Categoría: Historia

  • Cuando la SER prestó dos máquinas de escribir a Franco (y no se las devolvían)

    Cuando la SER prestó dos máquinas de escribir a Franco (y no se las devolvían)

    Es horrible prestarle algo a una persona y que no te lo devuelva. No sabes cuánto insistir, si será que se le ha olvidado o simplemente que quiere quedarse con ello. Y cuando esa persona es un gobierno de la dictadura, las cosas se ponen bastante feas.

    Eso es lo que le sucedió a la Cadena SER en los años 40. La radio se había visto obligada a colaborar con la Causa General sobre la dominación roja en España, un proceso jurídico del gobierno golpista que buscaba investigar todos los «delitos» de la «dominación roja». La Causa General se instaló en un piso de la calle de la Victoria de Madrid, y a través de los periódicos iban citando a quienes debían comparecer allí:

    Imagen: elmadriddefranco.wordpress.com

    Sin embargo, en plena postguerra el propio Ministerio de Justicia no tenía suficientes medios materiales. Y ahí viene la colaboración de la Cadena SER, que tras la «gloriosa liberación de Madrid» prestó «gustosísima» siete máquinas de escribir.

    El problema fue que, si bien cinco de esas máquinas volvieron a la SER años después, nada se supo de las otras dos. Y alguien de la radio tuvo que comerse el sapo de escribir al mismísimo ministro de Justicia franquista diciéndole que ya estaba bien y que a ellos las máquinas de escribir les hacían falta también, que la radio no se podía hacer a mano. Y gracias al magnífico Portal de Archivos Españoles, podemos consultar la carta:

     

    Lamentablemente, no tenemos noticia de qué sucedió después. ¿Devolvió Franco las máquinas de escribir a la SER? ¿se les habían roto y el dictador de pálidas posaderas no tuvo valor de decírselo a los jefes de la radio? ¿gestionó la devolución el que fue su sucesor antes del rey? Ojalá alguien de la Cadena SER nos pueda aclarar el misterio.

  • Cuando la Estatua de la Libertad se exponía por trozos para recaudar fondos

    Cuando la Estatua de la Libertad se exponía por trozos para recaudar fondos

    La Estatua de la Libertad es uno de los mayores símbolos de Nueva York, y en general, de Estados Unidos. La libertad iluminando el mundo (su nombre oficial) fue un regalo de Francia a Estados Unidos en 1886, con motivo de los primeros 100 años de la Declaración de Independencia que se habían cumplido 10 años antes.

    La estatua se elaboró en Francia por el escultor Frédéric Auguste Bartholdi. De la estructura interna se encargó Alexandre Gustave Eiffel (sí, el mismo de la famosa torre). Durante su elaboración fue visitada por grandes personalidades, como el presidente de la República y el escritor Víctor Hugo. La estatua generaba admiración, y prueba de ello es que su cabeza estuvo expuesta en la Exposición Universal de París de 1878:

    Foto: Biblioteca del Congreso de EEUU

    Sin embargo, la financiación de una estatua tan enorme no fue cosa fácil. Tanto en Estados Unidos como en Francia se llevaron a cabo diferentes iniciativas para recaudar fondos. Y de nuevo, entre ellas estaba la de mostrar partes ya terminadas de la estatua al público en general.

    Así, el brazo con la antorcha también estuvo presente en una Exposición, la del Centenario en Filadelfia durante el verano de 1876. Después permaneció hasta 1882 en el Madison Square Park de Nueva York, el centro de la vida social neoyorquina. Allí los visitantes podían pagar 50 centavos por subir al mirador-antorcha, dinero que se emplearía para pagar el ensamblaje de la estatua:

    Conseguida la financiación, los trabajos pudieron completarse. En 1885, la estatua se desmontó en 350 piezas, que viajaron dentro de 214 cajas en barco (de las cuales 36 solo para transportar tuercas, remaches y pernos) hasta Nueva York, donde llegaron el 17 de junio de 1886, y en octubre de 1886 la estatua fue inaugurada en su emplazamiento actual, la Isla de la Libertad junto a la desembocadura del río Hudson.

