eligieron los médicos para la nueva enfermedad, Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, se eligió para evitar hacer referencia a ningún grupo en concreto, sino describir simplemente las características de la enfermedad. El nombre sida (en inglés, AIDS) comenzó a usarse en 1982.

    Obituario publicado en marzo de 1987 en un diario de San Francisco

    La epidemia de sida, para la que no existía cura ni tratamiento, tuvo un impacto brutal entre la comunidad homosexual de la época, tanto por el estigma que creó en la sociedad como por las habituales muertes. El diagnóstico de la enfermedad suponía la certeza de una muerte rápida, muchas veces en cuestión de semanas o días. En el San Francisco de los 80, en una época en que las redes sociales y los móviles aún eran ciencia ficción, los obituarios de la prensa local se convirtieron en la manera más rápida (y cruda) de saber si un amigo al que llevabas semanas sin ver había muerto por sida. La GLTB Historical Society ha digitalizado miles de obituarios de la época como homenaje a sus protagonistas, y se pueden buscar online.

    En España, la campaña «Si Da, No Da» del Ministerio de Sanidad a finales de los 80 trató de acabar con los mitos y desdramatizar ante el miedo que muchos aún tenían a acercarse, dar la mano o simplemente compartir un baño público con personas con sida o seropositivas.

    A estos mitos contribuyeron las distintas teorías conspirativas, según las cuales el virus del VIH no existe, y que en nuestro país encontraron un altavoz por ejemplo en la época amarillista de Diario 16. En Reino Unido, desde 1992 se editó Continuum, una revista que negaba la existencia del virus y daba altavoz a pseudociencias. La revista dejó de editarse en 2001 cuando el último de sus editores murió, al igual que los anteriores, por enfermedades derivadas del sida.

    Hoy en día el sida sigue siendo un gran problema a nivel mundial, pero gracias a los antirretrovirales una persona con VIH puede vivir una vida normal con la misma esperanza de vida mientras tome la medicación. Ya no se distinguen grupos de riesgo para el contagio del VIH, sino prácticas de riesgo (sexo desprotegido, compartir jeringuillas…) y afortunadamente, la época en la que se creía que era una enfermedad de homosexuales han quedado muy atrás.

  • Elisa y Marcela, las dos mujeres que se casaron en 1901 en Galicia

    Elisa y Marcela, las dos mujeres que se casaron en 1901 en Galicia

    Que dos mujeres se conozcan estudiando para ser maestras, se enamoren y se casen, hoy en día no dejaría de ser una historia de amor normal. Pero que lo hicieran en 1901, y el matrimonio fuese por la Iglesia, marca un hito en la historia del matrimonio igualitario, del mismo modo que la primera salida del armario en público, sucedida apenas 40 años antes.

    Marcela Gracia Ibeas y Elisa Sánchez Loriga eran dos jóvenes que se conocieron en la Escuela Normal de Maestras de Coruña mientras ambas estudiaban para ser maestras de educación primaria, una de las pocas profesiones que a finales del siglo XIX podían ejercer las mujeres.

    Aunque sus padres trataron de separarlas al ver que la amistad era algo más enviando a Marcela a Madrid, no hay quien detenga palomas al vuelo y ellas mantuvieron la relación mientras finalizaban los estudios. Finalmente, ambas llegaron a vivir juntas en la localidad gallega de Calo, donde fueron destinadas como profesoras.

    En la primavera de 1901 la pareja de mujeres decide casarse, lo cual era obviamente ilegal en aquella época. Para hacerlo posible, decidieron que Elisa se hiciera pasar por Mario, utilizando la identidad de un primo suyo muerto en un naufragio.

    Según narran periódicos de la época como El País o La Época, Elisa se preocupó de tener todos los papeles en regla con su nueva identidad para que no hubiera objeciones al matrimonio. Consiguió una cédula de identidad (el equivalente en aquella época al DNI) diciendo que había perdido la suya. En aquella época, se exigía el testimonio de una «persona conocida», algo que consiguió.

    También logró ser bautizada como Mario, explicándole al párroco del pueblo que su padre, que residía en Londres, era ateo y por eso no había tenido oportunidad de hacerlo cuando era pequeño. La madrina del bautizo fue una mujer emparentada con su familia, a la que llevaba sin ver desde su infancia. Al parecer, según cuentan los diarios, fue a verla vestida de hombre y le explicó que era el hermano de Elisa y que necesitaba una madrina.

    Con todos los trámites realizados, la boda se ofició el 8 de junio de 1901. Tras la ceremonia, se fueron a almorzar a casa de una amiga y después al estudio de fotografía del Sr. Sellier para tomarse el retrato que durante un tiempo colgaría en el escaparate de la tienda:

    Sin embargo, pronto fueron descubiertas. Cuando Elisa (disfrazada de hombre) fue a la parroquia a recoger el certificado de matrimonio, el cura ya estaba sobre aviso de la «monstruosidad» (sic), y había llamado a un médico para que la inspeccionara y determinara si era hombre o mujer. Elisa logró salir del paso como pudo, pero la pareja tuvo que huir.

    Al parecer, su primer destino fue Oporto, para después huir a América, probablemente Argentina. Y aquí se pierde la pista de las dos primeras mujeres que se casaron en España, cien años antes de la aprobación de la ley que lo permitiría oficialmente. Como detalle curioso nos quedamos con que el acta matrimonial nunca fue anulada, así que siguieron oficialmente casadas hasta su muerte.

  • Así fue la primera salida del armario de la historia

    Así fue la primera salida del armario de la historia

    La de Karl Heinrich Ulrichs fue, probablemente, la primera salida del armario de la historia moderna.

    Desde muy pequeño, este alemán nacido en 1825 se dio cuenta de que le gustaban los chicos en vez de las chicas, como la sociedad le enseñaba. Se graduó en la universidad en historia y teología, y también realizó estudios de derecho.

    En 1862, a la edad de 37 años, decidió contarle a su familia y amigos que era homosexual. En aquella época la palabra ni siquiera existía, así que inventó una propia: urning, palabra basada en la mitología griega que creó para designar a lo que él llamaba el tercer sexo, es decir, los hombres que se sienten atraídos por otros hombres, y que en un inicio él identificaba con tener psique femenina en un cuerpo de hombre. Para las mujeres atraídas por otras mujeres creó la palabra urninde, mientras que las personas heterosexuales eran dioning (hombres) y dioningin (mujeres). Todo esto lo recogió en su obra Estudios sobre el misterio del amor masculino.

    En 1867 Ulrichs fue el primer homosexual en hablar públicamente de su orientación. Lo hizo en el Congreso de Juristas Alemanes de Múnich, el 29 de agosto de 1867. Ulrichs tomó la palabra y pidió a sus colegas que apoyasen una moción que exigiese la derogación del artículo del código penal prusiano que castigaba a los homosexuales. Fue abucheado hasta que tuvo que callar.

    Pero esto no le detuvo. En 1870 publicó Araxes. Llamada a la liberación de la naturaleza del urning de la ley penal. En una época en la que la tendencia general era a pensar que la homosexualidad era un vicio y un pecado, afirmar que era algo natural que no debía ser perseguido era poco menos que revolucionario. Y lo cierto es que, aun hoy, el texto sigue plenamente vigente y podría ser firmado por cualquier asociación LGTB+.