    Como última curiosidad, la estatua funcionó como faro desde su inauguración y hasta 1902: se instaló un potente generador eléctrico y el haz de luz que emitía era visible hasta a 39 kilómetros de distancia.

  • El cuadro que le costó la separación a Picasso

    El cuadro que le costó la separación a Picasso

    A primera vista, La Lectura parece un cuadro más de Picasso. Pintado en óleo sobre lienzo, utiliza colores vivos para mostrar una joven desnuda, dormida con un libro en su regazo. El cuadro ha salido a subasta en varias ocasiones, la última de ellas por casi 30 millones de euros. Picasso pintó este tierno cuadro entre diciembre de 1931 y enero de 1932, en una época en la que estaba casado con la bailarina Olga Khokhlova.

    Pero este cuadro le costaría el matrimonio.

    En una exposición retrospectiva de Picasso a mediados de los años 30, Khokhlova se quedó mirando atentamente este cuadro. Había algo que no le encajaba. Y de pronto cayó: se dio cuenta de que los rasgos de la mujer retratada no eran los suyos.

    La musa del cuadro era la joven Marie-Thérèse Walter, a la que Picasso había conocido en el metro de París cuando ella apenas tenía 17 años y el pintor contaba con 45, y con la que mantenía una relación en secreto dada la diferencia de edad y el matrimonio del artista. Walter aparecería en otros cuadros de Picasso como El sueño o Desnudo, hojas verdes y busto.

    Tras darse cuenta de que su marido estaba con otra, y más aún cuando Marie-Thérèse se quedó embarazada de una niña llamada Maya, Khokhlova le abandonó y se mudó con su hijo Paulo al sur de Francia. Picasso y ella no llegaron a divorciarse nunca, aunque ya no volvieron a retomar la relación.

  • La Unión Monetaria Latina, el abuelo del euro en 1865

    La Unión Monetaria Latina, el abuelo del euro en 1865

    Si bien podemos decir que el ecu es el padre del euro, realmente no ha sido el primer intento de unir las monedas de diferentes países. En el siglo XIX hubo una intentona que, aunque no acabó bien, sentó las bases: la Unión Monetaria Latina.

    Fue en 1865 cuando Napoleón III, gobernador de Francia, se puso de acuerdo con Bélgica, Italia y Suiza para fijar una equivalencia 1:1 de sus monedas: es decir, un franco francés, un franco belga, un franco suizo y una lira italiana valían lo mismo. No había libre circulación de bienes, pero de esta manera el comercio era más sencillo entre los países.

    ¿Y cómo hicieron esta unificación? A finales del siglo XIX, las monedas aún estaban compuestas por oro y plata, y las normas de la UML marcaban la proporción de cada metal precioso debía contener cada moneda para mantener esta equivalencia, de modo que en todos los países las monedas tuvieran el mismo valor y peso.

    Los países también tuvieron que ponerse de acuerdo en la estructura de sus monedas. Basándose en el franco (que se había inspirado en el dólar estadounidense), cada moneda se dividía en 100 céntimos. Para cumplir las normas de la UML, las monedas en circulación debían ser de 1, 2, 5, 10, 20 y 50 céntimos y de 1, 2, 5, 10, 20, 50 y 100 unidades (eso sí, en cada país se mantenía el nombre e imagen de su moneda).

    España creó la peseta en 1868, y no es casualidad que lo hiciera precisamente en estos años, pues lo hizo para entrar en esta unión. Ese mismo año también entraría Grecia, y en las siguientes décadas lo harían otros como Rumanía, Mónaco, Venezuela, Perú, Chile, Argentina, Austria, Bulgaria, Venezuela, Serbia, Montenegro, San Marino y el Vaticano.