    El urning, también, es una persona. El, también, por lo tanto, tiene derechos inalienables. Su orientación sexual es un derecho establecido por la naturaleza. Los legisladores no tienen ningún derecho a vetar la naturaleza; ningún derecho a perseguir la naturaleza en el curso de su trabajo; ningún derecho a torturar a criaturas vivas que están sujetas a esos impulsos que la naturaleza les dio.
    El urning también es un ciudadano. El, también, tiene derechos civiles; y de acuerdo a esos derechos, el estado tiene ciertos deberes que cumplir también. El estado no tiene el derecho de actuar por capricho o por el placer de la persecución. El estado no está autorizado, como en el pasado, a tratar a los urnings como si estuvieran fuera de la ley.
    Esta claro que los legisladores tienen el derecho a hacer leyes que contengan expresiones del deseo urning, al igual que los legisladores tienen el poder de legislar sobre el comportamiento de todos los ciudadanos. Así, pueden prohibir a los urnings:
    (a) la seducción de menores masculinos;
    (b) la violación de los derechos civiles (por la fuerza, amenaza, abuso de personas inconscientes, etc.);
    (c) la indecencia pública.
    La prohibición de la expresión del deseo sexual, es decir, entre adultos que consienten y en privado, queda fuera de la esfera legal. Cualquier base para la persecución legal es insuficiente en este caso. Los legisladores no pueden hacerlo debido a los derechos humanos y el principio de estado constitucional. El legislador no puede hacerlo por las leyes de la justicia, que impiden aplicar un doble estándar. Mientras que el urning respete los puntos (a), (b), y (c) más arriba, el legislador no podrá prohibir que siga los designios de la ley natural a la que está sujeto.
    Dentro de estos parámetros, el amor urning no es en ningún caso un crimen real. Todos los indicadores faltan. Incluso no es vergonzoso, decadente o malvado, simplemente porque es el cumplimiento de una ley natural. Está reconocido como uno de los múltiples crímenes imaginarios que han plagado los libros de leyes de Europa, para vergüenza de las personas civilizadas. Criminalizarlo parece, por lo tanto, una injusticia perpetrada oficialmente.
    Simplemente porque el urning es desgraciadamente una minoría pequeña, no se puede dañar sus derechos inalienables y sus derechos civiles. La ley de la libertad en el estado constitucional también debe considerar sus minorías.
    Y no importa lo que hayan hecho los legisladores en el pasado, la ley de la libertad no conoce límites.
    Los legisladores deberían abandonar la esperanza de desarraigar el impulso sexual urning en cualquier momento. Incluso las ardientes hogueras en las que quemaron a los urnings en siglos anteriores no pudieron conseguirlo. Incluso amordazarlos y atarlos fue inútil. La batalla contra la naturaleza es una sin visos de victoria. Incluso el gobierno más poderoso, con todos sus medios de coerción que pueda emplear, es demasiado débil contra la naturaleza. Por otra parte, el gobierno puede controlar la batalla. El razonamiento y la consciencia del sentido moral de los mismos urning ofrece al gobierno una cooperación completa hacia ese objetivo.

    Aún tendrían que pasar muchas décadas para que los gobiernos se decidiesen a legalizar las prácticas homosexuales, castigadas en gran parte de Europa hasta pasada la mitad del siglo XX, y no sería hasta principios del siglo XXI cuando se aprobarían leyes como las de matrimonio igualitario que acabasen con la discriminación legislativa (y aun así, contasen con oposición de conservadores con argumentos bastante surrealistas).

    Por ello sorprende pensar que hace 150 años alguien fue tan valiente como para salir a la luz pública a admitir lo que era y exigir su derecho a ser tratado como los demás.

  • Los 11 argumentos más surrealistas del PP contra el matrimonio igualitario

    Los 11 argumentos más surrealistas del PP contra el matrimonio igualitario

    En junio de 2005 el Congreso de los Diputados aprobaba la reforma del código civil para dejar de discriminar a las parejas homosexuales que desearan casarse. Esta ley de matrimonio igualitario fue aprobada con los votos de todos los partidos… excepto dos: Unió y el PP.

    Este último no solo votó en contra de la igualdad de derechos, sino que presentaron un recurso al Tribunal Constitucional. Aunque en los siguientes años trataron de aducir que el recurso es «una consulta sobre si es constitucional o no», en realidad su texto (que se puede consultar en la web de la FELGT) lo deja bien claro: lo consideraban inconstitucional y mucho más. Recogemos aquí las principales razones que esgrimían:

    1. Es «un fraude»

    Si el matrimonio siempre ha sido cosa de un hombre y una mujer, ¿qué es eso de que el significado de una palabra se amplíe? Pues un fraude. Por eso en el PP nunca llaman nevera al refrigerador.

    2. Supone cambiar «todo el conjunto normativo construido durante siglos»

    Desde la época de los romanos construyendo unas leyes para que venga el lobby gay y las tire abajo. Porque el ordenamiento jurídico es un poco como el Jenga.

    3. Vulnera el derecho al matrimonio

    ¿Una ley que favorece que la gente se case puede vulnerar el derecho al matrimonio? Atención al triple salto mortal. El PP decía que el matrimonio igualitario iba contra el artículo 32 de la Constitución, el que dice que tanto el hombre como la mujer tienen derecho al matrimonio. Y claro, si por ejemplo se casan dos hombres, ahí hay una mujer que se ha quedado sin su derecho constitucional a casarse. A casarse con un gay, suponemos.