    La UML fracasó por una falta de coordinación superior entre todos los países. Los menos prósperos empezaron a adulterar la proporción de oro y plata de sus monedas, y además las fluctuaciones en el precio del oro y la plata complicaban el equilibrio entre todas las monedas.

    Poco a poco la Unión Monetaria Latina fue cayendo en el olvido, sobre todo con la 1ª Guerra Mundial, hasta que en 1927 fue oficialmente disuelta. España estuvo acuñando sus pesetas siguiendo las normas de la UML hasta 1926, casi el final de su historia.

  • Elisa y Marcela, las dos mujeres que se casaron en 1901 en Galicia

    Elisa y Marcela, las dos mujeres que se casaron en 1901 en Galicia

    Que dos mujeres se conozcan estudiando para ser maestras, se enamoren y se casen, hoy en día no dejaría de ser una historia de amor normal. Pero que lo hicieran en 1901, y el matrimonio fuese por la Iglesia, marca un hito en la historia del matrimonio igualitario, del mismo modo que la primera salida del armario en público, sucedida apenas 40 años antes.

    Marcela Gracia Ibeas y Elisa Sánchez Loriga eran dos jóvenes que se conocieron en la Escuela Normal de Maestras de Coruña mientras ambas estudiaban para ser maestras de educación primaria, una de las pocas profesiones que a finales del siglo XIX podían ejercer las mujeres.

    Aunque sus padres trataron de separarlas al ver que la amistad era algo más enviando a Marcela a Madrid, no hay quien detenga palomas al vuelo y ellas mantuvieron la relación mientras finalizaban los estudios. Finalmente, ambas llegaron a vivir juntas en la localidad gallega de Calo, donde fueron destinadas como profesoras.

    En la primavera de 1901 la pareja de mujeres decide casarse, lo cual era obviamente ilegal en aquella época. Para hacerlo posible, decidieron que Elisa se hiciera pasar por Mario, utilizando la identidad de un primo suyo muerto en un naufragio.

    Según narran periódicos de la época como El País o La Época, Elisa se preocupó de tener todos los papeles en regla con su nueva identidad para que no hubiera objeciones al matrimonio. Consiguió una cédula de identidad (el equivalente en aquella época al DNI) diciendo que había perdido la suya. En aquella época, se exigía el testimonio de una «persona conocida», algo que consiguió.

    También logró ser bautizada como Mario, explicándole al párroco del pueblo que su padre, que residía en Londres, era ateo y por eso no había tenido oportunidad de hacerlo cuando era pequeño. La madrina del bautizo fue una mujer emparentada con su familia, a la que llevaba sin ver desde su infancia. Al parecer, según cuentan los diarios, fue a verla vestida de hombre y le explicó que era el hermano de Elisa y que necesitaba una madrina.

    Con todos los trámites realizados, la boda se ofició el 8 de junio de 1901. Tras la ceremonia, se fueron a almorzar a casa de una amiga y después al estudio de fotografía del Sr. Sellier para tomarse el retrato que durante un tiempo colgaría en el escaparate de la tienda:

    Sin embargo, pronto fueron descubiertas. Cuando Elisa (disfrazada de hombre) fue a la parroquia a recoger el certificado de matrimonio, el cura ya estaba sobre aviso de la «monstruosidad» (sic), y había llamado a un médico para que la inspeccionara y determinara si era hombre o mujer. Elisa logró salir del paso como pudo, pero la pareja tuvo que huir.

    Al parecer, su primer destino fue Oporto, para después huir a América, probablemente Argentina. Y aquí se pierde la pista de las dos primeras mujeres que se casaron en España, cien años antes de la aprobación de la ley que lo permitiría oficialmente. Como detalle curioso nos quedamos con que el acta matrimonial nunca fue anulada, así que siguieron oficialmente casadas hasta su muerte.

  • Así fue la primera salida del armario de la historia

    Así fue la primera salida del armario de la historia

    La de Karl Heinrich Ulrichs fue, probablemente, la primera salida del armario de la historia moderna.