    4. Vulnera la protección a la infancia

    Pero ojo, porque la ley no solo permite a las parejas homosexuales casarse: ¡les permite adoptar niños! Y claro, ellos exclaman que eso va contra la protección a la infancia, porque dónde va a estar mejor un niño que en un orfanato.

    5. Los hombres y las mujeres se complementan muy bien

    Que suena un poco a «ya sé que eres gay pero eres perfecto para mi prima la de Cuenca que está soltera, os complementaríais muy bien». Y oye, lo dicen los filósofos.

    6. Hay un descenso alarmante de la natalidad

    Porque todo el mundo sabe que cuando a dos homosexuales se les prohíbe casarse se vuelven a casa, se buscan una mujer cada uno y se ponen a tener hijos. O quizás sea que las parejas heterosexuales no pueden concentrarse en engendrar si hay gays y lesbianas casándose a sus alrededores.

    7. Convierte el matrimonio en una «institución borrosa»

    No era tu astigmatismo, era que había gays casándose.

    8. Hoy es el matrimonio, mañana es quitar el derecho al voto

    Por lo visto, se trata de una Hoja de Ruta del Mal que comienza con dar derechos a los homosexuales.

    9. Esto tiene que quererlo la mayoría

    Resulta que los derechos no se reconocen, se votan. Como por ejemplo cuando se anuló la esclavitud, que había que haber consultado su opinión al Ku Klux Klan.

    Es un argumento curioso teniendo en cuenta que todos los demás partidos votaron a favor, y que si se aprobó fue precisamente porque quiso la mayoría.

    10. Priva de derechos a quienes legítimamente los tienen

    Aquí falta desarrollar un poco la explicación pero parece que el hecho de que una pareja de hombres o mujeres se casa, por algún motivo, priva de derechos a otra persona. Como no sea de su derecho de prohibírselo…

    11. DESTRUYE las instituciones

    2005, el año en el que un monstruo homosexual comenzó a destruir las instituciones de camino al Juzgado para casarse.

    Afortunadamente, el final de esta historia ya lo conocemos. Siete años después de la presentación de este recurso, el Tribunal Constitucional emitía su veredicto: el matrimonio igualitario es plenamente constitucional.

    Desde entonces, el Partido Popular, que sigue dirigido por la misma persona, no ha pedido nunca disculpas. Eso sí, han dicho que «asumen como propia» la ley y tras insinuar que lo harían ante las elecciones de 2008 y 2011, actualmente afirman que ya no está entre sus planes anular este derecho.

  • Así se veía a los homosexuales hace 100 años, en 9 recortes de prensa

    Así se veía a los homosexuales hace 100 años, en 9 recortes de prensa

    Hoy en día, solo algunos periódicos o tertulias rancias siguen defendiendo que la homosexualidad sea una enfermedad. Pero en los años 20 o 30 del siglo XX, ser homosexual se consideraba uno de los peores males que podía tener una persona, y las posiciones más progresistas en aquel momento eran las de desear una cura.

    Hemos querido bucear en la hemeroteca para descubrir qué se decía de los homosexuales en los periódicos del primer tercio del siglo XX.

    Los invertidos y los pervertidos (1908)

    Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional

    Comenzamos con este recorte de 1908 publicado en la revista de medicina Revista de especialidades médicas. Se trata de la investigación de un tal doctor Crocq que distinguía dos tipos de homosexuales: por un lado, los invertidos u anormales, que tienen «horror a la mujer», y por otro, los depravados o pervertidos, que en realidad son heterosexuales, no rechazan a la mujer, pero se dan al vicio. Lo que hoy llaman a veces heteroflexible. Y por eso cuando se van con hombres buscan, según el doctor, a los más afeminados.

    Lo bueno de la teoría de Crocq es que también vale para las lesbianas. Entre las mujeres homosexuales distingue entre invertidas verdaderas (digamos, bolleras pata negra) y las viciosas. Las que lo hacen por fastidiar, vamos.

    La culpa es de los padres (1928)

    Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional.

    Estamos en 1928, y en el diario La Libertad, de nuevo tenemos a un doctor hablando de homosexualidad. No es extraño: en esta época el movimiento gay no existía, y la homosexualidad se trataba como la enfermedad que se creía que era.