    Desde muy pequeño, este alemán nacido en 1825 se dio cuenta de que le gustaban los chicos en vez de las chicas, como la sociedad le enseñaba. Se graduó en la universidad en historia y teología, y también realizó estudios de derecho.

    En 1862, a la edad de 37 años, decidió contarle a su familia y amigos que era homosexual. En aquella época la palabra ni siquiera existía, así que inventó una propia: urning, palabra basada en la mitología griega que creó para designar a lo que él llamaba el tercer sexo, es decir, los hombres que se sienten atraídos por otros hombres, y que en un inicio él identificaba con tener psique femenina en un cuerpo de hombre. Para las mujeres atraídas por otras mujeres creó la palabra urninde, mientras que las personas heterosexuales eran dioning (hombres) y dioningin (mujeres). Todo esto lo recogió en su obra Estudios sobre el misterio del amor masculino.

    En 1867 Ulrichs fue el primer homosexual en hablar públicamente de su orientación. Lo hizo en el Congreso de Juristas Alemanes de Múnich, el 29 de agosto de 1867. Ulrichs tomó la palabra y pidió a sus colegas que apoyasen una moción que exigiese la derogación del artículo del código penal prusiano que castigaba a los homosexuales. Fue abucheado hasta que tuvo que callar.

    Pero esto no le detuvo. En 1870 publicó Araxes. Llamada a la liberación de la naturaleza del urning de la ley penal. En una época en la que la tendencia general era a pensar que la homosexualidad era un vicio y un pecado, afirmar que era algo natural que no debía ser perseguido era poco menos que revolucionario. Y lo cierto es que, aun hoy, el texto sigue plenamente vigente y podría ser firmado por cualquier asociación LGTB+.

    El urning, también, es una persona. El, también, por lo tanto, tiene derechos inalienables. Su orientación sexual es un derecho establecido por la naturaleza. Los legisladores no tienen ningún derecho a vetar la naturaleza; ningún derecho a perseguir la naturaleza en el curso de su trabajo; ningún derecho a torturar a criaturas vivas que están sujetas a esos impulsos que la naturaleza les dio.
    El urning también es un ciudadano. El, también, tiene derechos civiles; y de acuerdo a esos derechos, el estado tiene ciertos deberes que cumplir también. El estado no tiene el derecho de actuar por capricho o por el placer de la persecución. El estado no está autorizado, como en el pasado, a tratar a los urnings como si estuvieran fuera de la ley.
    Esta claro que los legisladores tienen el derecho a hacer leyes que contengan expresiones del deseo urning, al igual que los legisladores tienen el poder de legislar sobre el comportamiento de todos los ciudadanos. Así, pueden prohibir a los urnings:
    (a) la seducción de menores masculinos;
    (b) la violación de los derechos civiles (por la fuerza, amenaza, abuso de personas inconscientes, etc.);
    (c) la indecencia pública.
    La prohibición de la expresión del deseo sexual, es decir, entre adultos que consienten y en privado, queda fuera de la esfera legal. Cualquier base para la persecución legal es insuficiente en este caso. Los legisladores no pueden hacerlo debido a los derechos humanos y el principio de estado constitucional. El legislador no puede hacerlo por las leyes de la justicia, que impiden aplicar un doble estándar. Mientras que el urning respete los puntos (a), (b), y (c) más arriba, el legislador no podrá prohibir que siga los designios de la ley natural a la que está sujeto.
    Dentro de estos parámetros, el amor urning no es en ningún caso un crimen real. Todos los indicadores faltan. Incluso no es vergonzoso, decadente o malvado, simplemente porque es el cumplimiento de una ley natural. Está reconocido como uno de los múltiples crímenes imaginarios que han plagado los libros de leyes de Europa, para vergüenza de las personas civilizadas. Criminalizarlo parece, por lo tanto, una injusticia perpetrada oficialmente.
    Simplemente porque el urning es desgraciadamente una minoría pequeña, no se puede dañar sus derechos inalienables y sus derechos civiles. La ley de la libertad en el estado constitucional también debe considerar sus minorías.
    Y no importa lo que hayan hecho los legisladores en el pasado, la ley de la libertad no conoce límites.
    Los legisladores deberían abandonar la esperanza de desarraigar el impulso sexual urning en cualquier momento. Incluso las ardientes hogueras en las que quemaron a los urnings en siglos anteriores no pudieron conseguirlo. Incluso amordazarlos y atarlos fue inútil. La batalla contra la naturaleza es una sin visos de victoria. Incluso el gobierno más poderoso, con todos sus medios de coerción que pueda emplear, es demasiado débil contra la naturaleza. Por otra parte, el gobierno puede controlar la batalla. El razonamiento y la consciencia del sentido moral de los mismos urning ofrece al gobierno una cooperación completa hacia ese objetivo.

    Aún tendrían que pasar muchas décadas para que los gobiernos se decidiesen a legalizar las prácticas homosexuales, castigadas en gran parte de Europa hasta pasada la mitad del siglo XX, y no sería hasta principios del siglo XXI cuando se aprobarían leyes como las de matrimonio igualitario que acabasen con la discriminación legislativa (y aun así, contasen con oposición de conservadores con argumentos bastante surrealistas).

    Por ello sorprende pensar que hace 150 años alguien fue tan valiente como para salir a la luz pública a admitir lo que era y exigir su derecho a ser tratado como los demás.

  • Ocho mujeres que fueron pioneras en España

    Ocho mujeres que fueron pioneras en España

    La primera mujer ministra: Federica Montseny (1936)

    En 1936, Montseny se convirtió en la primera mujer en dirigir un ministerio de la historia española. Se trataba del de Sanidad y Asistencia Social. A pesar de que solo estuvo en él 6 meses, se planearon iniciativas pioneras en una España que empezaba su guerra civil como lugares de acogida para la infancia, comedores para embarazadas, liberatorios de prostitución, una lista de profesiones a ejercer por personas con discapacidad y el primer proyecto de Ley del aborto en España; pero apenas ninguna de estas iniciativas pudo llevarse a cabo.

    No volvería a haber otra mujer ministra en España hasta casi medio siglo después: en 1981, cuando Soledad Becerril fue nombrada Ministra de Cultura en el gobierno de Calvo Sotelo.

    La primera mujer estudiante de universidad: Elena Maseras (1872)

    Hasta finales del siglo XIX, las mujeres tenían prohibido ir a la universidad. Algunas, como Concepción Arenal, se habían inscrito como oyentes disfrazadas de hombres. Y tras la autorización del rey Amadeo I para que las mujeres pudieran acudir a las clases, Elena Maseras fue la primera que se inscribió en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona como mujer de pleno derecho, donde el primer día de clase fue recibida entre aplausos de sus compañeros.

    Las primeras diputadas: Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken

    Campoamor (Partido Radical), Kent (Partido Radical Socialista) y Nelken (PSOE) fueron las tres primeras mujeres elegidas diputadas en España tras las elecciones de 1931 en las Cortes Constituyentes de la II República. Lo más curioso es que de hecho ellas mismas no pudieron votar en las elecciones en las que serían elegidas, ya que el sufragio femenino no estaba desarrollado.

    Las tres participaron en los debates para redactar la constitución republicana, siendo muy sonado el debate sobre el derecho al sufragio femenino entre Clara Campoamor (que lo defendía) y Victoria Kent (que estaba en contra). Finalmente, el artículo 36 fue aprobado, pero con bastante división incluso dentro de los partidos.

    La primera presidenta del Gobierno (en funciones): Maria Teresa Fernández de la Vega (2004)

    España nunca ha tenido presidenta del gobierno: los partidos nacionales con mayor representación en el Congreso siempre han llevado hombres como cabezas de lista en las elecciones. Solo UPyD llevó a una mujer (Rosa Díez), pero nunca superaron el 10% del voto.