    En este recorte, un doctor nos comenta las causas de que haya gente que pierda más aceite que la furgoneta de Locomía. Al parecer hay dos «momentos decisivos»: uno sobre los cinco años, cuando el niño empieza a buscar placer fuera de su cuerpo y desarrolla el complejo de Edipo (ellos) o el de Electra (ellas). Y claro, si el niño se cría en una casa en la que la mujer hace tareas masculinas (y en los años 20 esas podían ser cosas como trabajar, fumar o pensar por sí misma) pues se lía y se vuelve gay.

    La segunda fase es en la adolescencia: una educación equivocada puede hacer que el niño desarrolle sus «cualidades femeninas», y de ahí a acabar comprando entradas para el próximo concierto de Mónica Naranjo solo hay un paso.

    Una pequeña defensa de los homosexuales (1929)

    Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional.

    Avanzamos un año. En 1929 un crimen conmociona al país, y el principal acusado es homosexual. El diario La Nación, de tendencia bastante conservadora, se hace eco de unas escandalosas palabras: el profesor de derecho Luis Jiménez de Asúa dice que no es justo que las leyes castiguen con más dureza algunos delitos si el acusado es homosexual, y de hecho explicaba que este tipo de persecución legal podía ser la causa de que muchos invertidos frecuentasen malas compañías. Y claro, en este recorte le critican todo lo criticable por atreverse a hacer una mínima defensa de los homosexuales.

    Jiménez de Asúa en aquella época estaba enfrentado al dictador Primo de Rivera por protestar contra el trato que la dictadura había dado a Miguel de Unamuno. Años después, durante la II República, sería diputado por el PSOE, e incluso entre 1962 y su muerte en 1970 sería el presidente de la República Española en el exilio.

    Aunque hoy suene rancio, en los años 30 defender que el código penal fuese igual para todos (aunque consideres que la homosexualidad es una enfermedad) era posiblemente la posición más avanzada que se podía encontrar.

    Esta posición también era compartida por el penalista argentino Fidel Agüero en una entrevista en el diario El Mañana en 1930:

    Homófobos y anticlericales (1932)

    En el diario La Tierra, ya en 1932, encontramos este curioso anuncio de un libro anticlerical que narra la vida de Jesucristo como un «mal hijo, mal hermano, hombre aborrecible, mala persona y homosexual». Porque cualquier retahíla de insultos mejora añadiendo la coletilla de «homosexual«.

    Nazis gays (1934)

    En 1934, Hitler se convierte en presidente de Alemania y el diario Heraldo de Madrid publicaba un amplio reportaje sobre los «hechos repugnantes» del partido nazi, entre los que se encontraba un oficial llamado Heinz que había sido encontrado en la cama con otro hombre.

    Pobrecito enfermo (1934)

    Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional.

    En noviembre de 1934, un joven de 25 años con el pseudónimo de Pobrecito escribía a la sección Estafeta Cordial de la revista Crónica para pedir consejo. Su problema: se sentía atraído por otros hombres.

    La situación es verdaderamente triste leída hoy, ya que el pobre chaval se siente un enfermo y lo único que quiere es «curarse», no quiere tener relaciones con otros hombres pero tampoco casarse con una mujer y tener hijos, ya que cree que la homosexualidad podría ser hereditaria. La encargada de la sección no le da ningún consejo más allá que compadecerse de él por esa «monstruosa» deformidad de la Naturaleza.

    Meses después, la revista publicaba unas respuestas que habían llegado a la redacción con otros lectores que aconsejaban a Pobrecito:

    Los fascistas se pasan el día fornicando entre ellos (1938)

    Durante la guerra civil, ambos bandos se acusaban entre sí de cosas horribles, y en aquella época la homosexualidad era considerada una de ellas. En la zona republicana, los chistes sobre la presunta homosexualidad de Franco eran muy comunes… y no hay que mencionar las medidas que tomó el gobierno de la dictadura, introduciendo a los gays en la ley de vagos y maleantes de la República.

    En este artículo de Mi Revista en 1938 se considera al fascismo un «Régimen contra natura» que era «la Universidad y la universalidad del homosexualismo», eso sí, con la excepción de Mussolini que no parece presentar «desviación».