    Sin embargo, durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, Maria Teresa Fernández de la Vega fue la primera vicepresidenta de un gobierno en España, convirtiéndose en la primera mujer en asumir las tareas de presidencia como Presidenta en funciones durante los viajes oficiales al extranjero del presidente. También fue la primera mujer no monarca en presidir un consejo de ministros.

    La primera locutora en la radio: María Sabater (1924)

    El 14 de noviembre de 1924 comenzaba a emitir EAJ-1, Radio Barcelona, la primera emisora que logró el permiso oficial para iniciar la retransmisión de programación. Y al primera voz que se escuchó en esta emisora fue la de la locutora María Sabater, que dio la bienvenida a los oyentes: «Aquí EAJ-1 de emisiones Radio Barcelona. La estación radiodifusora EAJ-1 de emisiones, Radio Barcelona».

    La primera mujer arquitecta: Matilde Ucelay (1936)

    Matilde Ucelay se licenció en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Madrid, donde había ingresado en 1931, un año antes de lo previsto. En el verano de 1936 se licenció oficialmente, siendo celebrado incluso con un homenaje al que acudió el propio Ministro de Gobernación de la República, también arquitecto.

    Tras la guerra civil fue juzgada por su ideología y se le prohibió ejercer cualquier cargo público y el ejercicio de su profesión durante cinco años. Hasta mediados de los 40 no obtuvo oficialmente el título de licenciada que había conseguido en el 36, por lo que sus proyectos tenían que ser firmados por amigos dispuestos a echarle una mano.

    Entre sus muchos proyectos destaca la casa que construyó para Gloria Fuertes y Phyllis Turnbull en Soto del Real, que se convirtió en todo un punto de encuentro de intelectuales en los años 60 y 70.

  • Corn Flakes, los cereales inventados para evitar la masturbación

    Corn Flakes, los cereales inventados para evitar la masturbación

    John Harvey Kellogg era un médico muy estricto. Seguidor de la religión de los Adventistas del Séptimo Día. Estaba convencido de que gran parte de las enfermedades tenían su origen en el estómago, de modo que su dieta era vegetariana, y evitaba el alcohol, el tabaco y la cafeína.

    Además, era un gran opositor de cualquier tipo de actividad sexual. Nunca consumó su matrimonio con su mujer y dormían en camas separadas. Y por si lo estás pensando, el señor Kellogg también era un enemigo de la masturbación: en un libro sostenía que podía causar hasta 39 enfermedades, entre ellas cáncer, impotencia, enfermedades de la vejiga, epilepsia, desequilibrios mentales y debilidad física, además de corrupción moral.

    A finales del siglo XIX, John Kellogg y su hermano Will trabajaban en el Sanatorio de Battle Creek, un centro que seguía las normas adventistas. Los hermanos Kelloggs consideraban que los alimentos salados o picantes incrementaban la líbido, así que para los pacientes preparaban mucha comida basada en cereales con leche. Un día por casualidad dieron con el proceso para producir copos de maiz, que empezaron a servir a los enfermos como remedio antimasturbatorio.

    El éxito del invento les llevó a producir copos de otros cereales, pero las desavenencias entre los hermanos comenzaron. Will buscaba el lado comercial al asunto, y añadirles azúcar para hacerlos más apetecible al público general. En 1906 fundó la Battle Creek Toasted Corn Flake Company, que años después cambiaría su nombre por el de Kellogg’s, iniciando una disputa con su hermano John que duraría décadas. Como curiosidad, una de las primeras campañas de publicidad de la compañía fue regalar una caja de Corn Flakes a cualquier mujer que guiñase un ojo a su tendero.

    Más de 100 años después, parte del sueño de los Kellogg se ha cumplido: millones de hogares desayunan con sus cereales, aunque mucho nos tememos que su visión de un mundo sin masturbación se antoja imposible.

    Para saber más: Mental Floss | Wikipedia